COLUMNA DE CARLOS GOEDDER |
La "psicoeconomía" del mayor fraude financiero /1
Es la pregunta que hacen los periodistas Gillian Tett y David Gelles, quienes además de Diana Henriques, han conseguido entrevistar al estadounidense Bernard "Bernie" Madoff en prisión.
Un poco de historia y conceptos sobre la estafa perpetrada por el prisionero 61727-054, condenado a 150 años de prisión por fraude y recluido en la cárcel de Butner Medium I. Por cierto, este preso es el encargado de administrar la tienda existente en la penitenciaría.
El 15 de septiembre de 2011 se conmemorarán tres años de la crisis financiera actual, si se toma como hito la quiebra de Lehman Brothers. Ahora bien, el 11 de diciembre de 2008, a escasos meses de ese evento, ocurría la detención de Madoff, responsable por gestionar el mayor esquema Ponzi de la historia, el primero a escala planetaria, con el mayor volumen jamás registrado -65.000 millones de dólares, casi la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano para 2008- y con un rango de víctimas, que incluye perfiles tan disímiles como sofisticados fondos de inversión, fondos de pensión, fundaciones universitarias, el actor Kevin Bacon, la dueña de L'Oreal, un pescador de Hong Kong y un profesor jubilado español.
El nombre "Ponzi" proviene de un estafador establecido en Boston, quien en 1919 urdió la idea, si bien existe el antecedente español del siglo XIX correspondiente a Da. Baldomera Larra, sobre quien hice en su día un trabajo (C.f. www.carlosgoedder.com).
La idea es tan tonta como efectiva: consiste en reunir dinero de gente, de tal forma que el nuevo dinero recaudado supere las cantidades de dinero que exigen los clientes más antiguos por intereses o simple extracción de efectivo.
La diferencia con un banco es que queda sin existir inversión productiva, crediticia o financiera alguna hecha con el dinero que se recibe; lo que hay es una simple rueda de dinero girando sobre sí misma. Mientras el "flujo de caja" funcione y entre más dinero del que sale, todo irá bien. Mas, como agudamente señala la periodista Henriques, este esquema es todo lo contrario a un crimen perfecto. Tiene el final anunciado. Algún día dejará de entrar dinero nuevo o los más que lo han depositado querrán llevárselo.
A Madoff se le apagó la música cuando en diciembre de 2008, por la incipiente crisis financiera global, los inversionistas precisaban efectivo y solicitaron retirar 7.000 millones de dólares invertidos en Bernard L. Madoff Investment Securities LLC. Allí fue cuando acabó un esquema de fraude que habría comenzado en 1992, de acuerdo con Madoff, y que los periodistas dicen que puede rastrearse tan remotamente como 1983.
Desde 2007 Harry Markopolos, el gestor de un fondo de inversión libre -hedge fund- venía denunciando al regulador estadounidense en mercados financieros -la SEC- que Madoff andaba en un fraude al estilo Ponzi.
La SEC inspeccionó a Madoff en ese año y ya lo había hecho en 2005, sin hallar nada.
Además, varios gestores de fondos de inversión visitaron las oficinas de Madoff. Él tenía tres plantas de un edificio alquiladas para sus oficinas. Las plantas 18 y 19 estaban abiertas para cualquier inversionista o inspector; mas la planta 17 solo tenía acceso para Madoff y unos empleados administrativos que ni idea tenían de en qué estaban metidos, según parece. Lo cierto es que había una "cara legal" y, literalmente debajo, un entramado Ponzi.
A los inversores más sofisticados, Madoff les explicaba que usaba un complejo sistema de "caja negra" informático, el cual identificaba oportunidades de arbitraje financiero o les contaba una historia sobre sofisticados esquemas de inversión con derivados.
Los más cayeron en la trampa, confirmándose el adagio de "cuando no los puedas convencer, confúndelos".
Madoff había sido un pionero en la década de 1970 en emplear informática en sus oficinas y en 1990 había presidido el Nasdaq, asociación que estaba precisamente vinculada a gestionar electrónicamente las compraventas de títulos financieros. Así que había prestigio. Aun así, algunos sospecharon, especialmente cuando exigieron hacer una visita al back-office -las oficinas administrativas donde se concilia y formaliza la documentación correspondiente a las transacciones-. Mas, quienes intuyeron "que había algo raro" se quedaron sin compartir la información.
En suma, tres conclusiones iniciales: la supervisión financiera pública y privada parece incluir a mucha gente cándida, engreída o ineficaz; en la SEC ya hay una rotación alta en el personal, lo cual puede ser señal de que pagan mal.
Segundo, la información sobre fraudes financieros es un bien público: quien sospecha de una estafa puede guardarse el dato para sí y dejar que sea otro quien lo denuncie. En consecuencia, se carece de incentivo para develar un crimen financiero.
Por último, una reflexión sobre cómo funcionan los fondos de inversión alternativos: reúnen fondos de gente que en muchos casos creen que están comprando algo seguro y resulta que el responsable fiduciario ante el cliente coloca el dinero en cosas como la compañía de Madoff; los fondos "feeders" -que trasladan sus activos bajo gestión al fondo de un tercero- deberían cumplir la responsabilidad por velar respecto a los intereses y apetito de riesgo correspondientes a sus clientes.
Mas resulta que tenemos, por un lado, sofisticados gestores financieros, responsables fiduciarios de los recursos ajenos, a quienes se puede engañar con argucia, dándoles documentación falsa y explicaciones enrevesadas; y por otra, a ingenuos inversionistas que dan dinero a alguien en acto de confianza y resulta que desconocen dónde acaba realmente su dinero. Luego, hay un problema de reputación y confianza en los mercados financieros y la herida abierta en tal sentido demorará en cicatrizar.
La vertiente psicológica será objeto de la próxima entrega.
carlosurgente@yahoo.es