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Siete consejos prácticos para organizar sus finanzas
Conocer nuestras fuentes de ingreso, hábitos de consumo y preferencias es el primer paso para poner orden en el bolsillo.
Organizar las finanzas personales implica en esencia un cambio profundo en nuestros patrones de comportamiento respecto al ahorro, al consumo, al gasto, a las necesidades y a las prioridades que tengamos.

¿Por dónde comenzamos? Lo primero es conocernos a nosotros mismos, es decir, de nada servirá hacer un cambio radical en nuestra relación con el dinero si desconocemos nuestros gustos, necesidades, valores y patrones de comportamiento respecto a este. 

Conocer bien nuestras fuentes de ingreso, nuestra forma de gastarlo, nuestras preferencias y gustos es sobremanera importante antes de tomar cualquier paso. 

Es así como le invito, mi querido lector, a hacer un bosquejo de todos esos elementos que no pueden ser cuantificados, pero que a la hora de la verdad, terminan siendo por demás decisivos al definir sus patrones de actuación en temas financieros.

Antes de proceder a cualquier acción práctica, lo más recomendable es conocerse a sí mismo, luego, todo lo que vaya a estructurar debe construirse a su medida y no por recomendaciones y recetas de expertos.

Las sugerencias del día de hoy tienen como propósito la maximización de su bienestar con la minimización en el uso de sus recursos. A continuación las presentamos.

Elabore un presupuesto de ingresos

El primer paso para organizar sus finanzas personales es comprender cuáles son sus fuentes de ingreso y cuantificarlas. Para eso es importante tomar en consideración el escenario más pesimista posible, es decir, partir de un presupuesto de ingresos que no debe incluir sino aquellos con los que pueda contar con absoluta seguridad. 

Si obtiene algo más, ese será un excelente comienzo, pues le permitirá ahorrar o invertir. Un presupuesto de ingresos no debería incluir bonos si su salario es variable, tampoco comisiones ni ingresos por trabajos eventuales.

Elabore un presupuesto de gastos

Una vez realizado nuestro presupuesto de ingresos, ya conocemos nuestro límite máximo de recursos disponibles y por ahí se empieza a preparar el presupuesto de gastos. Dentro de estos, debe haber dos categorizaciones. 

En primer lugar, tenemos los gastos recurrentes y los gastos esporádicos, los recurrentes son el mercado, los servicios públicos, pagos de deuda, entre otros. 

Una forma inteligente de manejar el presupuesto es minimizando estos gastos recurrentes o sacándoles el mayor provecho, por ejemplo, buscando las tarifas de celular o Internet que más se ajusten a sus necesidades y gustos. 

La segunda categorización tiene que ver con el orden de prioridad de los gastos, pues no todos deben tener la misma importancia. Por ejemplo, no todo lo que usted gasta en comida es igualmente necesario, una cena fuera es mucho menos urgente que tener su casa bien dotada con los alimentos que usted consume con regularidad.

En palabras sencillas, organice sus gastos recurrentes, fije prioridades y finalmente deje un dinerito para las eventualidades.

Sepa en todo momento cuánto tiene y cuánto debe

En artículos anteriores, hemos hecho mucha insistencia en el concepto de la supervivencia financiera. Este implica saber por cuánto tiempo podría usted vivir en un nivel de vida en el cual se sienta confortable si sus ingresos desaparecen. 

Para eso, es necesario, determinar cuánto tiene y cuánto debe. Esa diferencia será su patrimonio, es decir, el recurso con que usted puede contar ante distintas eventualidades.

Si usted le lleva el pulso a su patrimonio todo el tiempo, entonces podrá determinar si lo está incrementando o mermando, de modo de tomar las acciones correspondientes, según sea el caso, siempre en la dirección de consolidar sus recursos.

Tome nota de sus transacciones

El ir anotando todo lo que usted gaste y todo lo que le ingrese no solamente le servirá para llevar el control de su presupuesto, sino que además es tremenda herramienta de reflexión que le podrá evitar o le ayudará a concientizar algunos gastos que quizás no le den mucha satisfacción.

Cuídese de ser compulsivo

Evite salir a consumir cuando tenga hambre, esté molesto, apurado, preocupado, estresado o tomado. Generalmente, las conductas en esos estados no son las más racionales y terminarán por llevarlo a decisiones equivocadas. 

Haga también una evaluación de su comportamiento en cuanto a la repetición de patrones de consumo de ciertos artículos, marcas o la preferencia de determinados lugares. Todos estos pueden ser indicios de compulsión.

No se deje llevar por la presión social

No mire tanto el jardín del vecino, él tiene su vida y usted la suya, el patrón de gastos y los gustos de los demás no son algo que usted deba copiar. 

De igual forma, el que un objeto se ponga de moda no lo obliga a usted a adquirirlo, evalúe si su necesidad es real o se está dejando llevar por la presión de su entorno.

Ante cualquier compra, compare bien, siempre se puede evaluar un poco más

Nunca compre en el primer lugar en donde vea un artículo u objeto, camine un poco más, busque información por prensa, por Internet. En estos tiempos de tan marcada inestabilidad económica, se observa una tremenda diversidad de precios a todo nivel. 

Luego su deber es el de buscar darle el máximo de valor a su dinero, así que patee un poco más la calle a la hora de comprar cualquier cosa.

Reclame, regatee y exija

Nadie ha dicho que usted debe caer simpático, sobre todo si es usted quien pone sus recursos para adquirir un bien o servicio. Parte del tema de organizar sus finanzas es defender sus derechos, así que no se deje, exija, reclame si no está satisfecho. 

De igual modo, a la hora de comprar, si el modelo de negocios de quien le vende se lo permite, busque descuentos, pida que le rebajen los precios, que le mejoren las condiciones o le alarguen los plazos de pago. Nada tendrá que perder y sí algo que ganar.

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