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Revictimizados
En El Onoto, además de hambre pareja y apagones diarios, hay una altísima proliferación de ingenieros
El regreso de las vacaciones colectivas de navidad, amén de abrazos y deseos de un improbable 2017 lleno de paz y éxitos, incluye largas sesiones de echadera de cuentos. Así he podido enterarme de que en El Onoto, además de hambre pareja y apagones diarios, hay una altísima proliferación de ingenieros… desempleados o trabajando como mototaxistas o peones. Son jóvenes graduados en la UNEFA gracias a la política de masificación de la educación universitaria del actual gobierno (o del pretérito, ni eso está claro), que nos convirtió en el quinto país del mundo con mayor matrícula universitaria per cápita (superando a Estados Unidos, Francia, Japón…) según una noticia fuertemente promocionada por el sistema público de información de Venezuela en 2014, y aparentemente basada en estudios de la Unesco.

Bueno… yo no he ido a El Onoto, pueblo privilegiado que se desplaza a tracción de ingeniero. Pero conozco mi experiencia en la UCV, donde el semestre pasado recibimos a los bachilleres seleccionados según la nueva modalidad de la OPSU. Resumámosla en un caso y cinco escenas:

a) Escena 1: María (nombre ficticio) aparenta 17 o 18 años. En la primera clase entra con su hija de seis meses y me pregunta si puede llevarla durante dos semanas, pues no tiene quién la cuide. Si es temporal, no tengo problema. Sigamos adelante.
b) Escena 2: De las siguientes seis clases, María falta a dos, llega una hora tarde (con la niña) a las otras dos y en dos clases llega a tiempo. Vive en El Junquito y se levanta a las cuatro, pero aún no ha cogido el ritmo. Promete ponerse al día, pero aplaza la primera evaluación con 02 sobre 20. No ha leído nada.
c) Escena 3: Cuarta semana. María hace obvios esfuerzos por llegar a tiempo. En cuanto paso asistencia, se duerme en el escritorio hasta que algún compañero la despierta al terminar la clase. Aplaza el parcial de la semana 6. Tiene claras deficiencias en las operaciones matemáticas básicas.
d) Escena 4: Semana 10. Surge una discusión sobre la crisis penitenciaria. María (que faltó toda la semana 9) nos cuenta que su tío está secuestrado en Tocorón, porque el pran no reconoce la boleta de excarcelación cursada hace más de un mes por los tribunales. Su mamá y ella se turnan para llevarle la comida e intentar sacarlo. En la semana 11 se produce la toma del penal y María desaparece. Ha aplazado los tres parciales. Le toca ir a reparación.
e) Escena 5: La reparación empezó a las siete de la mañana. Cuarenta minutos después María abre la puerta del salón. Me mira, intenta dar un paso para entrar, suspira, deja caer la puerta y se va. No la vi más.

Mediante un discurso hábil y cizañero, la educación superior en Venezuela se presentó como un premio, en lugar de ser vista como una oportunidad y una alternativa.
A muchísimos jóvenes, preparados o no para ello, se les entregó el acceso físico a la universidad, con la fantasía de un inmediato bienestar y ascenso social. La verdad es que jóvenes mal preparados y que apenas malviven en lo cotidiano (embarazo adolescente, pobreza, hambre, pésimos servicios públicos, terribles dramas familiares) no pueden enfrentar los retos de una verdadera educación superior, y quienes obtienen títulos de escaso soporte no logran insertarse en un trabajo que los reconozca.

La educación superior es una quimera y un fraude y María, más que reivindicada, ha sido revictimizada por este sistema. ¿Cómo le hacemos saber que este fracaso sólo en parte es responsabilidad suya?.

Fátima Dos Santos
@MFDosSantos


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