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Ni con ellas, ni sin ellas
Las tarjetas de crédito tienen una gran ventaja: el obtenerlas le brinda la posibilidad de entrar en el mundo del crédito y el financiamiento. Para la mayoría de las personas de hoy, las tarjetas constituyen la puerta al endeudamiento, lo cual puede ser una bendición ... o un calvario.
Las tarjetas son armas de doble filo. Porque suelen ser los instrumentos más costosos del mercado financiero. Porque desde el punto de vista del banco, prestar dinero a través de este instrumento es más riesgoso que hacerlo sobre un bien: un vehículo, una vivienda, o prestarle a una empresa sobre la garantía de unos activos. Por ese motivo, a cambio de más riesgo, el banco va a exigir más beneficio. Ese beneficio adicional se cobra, en dinero, en tasas superiores para las tarjetas de crédito. 

Por otro lado, las tarjetas abren muchas puertas, hay muchos locales donde ni siquiera se puede entrar si no tiene una tarjeta de crédito: hoteles, agencias de alquiler de vehículos, resorts turísticos, etc., son lugares donde las personas no son elegibles como cliente si no gozan de esa facilidad. Entre otras razones, porque sus dueños asumen que si la persona no goza de la confianza de un banco, tampoco merece la suya.

¿Cómo usar las tarjetas? El primer pequeño gran consejo: no financiarse. Utilizar la tarjeta sólo como medio de pago y no de crédito. Emplearla hasta el punto en el cual uno sepa que va a ser capaz de hacer el pago total el día del vencimiento, y llevarla nuevamente a cero. ¿Por qué? Porque es el financiamiento más costoso del mercado, bastantes puntos porcentuales por encima de otras alternativas. 

Además, las tarjetas se usan para bienes de consumo inmediato, y es muy posible que cuando vayamos a pagarla, el bien por el cual causamos el pago ya haya sido totalmente aprovechado, o no exista, o exista depreciado, convertido en una parte ínfima de su valor. ¿Es racional estar aún debiendo algo que ya usé y gasté hace tiempo?

Otra pregunta importante: ¿cuándo pagar? Hay que pagar las tarjetas siempre antes de su vencimiento. Si Ud. sigue esta sencilla, pero importante regla, evitará el endeudamiento crónico a tasas elevadísimas, mal que aqueja a muchas personas que viven "entarjetadas", consumiendo al crédito más caro del mercado, por lo general pagando consumos de uno, dos y hasta tres meses atrás. Es decir: trabajando en el presente para pagar el gasto del pasado.

Pero debe pagar el último día antes de su vencimiento y no antes. Porque el dinero vale más hoy que mañana. ¡Eso sí! nunca después, porque si paga después, o cancela sólo una parte sin hacer el pago total, correspondería pagar la totalidad de los intereses, y no vale la pena.

¿Cuándo usarlas? Es preferible hacerlo justo en la fecha posterior a la de corte. Supongamos que la tarjeta tiene fecha de corte el día 5 de cada mes. Conviene usarla el día 6, 7 u 8, así la tarjeta no se va a volver a cortar hasta el 5 del mes siguiente. Se obtienen 29 días antes del vencimiento. A esto se suman los 30 ó 25 días que da el banco para pagar esta factura después de la fecha de corte o vencimiento. De este modo estaríamos ganándole prácticamente 2 meses por adelante a la tarjetas de crédito. Eso está muy bien: posponemos un pago, y si tenemos ese dinero, podemos invertirlo mejor o ganar intereses.

¿No es esto algo nimio? Quizás no se note con transacciones pequeñas, pero los usuarios frecuentes y/o con montos considerables podrían obtener en el largo plazo un capital por ese dinero, invertido en otra parte, en lugar de ser usado para pagar tarjetas a destiempo. Si hay, por ejemplo, un consumo promedio de 1.000 unidades monetarias al año, y 45 días de financiamiento gratuito, suponiendo un rendimiento de 20% anual en nuestras inversiones, al cabo de un año habríamos obtenido 300 unidades monetarias: 20% x 1000 x 45 / 30 = 300.

¿Deben usarse siempre en lugar de efectivo? ¡Por supuesto que sí! siempre y cuando aplique las reglas: no se financie y haga el pago total el día del vencimiento de la tarjeta. Y siempre que el comercio no aplique recargo o exista alguna diferencia entre el precio que usted paga con la tarjeta y el de efectivo. Es decir, si existe, por ejemplo, algún tipo de oferta o rebaja del precio, que no aplique si el pago es con tarjeta, debería evaluar el descuento que representa esa diferencia. Si el descuento es mayor al dinero que usted puede obtener por colocar el mismo monto en intereses desde el día del consumo hasta el día de pago de la tarjeta, entonces no debería utilizar la tarjeta y pagar en efectivo.

Otro punto a evaluar es: ¿debo tener varias tarjetas? Sí, siempre y cuando:

1) las pueda administrar;

2) tenga la seguridad de poder seguirlas usando sin excederse de su capacidad real de pago en el corto plazo, y;

3) tome en consideración los costos anuales de emisión de las tarjetas.

Recuerde ¡Si las tasas son muy altas, no se financie con tarjetas!
Las tarjetas de crédito son una de las trampas que nos pone la sociedad contemporánea, y uno de los monstruos que podrían acabar con nuestra supervivencia. Caer en esa trampa podría convertirnos en eternos pagadores de intereses, y los intereses van abriendo cada vez más el boquete de la trampa, como arena movediza: salir será cada vez más difícil. Si no se tiene el dinero para pagar un bien, que no es de primordial necesidad, lo adecuado es pensar seriamente en abstenerse del consumo, y esperar a tener el dinero. Una de las normas generales en finanzas, y en la vida, arroparse hasta donde llegue la cobija: ¡es una norma de absoluto sentido común! Se llama "vivir medido" (en los gastos).

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