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25 años de libertad: caída del Muro de Berlín
“Más de 13 mil alemanes escaparon buscando la libertad hacia la Alemania Occidental”
El Muro de Berlín, de cuya caída se cumplen 25 años el 9 de este mes, resalta como el ejemplo emblemático para identificar físicamente, un elemento representativo de la histórica “Guerra Fría” y de los contrastes entre la libertad, el totalitarismo y las miserias del socialismo real impulsado por la desaparecida Unión Soviética. En efecto, esa siniestra división, construida por el régimen socialista de la Alemania del Este, y controlada por el gobierno soviético, fue levantada inicialmente como una alambrada de púas el 13 de agosto de 1961, extendiéndose progresivamente como un gigantesco muro de 115 kilómetros de largo y 4 metros de altura. En su recorrido 45 kilómetros, dividían la ciudad de Berlín en el Este bajo el control comunista de la llamada República Democrática Alemana (RDA) y el Oeste integrado a la República Federal Alemana (RFA). Como complemento del muro y, para hacer más estrictos sus controles, se construyó lo que llegó a llamarse “la franja de la muerte” integrada por una fosa, una alambrada con sistemas de alarma y una vía a lo largo del muro por la que constantemente transitaban vehículos con soldados con armas automáticas y patrullas auxiliadas con perros de presa, todo lo cual hacía casi imposible superar esos complejos obstáculos. Irónicamente el régimen del Este denominaba esa construcción y sus controles como “muro de protección antifascista”, mientras que en Occidente se le bautizó como “el muro de la vergüenza”.

Lo cierto es que las ansias de libertad, unidas a las circunstancias políticas de entonces y a la terrible crisis económica prevaleciente en la RDA y en la Unión Soviética provocaron que, 25 años después de instalados esos nefastos controles, se produjera el derrumbe del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, dando así comienzo al final de la “Cortina de Hierro”, figura tristemente simbólica del férreo dominio ruso sobre las republicas de la Europa del Este.

En esa lucha por la libertad y la democracia, más de 2 millones y medio de alemanes del Este trataron de escapar intentando superar los múltiples obstáculos del muro, incluyendo la celosa vigilancia impuesta por la policía soviético. Se estima que en esos intentos lograron escapar cerca de 5 mil personas, entre ellas 2.500 soldados de la guardia comunista y alrededor de 800 personas murieron en esfuerzos fallidos de escape por el muro y otros puestos fronterizos. En total y agregando las fugas, luego del derrumbe del oprobioso muro, más de 13 mil alemanes del Este escaparon buscando la libertad hacia la Alemania Occidental.

La caída del Muro de Berlín no solo significó el colapso del socialismo soviético, sino que permitió igualmente mostrar el significativo contraste entre el régimen de economía estatista, de un modelo socialista que llevó hasta la ruina a la Alemania comunista del Este y el importante progreso alcanzado, ya para finales de la década de los 80, por los gobiernos democráticos de la República Federal Alemana mediante el sistema de economía social de mercado. Y es que, la evolución de la postguerra marcó un gran contraste entre las dos Alemanias: La Alemania Oriental (RDA) que, antes de la guerra había sido la porción más industrializada, con un PIB superior en más de 27% al de la parte Occidental, luego de la guerra y bajo el yugo comunista para el año de la caída del muro solo tenía un PIB equivalente a 31% de la Alemania Occidental (RFA), con una tasa de desempleo del doble de el de ésta y un nivel de salarios de apenas la mitad de el de la RFA. El régimen comunista de la Alemania Oriental había reducido el número de empresas privadas de 23% del sector industrial en 1950 a solo 4% diez años más tarde, lo que en gran medida explicó el pobre desempeño de esa economía.

Hay dos lecciones fundamentales que nos deja el Muro de Berlín a cinco lustros de su caída. La primera, nos señala la importancia de la libertad y la democracia como legítimas aspiraciones humanas y binomio esencial para facilitar el desarrollo en una sociedad moderna y capaz de derrumbar cualquier muro o autoritarismo que impida su vigencia. La segunda lección expresa, con cifras irrebatibles, los fracasos del socialismo real y de los sistemas de capitalismo de estado y planificación centralizada que contrastan con los notables logros de la economía social de mercado como sistema integral de desarrollo, que no es un mito sino un exitoso modelo socio económico fundamentado en los principios de libertad, justicia y solidaridad como valores de la persona humana y condiciones para promover la participación del ciudadano como protagonista de su propio progreso. Un sistema en el que se fundamentó el milagro económico alemán de la postguerra y el cual mantiene a la Alemania unificada como una de las economías más sólidas y prósperas del mundo.

Son dos lecciones que conviene recordar a quienes parecen ciegos y sordos ante estas contundentes realidades y se empeñan torpemente en repetir modelos políticos y económicos del pasado que, al igual que las recetas neoliberales y economicistas, han fracasado, dejando a su paso nefastas consecuencias para los pueblos que los han padecido.

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