diccionario de economía
 


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Devaluar es robar
Cuando los gobiernos gastan más de lo que recaudan, se puede terminar en una depreciación de la moneda, que le arrebata a la gente parte del valor de su dinero
Cuando leemos un billete de cualquier procedencia se puede observar una frase que, en teoría, debería brindarnos absoluta confianza y seguridad. Dicha frase seguramente podría estar redactada en el idioma y en la usanza de la nación que emite el título de papel moneda y consiste en una promesa de pago por parte de la institución que lo imprime. 

Por lo general, los billetes son emitidos por órdenes de los bancos centrales, bancos de la república o sistemas de reserva federal y, en todos los casos, cuentan con el "respaldo" de dichas instituciones como garantía de que mantendrán su valor.

Sin embargo y lamentablemente para millones de personas que depositan su confianza en quien imprime el papel moneda, no siempre el dinero conserva su valor. Existe una pavorosa figura denominada devaluación que viene a ser la aceptación explícita por parte de quien emite el dinero de que este ya no tiene el mismo peso que antes.

Una devaluación viene a ser entonces la consumación de un acontecimiento que nunca debería ocurrir, es decir, de forma unilateral su deudor decide entregarle una cantidad de valor que será menor a la previamente prometida y usted no tendrá forma ni manera de protestar o reclamar.

En sentido figurado, le están sacando dinero de su bolsillo que seguramente usted produjo con gran esfuerzo y sacrificio. Le están quitando parte del fruto de su trabajo en forma inconsulta, injusta y desproporcionada y, claro está, sin que usted lo haya autorizado. En lenguaje coloquial, le están robando.

¿Por qué ocurren las devaluaciones?

Las devaluaciones suceden porque sencillamente los Estados gastan más dinero del que recogen por impuestos o por otros ingresos. En muchos casos esos gastos no se desembolsan a cambio de trabajo o esfuerzo, sino que son más bien dádivas populistas repartidas a diestra y siniestra. Ese gasto adicional, al no ser sacado del torrente monetario en circulación, mantiene su presión sobre las reservas internacionales y la estructura de precios. 

Dicha presión va aumentando poco a poco hasta que se hace incontenible y el dique revienta.

Es así como de un día para otro, algún funcionario público que seguramente habría negado hasta el día anterior cualquier posibilidad de un ajuste en el valor de la moneda sale con su cara lavada a declarar en forma ceremoniosa y solemne, pero seguramente llena de hipocresía y cinismo, que ante la compleja situación (seguramente provocada por el gobierno al cual pertenece), no queda más remedio que "ajustar" el tipo de cambio.

A continuación culpará a cualquier cantidad de entidades o personas -del país o del extranjero- con poca o ninguna responsabilidad en las políticas que propiciaron la devaluación. Si no tiene a nadie a quien culpar, justificará la devaluación como un ajuste "necesario" para aumentar la "competitividad" del país. 

Finalmente tan infausto -por no decir pavoso- personaje indicará el nuevo tipo de cambio, es decir, el ciudadano podrá conocer la proporción del fruto de su esfuerzo que el Estado todopoderoso le acaba de confiscar.

Antecedentes

En el ámbito internacional y nacional, sobran los ejemplos de devaluaciones devastadoras. Para comenzar con el mundo antiguo, vale mencionar la perpetrada por el emperador romano Caracalla, quien además de incrementar las campañas bélicas, decidió emprender un conjunto de obras descomunales dentro de la ciudad. Para poder sufragar el oneroso gasto, se inclinó por quitarles plata a las monedas en circulación. 

Hasta Caracalla, el denario contenía 75 % de plata, luego de su gobierno pasó a contener únicamente 50%, es decir, le voló un tercio al valor de la moneda en circulación. Claro está, esa devaluación fue el inicio de un proceso inflacionario sostenido que aceleró la caída del imperio.

La hiperinflación acaecida en la Alemania de los años 20 del siglo pasado es una de las más representativas de la historia, pues dio inicio al proceso político que trajo al nazismo al poder y, en consecuencia, la Segunda Guerra Mundial. El proceso inflacionario de la República del Weimar arrancó precisamente en ciclos de devaluación y expansión monetaria.

En Venezuela, podemos hablar de varias devaluaciones de consideración. La primera ocurrió en 1929, cuando Gómez devaluó el bolívar a 3,90 por dólar, anteriormente se cotizaba a la par. Sin embargo, la crisis del 29 hizo que la demanda de petróleo cayera y le quitara el piso a la moneda local.

Ocho años después, el bolívar ganó fuerza y se cotizó en 3,35 por dólar, tipo de cambio que se mantuvo hasta 1961 cuando el presidente Betancourt debió devaluar la moneda a 4,50 ante el considerable déficit dejado por la política populista de su antecesor Wolf-gang Larrazábal.

En 1971, el bolívar ganó fuerza y pasó de 4,50 a 4,40 y posteriormente al tan recordado 4,30. Quizás la devaluación más recordada en la historia reciente del país es la ocurrida a finales del gobierno de Luis Herrera, denominada el "Viernes Negro", la cual acabó con los días del tipo de cambio fijo y con la disponibilidad abundante y segura de divisas para los ciudadanos venezolanos.

La descripción al inicio de este artículo, encaja perfectamente con las declaraciones de los funcionarios con anterioridad y posterioridad al 18 de febrero de 1983. Hasta el último día previo al ajuste cambiario, el presidente del Banco Central de Venezuela Leopoldo Díaz Bruzual, negó la posibilidad de una devaluación de la moneda.

A comienzos de 1989 se produjo quizás la devaluación más cuantiosa en la historia del país, que triplicó el precio del dólar. En 1994, 95 y 96, el bolívar pierde un 75 % de su importe frente al dólar y, claro está, las devaluaciones no desaparecieron con el cambio de gobierno. Desde 1998, el bolívar se ha mermado en más del 80%.

Sin duda, más que incrementar la competitividad, las devaluaciones han traído inflación y pobreza. Esperemos que algún día ese fenómeno que tanto nos afecta deje de producirse en el país.

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