diccionario de economía
 


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No me defiendas, compadre
Las personas que pretenden protegernos, en ocasiones, terminan por perjudicarnos. Muchas leyes laborales son impuestas por personas que jamás han sido obreros.
Cuando evocamos el título de este clásico del cine latinoamericano protagonizado por Tin Tan, queremos expresar que, en muchas oportunidades, personas que pretenden ponerse de nuestro lado terminan por hacernos mucho más daño que bien, a veces sin pretenderlo y, en otras oportunidades, quizás con toda la mala intención. Nuestros presuntos aliados o los políticos que pretenden defender nuestros derechos terminan por causarnos tremendos perjuicios. Específicamente, en temas laborales, muchas de las leyes impuestas por personas que jamás han sido empleados u obreros y ni siquiera empleadores terminan por perjudicar a empleados y empleadores y, lo que es peor, hacer severos daños a la sociedad en su conjunto. Algunos ejemplos.

Salarios mínimos

Nada más defendido por políticos supuestamente humanistas que el salario mínimo, según ellos, de no haber salario mínimo, la gente recibiría salarios de hambre, mucho menores a lo que se paga.

Los tradicionales oradores consideran que el salario mínimo es una justa reivindicación al trabajador que deja en la empresa años de vida y esfuerzo, que seguramente terminarían en los bolsillos de los patronos a cambio de miserables remuneraciones, inferiores a lo que las autoridades puedan establecer. 

Sin embargo, dicha argumentación tiene varios vacíos, por ejemplo, una vez fijado el salario mínimo, las empresas no podrán contratar a nadie por menos dinero, y si el salario mínimo es superior a la productividad de un empleado u obrero, muchas personas quedarán fuera del ambiente laboral ya sea como desempleadas o en la economía informal, quizás devengando ingresos muy inferiores.

Otro elemento a considerar es que puede que una empresa en sus inicios no esté en capacidad de pagarles a sus trabajadores salarios iguales o superiores al mínimo establecido, luego, dejarán de abrirse negocios con potencial de aumentar con el tiempo su productividad y así se limitará el empleo y la producción. Bajará  la demanda de trabajadores e, irónicamente, esto causará que el salario de las mayorías nunca supere el mínimo de la ley.

En palabras sencillas, el salario mínimo limita la demanda de personal y, a su vez, afecta el inicio de nuevos negocios que podrían ser futuros empleadores.

Inamovilidad

Otra reivindicación que parece por demás justa es la inamovilidad del trabajador. En palabras de los politiqueros de oficio, protege al obrero o empleado de la arbitrariedad del patrono que por capricho podría despedirlo.

De nuevo, esas aseveraciones terminan en el inmenso campo de lo superficial. Lo que hace la inamovilidad es claramente destruir la moral de quienes desean superarse y progresar dentro de una organización gracias a su esfuerzo personal.

¿Por qué afirmamos esto?  Pongamos el caso de dos trabajadores: el primero muy perezoso y que apenas cumple con su labor; el segundo, altamente inspirado en seguir adelante, en mejorar su condición de vida. Ambos comparten responsabilidades. Cuando el segundo vea que tendrá que esforzarse el doble para poder cumplir los objetivos (pues el primero, gracias a la inamovilidad, decidió no hacer nada), sin duda, se sentirá altamente desmotivado porque, por más esfuerzo que haga, no obtendrá nada a cambio.

Por otra parte, el empresario al no obtener resultados, tendrá cada vez menos motivación para invertir y crecer con el negocio, o quizás tenga que emplear a más personas o poner tecnologías para cubrir la improductividad de los flojos, pero tendrá que mantener salarios bajos, pues los holgazanes estarían ganando parte del dinero que en realidad merecen quienes hacen el esfuerzo. Lo más probable es que los desempeños laborales y, por ende, la productividad sean pésimos, lo que genera escasez, carestía y miseria. Si eso se parece a lo que vivimos, no se sorprenda entonces.

Prestaciones sociales

Al momento del despido o culminación de una relación laboral, el trabajador probablemente tarde algún tiempo en reincorporarse al mercado de empleos, por eso, necesita de un dinero que le permita mantenerse durante ese tiempo. Además, las prestaciones le facilitan el ahorro. Bueno, mis amigos, nada más alejado de la realidad, cualquier empleado u obrero medianamente pensante retira las prestaciones en forma constante, pues sabe que la inflación que vive el país deteriora el valor de estas. Ahora bien, alguien podría decir, no importa porque siempre está el pago por retroactividad que le garantiza al empleado una suma de dinero cuando concluya la relación laboral.

El defecto de esta argumentación es que finalmente el empresario lo pensará muy bien a la hora de hacer aumentos salariales, pues sabrá que estos tienen un impacto exponencial en sus costos. En consecuencia se deterioran los salarios y se desmotiva a la gran mayoría de empleadores a subir los sueldos más allá del mínimo de ley.

Feriados y días libres

Qué bueno es que la gente disfrute de sus feriados, pero ojo, ¿y qué pasa si la empresa sobrevive precisamente gracias a que una porción importante de sus ventas se realiza en fines de semana y feriados? También hay que considerar que al obligarla a dar dos días consecutivos de descanso semanales a sus trabajadores, se ve obligada a cerrar esos dos días, lo que disminuye sus ingresos y limita sus posibilidades de crear empleo, brindar oportunidades, poner más bienes y servicios a la disposición de la gente; en suma, se empobrece a la sociedad. Imagine un restaurante y piense cómo la falta de propinas puede deteriorar el ingreso del personal.

Beneficios extrasalariales

Vacaciones obligatorias y pagadas, tickets de alimentación y utilidades se cuentan entre los beneficios a los trabajadores. Y, claro está, es por demás excelente tenerlos, pero ojo ¿qué tal si un empleado no desea tomar unas vacaciones por estar ahorrando para una casa o para algo que representa algo más valioso que unas vacaciones? ¿Por qué las vacaciones deben ser obligatorias? 

Igualmente, ¿qué pasa con los empleados que ya tienen su alimentación resuelta y que más bien quisieran ahorrarse el dinero que obtienen en tickets de alimentación? ¿Por qué obligarlos a aceptar eso y no permitir que reciban efectivo, sin que eso sea causal de prestaciones?


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