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La deuda como herramienta financiera
La deuda es de hecho una excelente herramienta en finanzas, sin embargo, mal usada, puede convertirse en una amenaza para sus finanzas personales, por eso, debemos hacer un análisis a conciencia antes de tomar cualquier decisión en cuanto a usar dinero que no es nuestro.
Sin duda,  hay un conjunto de ventajas y de desventajas que trataremos de analizar a continuación.

Ventajas
El pago de las acreencias pasadas hace la reputación comercial de una persona, y el gozar de un buen historial crediticio da acceso a más facilidades en el futuro -más crédito, tasas menores y tal vez plazos más largos, con menores exigencias de garantías, fianzas y colaterales- y eso es algo muy positivo.  De hecho, el gozar de crédito, de buenas alternativas de financiamiento, representa algo de valor, y mucho, para el individuo. Es un activo reproductivo, o sea, un capital. Tener acceso a alternativas de financiamiento o de crédito para poder adelantar el consumo o la toma de una decisión financiera, gracias a la confianza que otros individuos tienen en nosotros, nos otorga una ventaja importante.

Luego, el cuidar el crédito personal es una necesidad prioritaria. En otras palabras, una persona inteligente y que quiera sobrevivir en el mundo financiero, debe tener entre sus principios el cuidar su crédito, cancelando las acreencias pendientes antes que prescriban. Si una persona logra mantener sus deudas al día, va a gozar de la confianza de otros participantes en el medio económico, y de algo que incrementa su poder de negociación o de tomar decisiones en finanzas: el crédito.

Puntos a considerar
Ahora bien, cuando uno decide endeudarse -pedir prestado o comprar un artículo a crédito-, tiene que observar varios elementos:
1 Propósito: ¿para qué deudas? Es decir, ¿cuál es el fin de pedir algo prestado? ¿para qué voy a usarlo? Esto es muy subjetivo y personal, porque tenemos propósitos que van desde el consumo inmediato de un bien -por ejemplo el pago de una comida o de una ropa, o de cualquier objeto de consumo mediante tarjeta de crédito-, hasta financiar un bien durable o un proyecto de inversión. Pero el propósito debe ser el primer paso del análisis en la toma de decisión: para qué necesito el dinero. Algunas preguntas son: ¿necesito el dinero? ¿es imprescindible? ¿estoy seguro? ¿tengo un propósito claro? ¿se justifica?   Lo que nos lleva a ...

2 El segundo elemento dentro de este conjunto de parámetros que vamos a evaluar es más objetivo: ¿cuánto me cuesta este dinero? Es decir, ¿cuál es el interés que debo pagar? ¿se trata de un interés o de un costo justificado, "favorable"? ¿voy a poder pagarlo en todo caso? ¿es razonablemente previsible?  ¿voy a tener un flujo de ingresos en el futuro que me permitirá afrontar esta deuda? Eso es lo que se llama "capacidad de endeudamiento", el cual como regla debería constituir el límite infranqueable para el crédito.

3 Además, un tercer punto es: ¿puedo conseguir el dinero más barato? Si lo puedo conseguir más barato, entonces la decisión es obvia, me voy por otro camino. Si no, este es mi precio mínimo, y probablemente valga la pena, según y conforme el valor que yo atribuya al propósito.

4 Un cuarto elemento: ¿tengo dinero mío propio disponible? Y si dispongo de él, ¿vale más la pena tomar prestado o utilizar mi capital?

Después de evaluar esos puntos es cuando se debe tomar la decisión. Un ejemplo: tengo el dinero, pero ¿voy a pedir prestado para una comida en un restaurante? Supongamos que la comida nos cuesta 50 unidades monetarias. En lugar de pagar con efectivo, ¿usamos una tarjeta de crédito? Veamos. 

* Lo primero, el propósito, la comida, bueno, ya nos dimos el gusto. 
* Segundo, el financiamiento, ¿cuánto cuesta? Probablemente nada, si sabemos usar bien nuestras tarjetas -lo que discutiremos más abajo- y asumiendo que podremos pagar tarjetas. 
* Tercero, ¿hay alternativa más barata? Si disponemos de varias tarjetas de crédito, deberíamos seleccionar aquella cuya fecha de pago se encuentre más alejada de la fecha del consumo o con fecha de corte pasado más reciente.
* El cuarto elemento, ¿disponemos del efectivo? Probablemente sí, y podríamos utilizarlo, pero a un cierto costo de oportunidad: se puede colocar las 50 unidades en una cuenta de ahorros o a plazo fijo y ganar intereses. En cambio, de usar la tarjeta estaríamos utilizando parte de las facilidades crediticias concedidas, a las cuales tenemos acceso. Si los eventuales intereses a cobrar son mayores que el costo de usar una tarjeta, la decisión es: ¡Pedir prestado!

Veamos algo más grande: un vehículo. El propósito: adquirir el vehículo; ¿realmente lo necesito? Y después, ¿dispongo del dinero? Supongamos que tengo parte del precio, no lo tengo completo; asumiendo una corriente de ingresos continuos más o menos seguros en el futuro, debo examinar el costo del dinero prestado. 

Si es o no menor que algún parámetro contra el cual lo quiera evaluar, como por ejemplo la inflación, o el incremento del precio del vehículo menos su pérdida de valor o depreciación, a precios constantes (descontada la pérdida de valor del dinero). Si me cuesta menos, sería magnífico, entonces ¡tomamos la decisión de pedir prestado! Porque estamos adquiriendo un bien que se va a revalorizar más de lo que se desvalorice.

 Pero, ¡OJO! Si el incremento del precio de ese vehículo no es tanto como el interés que vamos a pagar por financiamiento, entonces tendríamos que evaluar otros factores, como la ventaja que me da tener ese vehículo, incluyendo el costo alternativo de transportarse por otro medio, y considerando el valor y la importancia que le demos a tener ese vehículo presentable. Esos son elementos a tomar en consideración cuando se pide prestado, y con el peso de cada uno, lo que se llama "ponderación" de cada factor.


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