diccionario de economía
 


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Finanzas personales y valores
Tanto quienes se lucran de la corrupción como quienes los rodean más que ricos son inmensamente miserables y aborrecibles. Estamos obligados a darles la espalda.
Queremos empezar por reconocer que en nuestra sociedad las riquezas súbitas y producto de actos de corrupción, que en nada tienen que ver con los valores personales, son comunes desde los tiempos de la Colonia. 

Sin embargo, esas fortunas amasadas gracias a trabas administrativas, prebendas, contrabando, uso de información privilegiada o actos ilegales realizados ante la vista gorda de funcionarios públicos objetos de sobornos, no solamente hacen daño a la sociedad pues deterioran y hasta pudren sus cimientos, sino que además generan miseria para grandes sectores de la población, los cuales terminan pagando los altísimos costos de las ineficiencias y los peajes y las vagabunderías impuestas por funcionarios que terminan enriqueciéndose de la noche a la mañana. 

Amigo lector, esas riquezas rodeadas de mares de pobreza e ignorancia son terriblemente perjudiciales y siempre se rodean de ostentación, mal gusto, ignorancia, ordinariez y aduladores.

A decir verdad, tanto quienes se lucran de la corrupción como quienes los rodean más que ricos son inmensamente miserables y aborrecibles y como ciudadanos estamos obligados a darles la espalda de la manera más firme. Son personas que no merecen el respeto de nadie.

Por eso, si observa que repentinamente un familiar, vecino o conocido comienza repentinamente a hacerse de objetos de valor y a ostentar un nivel de vida demasiado alto sin que eso se explique en el desarrollo de algún exitoso concepto de negocios o una labor profesional de alta calidad, lo recomendable es quitarle el trato a esta persona. Pues se trata de un individuo muy nocivo para la sociedad, siéntase con el derecho de indagar la verdad, censurarlo y divulgar la condición.

Por otra parte, la verdadera riqueza que sí representa beneficios no solamente para quien la detenta sino para el entorno que le rodea, es la que se fundamenta en valores. Las personas que tienen claras sus prioridades y que saben mantenerse dentro de sus principios, son mucho más proclives a conseguir la estabilidad y la seguridad financiera. 

Es entonces como el camino a la auténtica fortuna no se construye con actos inmorales sino más bien que es el producto de numerosas actividades que implican esfuerzo sostenido, y claro está, altos valores personales. Es así como queremos describir algunos de los valores que efectivamente conducen a la prosperidad. 

Dichos valores no son milagrosos, pero son modelos a seguir, que a la larga terminan cambiando para bien la vida de las personas.

Tener prioridades claras

A la hora de gastar, no todo es igualmente prioritario, los lujos, las fiestas y la cursilería, deben ocupar los últimos lugares de la lista y simplemente deben ser temas ignorados hasta tanto sus necesidades más prioritarias estén cubiertas, ¿y cuáles son esas necesidades prioritarias? La salud, es decir, el acceso a atención médica preventiva y curativa de calidad, actualizada y con los más altos estándares, la alimentación sana y balanceada, una educación que le abra puertas y posibilidades inmensas a sus hijos, una vivienda segura ante fenómenos naturales, los momentos de calidad con su familia, la actividad física para mantener la salud. 

Dentro de estas prioridades, no está ni la ropa de marca, ni equipos de sonido y video ni mucho menos costosos vehículos o camionetas. En nuestra modesta opinión, el cubrir primero las verdaderas necesidades acerca a la riqueza, pero el dedicar importantes partes de su presupuesto a lujos innecesarios, nos aleja de la seguridad financiera y por ende de la prosperidad.

El ahorro como valor

El ahorro se define como la postergación del consumo. En palabras sencillas, si usted cuenta con un ingreso que no necesita por los momentos, lo recomendable es postergar ese consumo para momentos en los que sus ingresos no le alcancen. Ese es sin duda un valor prioritario que debe trasmitirse a su familia y solamente se enseña con el ejemplo de frugalidad. Ser frugal implica saber acomodarse con lo que necesita y tener un mínimo de desperdicio.

Vivir para uno y no para los demás

La presión social existe y muchas personas sucumben ante ella. Mi sugerencia ante la presión social es ver qué hay detrás de ella. Cuando profesionales de la psicología desmontan temas como la presión por obtener bienes costosos para lucirlos ante los demás, en general concluyen que detrás de esas actitudes hay condiciones de baja autoestima y falta de afecto. 

Es decir, quienes se desviven por tener objetos de lujo o presentar a los demás una imagen de éxito fundamentada más que en logros en la ostentación de bienes costosos, en realidad carecen de autoestima, se sienten inseguros y terminan adquiriendo porquerías caras para blandírselas a los demás y así tener momentos de reconocimiento y en consecuencia de seguridad. 

Quiérase entonces y comience a vivir para usted, ese es un valor fundamental que conduce a la prosperidad, pues le quitará el peso de los enormes compromisos financieros para adquirir camionetas, teléfonos, acciones de clubes, prendas costosas, etc. 

Además, esa actitud le dejará disfrutar de lo que realmente desea y no de cómo quiere que los demás lo vean.
La familia como principio fundamental

Dentro de nuestro orden social, la familia es la célula fundamental, observamos que el impulsar y ayudar a nuestros familiares cercanos, termina por revertirse a nuestro favor pues claramente fortalece nuestros nexos y logra que comencemos a estar rodeados de gente cada vez más capaz, segura y próspera, dispuesta a apoyarnos y a acometer proyectos con nosotros. 

Es decir, el apoyo a la familia genera un círculo virtuoso donde todos ganan.

Tradiciones que construyen riqueza

Tradiciones familiares que van desde las reuniones periódicas de la familia ampliada, hasta la gastronomía tradicional, son parte de nuestra identidad que significa riqueza cultural. El mantenerlas implica sostenernos sobre valores muchas veces centenarios o milenarios que siempre apuntan hacia el apoyo mutuo, el compartir y el brindar oportunidades.

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