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Ni limosnas, ni propinas, ni buhoneros
Justo después de que se supieron los resultados de la elección del 7 de octubre, pudieron observarse en las redes sociales una serie de llamados a una particular forma de "castigar" a supuestas personas de los sectores populares que habrían apoyado al bando oficialista.
La forma sugerida de castigo era el  de no dar más limosnas, tampoco otorgar propinas ni comprar objeto alguno a los buhoneros, y claro está, esa decisión buscaba desmejorar las condiciones de vida de los receptores de limosnas o propinas y privar a los comerciantes ambulantes de sus ventas.
 
En realidad, si bien la actitud responde a una molestia de carácter político y a una especie de vendetta contra personas que presumiblemente podrían simpatizar con quienes detentan el poder político, queremos ir más allá de la lucha política y comprender qué tan positivo o negativo para el individuo y para el país puede resultar esa actitud que luce en principio impulsiva  y rencorosa, es así que debemos analizar las consecuencias de estas decisiones sobre la sociedad.

Queremos dejar claro que no simpatizamos con ninguna actitud extremista ni vengativa y más bien nos interesa observar cuáles podrían ser los resultados tanto para sus finanzas personales como para la colectividad en general, que se derivan de tomar la firme decisión de no dar propinas ni limosnas y de dejar de adquirir productos a los vendedores informales.

La limosna

En primer lugar, hay que separar a la limosna que se entrega para el sostenimiento de grupos religiosos o las contribuciones a las organizaciones no gubernamentales, de la limosna que se da en la calle para apoyar a alguna persona supuestamente en necesidad. En el primer caso, se trata de una decisión que conduce a llenar una necesidad espiritual o benéfica y que en muchas oportunidades culmina en verdaderas obras sociales en favor de las comunidades, cuando ayudamos a un diligente, no siempre vamos a estar informados de a dónde va nuestro dinero.

Se pueden dar muchísimos ejemplos de mendigos que lo que buscan es manipular a las demás personas a través de sentimientos como la piedad y la lástima, recuerdo hace años, frente a un lugar de trabajo, a una mendiga que se hacía la desvalida llevando un bebé de meses al cual sometía a la intemperie durante días enteros. Resulta que un día se le acercó una persona a ofrecerle empleo y la respuesta fue "no gracias, así estoy mejor". Luego nos enteramos por medio de vecinos de su barrio que la señora pedía prestados  o alquilaba a los bebés.
 
Ejemplos como los de quienes utilizan niños pequeños para vender flores o calcomanías, sobran. La mendicidad en vez de resolver un problema de pobreza,  lo perpetúa, pues si algunos vivos observan que mendigar resulta rentable, copiarán modelos y fingirán ser  alguna forma de menesterosos. El problema no es ayudar al necesitado sino más bien que la gran mayoría de los necesitados resuelva sus problemas trabajando, y para el resto, con incapacidades y limitaciones, deben estar las organizaciones, privadas o del Estado, a cargo de ofrecerles programas sociales bien organizados. Si el Estado no es capaz de mejorar ese problema, entonces la sociedad está obligada a reclamarlo.
Si usted desea ayudar realmente al prójimo, hay dos formas que realmente impactan y mejoran a la sociedad, la primera es dando educación para lograr que las personas se valgan por sí mismas, y la segunda es abriéndoles las puertas del mercado laboral, es decir, ofreciendo empleos de calidad. Las dádivas en el fondo terminan por perpetuar la miseria.

La propina

Vamos a comenzar por las propinas forzadas, uno de los ejemplos más abundantes en nuestras ciudades es el de los cuidadores de carros. Los supuestos cuidadores no son sino chantajistas que debemos evitar. Recuerde amigo lector, operan en zonas públicas que en realidad nos pertenecen a todos, no ofrecen seguridad alguna y, lo que es peor, son capaces de hacerle daños a su vehículo en caso de no entregarles propina. Este tipo de actividades debe ser sin duda prevenida por las autoridades. Mi recomendación es que si visita por única vez a un lugar determinado, acepte las condiciones cuando se estacione y luego, cuando le toque salir, "hágase el loco" con la propina. Si le toca en un lugar frecuente trate de buscar otras alternativas, y en última instancia, si decide no dar propinas y le hacen algún daño a su vehículo, denúncielo a las autoridades y a las empresas de seguro. Haga que la opinión pública conozca el caso. Lamentablemente nuestra sociedad tiene muchas zonas secuestradas y algunas en municipios supuestamente democráticos.

Están también las propinas en los restaurantes, la mayoría de los establecimientos establece un porcentaje por servicios, entonces, no se sienta obligado a aportar más, lamentablemente nos han quitado la posibilidad de premiar el trabajo y de limitarnos cuando estamos insatisfechos. Más bien, nuestro deber es exigir un buen servicio pues lo estamos pagando.

Nuestra sugerencia respecto a ls propinas es pagar por el trabajo no por el chantaje o por la obligación, y eso aplica a cualquier clase de servicio. Eso sí, si paga una tarifa por un servicio, no pague más.

Los buhoneros

La existencia de  vendedores ambulantes es consecuencia de múltiples errores en políticas públicas, para algunas personas es la posibilidad de obtener ingresos sin necesidad de formalizarse, cuando formalizarse es imposible. Lo malo es que muchos buhoneros ocupan ilegalmente zonas públicas sobornando a las autoridades de turno, en otros casos forman parte de mafias que sacan productos de las redes formales y los venden a precios más elevados en la calle, enriqueciendo a grupos de corruptos. Ayudar a la perversión le empobrece.

En conclusión, las limosnas, las propinas y las compras en buhoneros son nocivas para la sociedad, y al evitar realizarlas genera un impacto positivo para la sociedad. Así que no es ni mala idea hacerle caso a la recomendación de no dar limosnas ni propinas y no comprarles ni agua a los vendedores ambulantes.

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