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El descrédito del Foro Económico Mundial de Davos
Durante la edición del 42 Foro Económico Mundial, realizado en Davos, Suiza, este tuvo como agenda central la discusión acerca de las posibilidades del capitalismo del siglo XX, como estructura de poder apta para la sociedad del siglo XXI.
Allí se plantearon aspectos críticos referidos al temor de que se produzca un efecto dominó con la crisis de deuda agobiante producida por los abusos del neoliberalismo en la Unión Europea, desde donde se predice un colapso general del sistema, con efectos impredecibles en el resto del mundo.
Como parte del formato de discusión se tomó como punta de lanza la urgencia de la recuperación económica y simultáneamente la factibilidad de establecer barreras a la crisis. Sin embargo, el fracaso ha sido evidente, porque ni Ángela Merkel, canciller de Alemania, ni otros gobernantes y tecnócratas económicos de la Unión Europea, mostraron medidas suficientemente coherentes destinadas a abrir canales acertados para salir del colapso, y para mayor decepción la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, no fue coherente en su interpretación del problema al momento de cerrar el evento.
Como es lógico, al acrecentarse las dudas sobre las alternativas y la clase política y económica no saber dar en el blanco de las alternativas, no se puede esperar la anunciada transformación de la economía europea ni en el resto del mundo, más cuando en términos estadísticos los números negativos se traducen en unos 200 millones de personas afectadas en diferentes contextos, que ya se pueden contar entre el "proletariado en arapos", como decía Carlos Marx en su análisis sobre el problema de las clases sociales.
Por ello ahora se hace imprescindible profundizar el debate sobre la urgencia de un cambio del modelo económico, restándole posibilidades a la tiranía derechista que agobia de engaños a millones de personas, quienes no parecen tener alternativas a las medidas funestas de un capitalismo con rostro esclavizante, cuyas más funestas consecuencias son lo que se ha dado en llamar una "mezcla tóxica de desempleo y desigualdad".
En el contexto latinoamericano la situación es menos compleja. Brasil ha sido modelo de recuperación, gracias al esfuerzo sostenido de los dos últimos gobiernos que estratégicamente han ido avanzando hacia políticas socialistas como base para recuperar la economía y ponerla al servicio de las grandes mayorías.
Sin embargo los indicadores de crecimiento no bastan, ahora el problema está en cómo reducir la concentración de la riqueza y de medios de producción como la tierra en pocas manos, la existencia de relaciones de producción feudales, y las formas de explotación inducidas por políticas que sin mirar hacia la igualdad, discriminan con acciones que en el más claro sentido sociológico se asemejan al problema de los siervos de la gleba. Por eso ni el Foro Económico Mundial ha dado la solución al capitalismo infame, ni el crecimiento económico basta por sí solo.