COLUMNA DE J. GREGORIO YÉPEZ |
En una acera
Los más de tres millones de votos con que arranca la propuesta opositora son un inmejorable piso. Sorpresa para propios y extraños.
Los analistas políticos vinculados al chavismo indicaron que los resultados de las primarias terminan duplicándose en las votaciones reales. Tomaban como ejemplo las elecciones pesuvistas donde votaron 2,5 millones de personas, y en las elecciones parlamentarias el partido de gobierno sacó un poco más de 5 millones de votos. Si la cosa es así, la oposición tiene un piso de 6 millones de votos asegurados para octubre. Con esta cifra coincidió el presidente Chávez.
Sin embargo, el comando de Capriles Radonski no debe sentirse triunfalista. Sacar más votos que Pablo Pérez, María Corina Machado, Pablo Medina y Diego Arria juntos, no es lo mismo que vencer a Chávez.
Cierto es que la actitud opositora ha sido la de subestimar al chavismo, y esto ha sido una de las causas por las que en 13 años el saldo de victorias electorales favorezca al oficialismo por mucho.
Chávez es un animal político, con la virtud de saber convertir sus debilidades en fortalezas, con una capacidad formidable para conectarse con la gente, que sacará a relucir y pondrá en contraste con el mote de "sifrinos bonitos" y "niños ricos", que un sector le ha endilgado a Capriles y al gran ganador de las primarias opositoras: su partido Primero Justicia.
El candidato tiene el reto de no dejar de subir cerros y meterse en las barriadas populares donde ha probado que ha tenido éxito, como en Petare y Las Minas en Caracas. Sin embargo, debe tomar en cuenta que el chavismo en esta oportunidad no estaba activado ni en guardia. El campanazo dado el 12 de febrero cambia radicalmente el escenario.
Por otra parte, "el autobús del progreso" en Caracas tiene pendiente la tarea de cruzar de Plaza Venezuela hacia Catia, el 23 de Enero y Antímano, y convencer.
Además, debe convertirse en "yip" y enfrentarse a los "espíritus de la sabana" y pedirles que, si no juegan a su favor, no le "enchaven" su campaña.
Los muertos sí salen
Pero peligros en todos lados. He leído y escuchado a muchos analistas hablar sobre la muerte de los partidos tradicionales, de lo cual dudo.
Me cuenta mi padre, que cuando asesinaron a Leonardo Ruiz Pineda en 1952 -luego apresaron y dejaron morir a Alberto Carnevali y mataron a Pinto Salinas en 1953- la dictadura de Pérez Jiménez creyó acabar con AD. Más recientemente, y guardando las distancias con la ética y la estatura de los dirigentes anteriormente nombrados, con la derrota del caudillo Alfaro Ucero, muchos daban por sepultados a los adecos.
Capriles Radonski y su propuesta tienen que cuidarse de una maquinaria adeca apostando en contra de la unidad. Debe convencerla de que sume -o ser lo suficientemente astuto para anularla definitivamente-, cosa que si logra, podrá usar como pieza de oratoria frente a Chávez: "Yo estuve preso como usted, salí y gané. Derroté a los adecos y copeyanos como usted, y acabé con ellos, lo que usted no pudo lograr".
En estos meses de campaña el candidato opositor y su comando no deben olvidar que el chavismo "no es mocho" y que su arraigo en las masas no es producto de la casualidad: está ligado a la atención que le ha brindado a un sector de la sociedad al que nadie, en mucho tiempo, le hizo caso.
De la elaboración de un discurso para este segmento de la población y su pegada depende su victoria.
En la otra acera
Los discursos del chavismo ante la participación en las primarias han sido muy pobres y solo apuntan a tratar de mantener la moral de su militancia.
El chavismo tiene la tarea de revisar con pupila de relojero estos resultados.
Alguien debe preguntarse: "Cómo es esa vaina de que en La Charneca, en San Agustín, la participación de la oposición en estas elecciones fue más alta que en las elecciones primarias del Psuv en 2010". Y en Petare, y en Las Minas, y en Coche.
Y en La Vega y La Pastora, donde históricamente el voto opositor apenas era decoración, el chavismo apenas sacó en sus primarias unos pocos votos más que la concurrencia opositora.
La burocratización de la dirigencia, el adormecimiento del trabajo de base de los cuadros en las zonas populares y el dejar que el liderazgo se ejerza solo desde el Gobierno central -a punta de las políticas públicas y asistencialismo-, le está pasando factura al chavismo.
Atado a esto, la poca eficiencia de algunos programas sociales, el deterioro de otros y el tema de la inseguridad y la corrupción también le están cobrando la deuda a la gestión del Gobierno.
Esto tiene un reflejo en los espacios que ha conquistado la oposición, como lo evidencia el caso Petare, donde votaron en las primarias de la unidad 58.000 personas más que en las primarias del Psuv en 2010.
El Gobierno también tiene su tarea. Abastecimiento y más abastecimiento, ya que con la plata que maneja, porque los precios del petróleo se mantendrán altos este año, podrá impulsar el consumo. Pero si no hay disponibilidad de productos, la inflación será más dura y la sensación de bienestar se perderá.
El modelo a seguir está en el programa de viviendas que le ha dado resultados -como el mismo Teodoro Petkoff reconoce-; allí está uno de los caminos por los cuales combatir el desgaste de 13 años de gestión y restablecer los cables cortados con la población.
El chavismo debe comprender que no está solo en el ring. Que de ahora en adelante cada contendor, en cada terreno, será más fuerte. Los dirigentes de base deben entender que el "Comandante Presidente" ya no puede hacer las cosas solo con su liderazgo, y el trabajo de masas debe regresar. La exigencia de la eficiencia de los servicios del Estado debe ser una premisa.
Epílogo
Estamos en el ring side de una pelea interesante y que tendrá una gran cobertura global. Un enfrentamiento entre dos concepciones políticas y económicas que miran el futuro del país desde perspectivas distintas.
La tarea de los ciudadanos es exigir hidalguía y ética en el combate, y que gane el que mejor despeje su ecuación y haga su tarea.