diccionario de economía
 


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Menos Misses y más Mises
La vanidad nos empobrece. El gasto excesivo en apariencia personal merma los recursos disponibles para la superación y la estabilidad personal y financiera
Los certámenes de belleza promocionan, sin duda, los ideales de mujer (o de hombre). Con una estética bastante añeja y fuera de lugar, los concursos de Misses pasaron de moda en el resto del mundo a finales de la década del 80. 

El fortalecimiento del concepto de las top models, la mayor participación de la mujer en la vida profesional y el cambio en los gustos de las audiencias televisivas han recortado, cada vez más, la participación dentro del mercado de entretenimiento de este concepto.

La pérdida de popularidad de los concursos de belleza ocurre en todo el mundo, salvo en un puñado de países, encabezados, claro está, por Venezuela.

En el país se sigue ejerciendo un absurdo culto a la vanidad y la popularidad no solamente con los reinados de belleza, sino con todos los sectores de la industria que se relacionan con la estética.

Cirugías plásticas, inyecciones de sustancias, liposucciones, tratamientos, gimnasios, salones de belleza, artículos de cuidado personal y tiendas de moda tienen gigantescos nichos de mercado. Y eso no sería el problema, pues de seguro dan empleo y crean oportunidades. El inconveniente consiste en que quienes hacen el gasto muchas veces limitan otros estipendios que podrían ser de mayor relevancia o llenar necesidades más básicas y menos suntuarias como, por ejemplo, educación y superación personal, capacitación, salud, alimentación de calidad o vivienda segura, higiénica y confortable.

En otras palabras, el exceso de gasto en temas de apariencia personal puede que desvíe a muchos de objetivos tan importantes como su propia superación o su estabilidad personal y financiera.

Establecimiento de prioridades

¿La gran pregunta es, ahora, en qué nivel de prioridad colocamos el tema de la apariencia y el cuidado personal? Si bien es claro que no puede tratarse como un rubro de primera importancia, tampoco hacemos campaña para que usted, querido lector, elimine definitivamente el asunto de su presupuesto. Lo recomendable es que analice con claridad cuánto dinero le dedica al tema y si realmente está bien utilizado o si se pueden obtener los mismos resultados con menores desembolsos.

Otro asunto de relevancia es dejar de considerar que la aceptación de su persona en determinados círculos sociales depende de su presencia o de su inversión en estética. De ser así, es probable que usted se encuentre rodeado de individuos cuya prioridad se orienta a la imagen, y para quienes la forma priva sobre el fondo. Posiblemente, esa no sea la mejor compañía.

Finalmente, es importante tomar en cuenta que mucho de lo que realmente se termina exponiendo, con el culto a temas como la transformación personal a través de costosos tratamientos estéticos, tiene que ver con un tema de inconformidad individual o de percepción de inferioridad.

Para dar una respuesta a esas apreciaciones, no siempre acertadas, nuestra recomendación es que empiece a pensar que usted es mucho más de lo que viste o de cómo se ve, que usted es ante todo un ser pensante con enorme potencial y capaz de destacar y de triunfar sobre la mediocridad por sus acciones y logros y no por su apariencia.

Un poquito de Mises

¿Y qué tiene que ver Ludwig Von Mises con las Misses? El asunto es mucho más sencillo de lo que parece. El hacer un gasto excesivo en temas superfluos reduce significativamente la cantidad de recursos que podemos tener a nuestro alcance y, en consecuencia, nuestra libertad individual. Es decir, nos esclaviza y hace que terminemos derivando en el Estado parte de nuestras necesidades prioritarias e insuficiencias acarreadas por gastos que deberían estar en un segundo plano.

En consecuencia, quienes manejen el Estado tendrán excelentes mecanismos de presión para que las personas continúen dependiendo de este y se favorezcan políticas populistas y empobrecedoras, repitiendo y repitiendo el ciclo, hasta tener una sociedad de pobres súbditos y no de ciudadanos libres y con capacidad de presionar y obligar al Estado a tomar decisiones que realmente beneficien a la población.

Parte de la responsabilidad de lo que hoy vivimos la tiene la inversión de valores.

Teoría del ciclo económico

Otra perspectiva muy interesante de Von Mises, que nos ayuda a comprender la crisis que hoy vive nuestro país, plantea el hecho de que políticas monetarias y fiscales como las actuales, que incentivan que la gente consuma, llevan a estimular las actividades especulativas y de poco valor agregado, entre ellas, las relacionadas con la estética y todo lo que rodea a las Misses, por encima de sectores de la economía realmente productivos y generadores de riqueza. Además, el exceso de dinero sin respaldo alguno crea una ineludible espiral inflacionaria.

Si comprendemos eso, advertiremos que la irresponsabilidad de un Estado que mantiene altos gastos y bajos intereses termina por empobrecernos a todos.

El ignorar las teorías de tan sabio economista nos conduce a ser ciudadanos menos conscientes y a tener que soportar crisis y colapsos como el que vivimos.

El cálculo

Von Mises nos enseña que si un Estado se encarga de fijar precios arbitrariamente, pondrá a los actores económicos de un país a tomar decisiones que van en contra del uso más eficiente de los recursos, consumiendo más de lo que esté regulado por debajo de un precio de mercado y claramente produciendo menos.

Eso nos lleva a situaciones como la actual en la que los productos controlados por debajo de lo que sería su precio de mercado se vuelven escasos y todo termina en un proceso especulativo, en el cual quienes tengan la ventaja del acceso a la información y a la producción se harán ricos, en detrimento de toda la población.

En conclusión, consideramos que sería sumamente positivo que nuestra población y, sobre todo, nuestra juventud aprenda más sobre Mises y deje de interesarse tanto en las Misses. Ahí le dejo el reto al famoso profesor Briceño para que les enseñe un poquito de Mises a las Misses.

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