diccionario de economía
 


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Casos emblemáticos del populismo latinoamericanos
En esta última entrega veremos dos casos emblemáticos de regímenes populistas de izquierda
En los dos artículos anteriores, además de resaltar las características del populismo latinoamericano y sus consecuencias inflacionarias y destructivas de las economías que lo han sufrido, hemos señalado dos ejemplos de regímenes populistas -Getulio Vargas y Juan Domingo Perón- que podríamos considerar como de derecha, con sus sesgos militaristas y fascistas. 

En esta última entrega veremos dos casos emblemáticos de regímenes populistas de izquierda, con marcada ideología marxista, como lo fueron el gobierno fallido de Salvador Allende en Chile y el régimen que imperó en Nicaragua durante el primer gobierno Sandinista. 

En estos casos el populismo de izquierda se destaca por su rechazo a la economía de mercado, el énfasis en la redistribución del ingreso mediante a erráticas políticas como los incrementos irracionales de salarios, expansión desmesurada del gasto público financiado con dinero inorgánico  y sin atender el efecto inflacionario, y por el acentuado intervencionismo estatal, con controles de precios, controles cambiarios y recurrentes devaluaciones monetarias. Todo ello combinado con poco respeto a la propiedad privada y el tradicional discurso antiimperialista. 

El gobierno de Salvador Allende en Chile se inició el 3 de noviembre  de 1970 luego de una reñida elección en la que alcanzó un cerrado triunfo con apenas  36,36% de los votos, su más cercano contendor, el conservador Jorge Alessandri Rodríguez obtuvo un 34,39%-. 

Desde el comienzo el presidente inicio el llamado proyecto de “la vía Chilena al socialismo” para la rápida transición del capitalismo al socialismo, con estatización de empresas, y el intento de una rápida reactivación económica y drástica redistribución de la riqueza, la profundización de la reforma agraria propiciando la toma de las tierras por los campesinos con violentos enfrentamientos con los legítimos propietarios de las mismas, incluyendo pequeños terratenientes. 

Se procedió a la congelación de los precios, aumentos de sueldos, e incremento del gasto, medidas que inicialmente no tuvieron efecto inflacionario, pero a partir del segundo año se empezaron a sentir las consecuencias desfavorables de esas políticas con un notable incremento del déficit presupuestario, el descontrol de la política monetaria con emisiones inorgánicas de dinero, la fuerte caída de las reservas internacionales, déficit de la balanza de pagos, el surgimiento del desabastecimiento de productos de primera necesidad y masivas protestas populares y, como resultado, fuertes enfrentamientos políticos y una crisis económica reflejada en contracción de los salarios reales en 30%, como consecuencia de una tasa de inflación que de 34,94% en 1970 se elevó a 605,9% en 1973 y el agotamiento de las reservas internacionales que de 320 millones de dólares para 1970 cayeron a apenas 36 millones para la fecha del golpe militar el 11 de septiembre de 1973, liderado por el General Augusto Pinochet, quien apenas dos semanas antes había sido designado por Allende como Comandante en Jefe del Ejército. Culminaron así y con el suicidio del presidente 1000 días de un gobierno populista-socialista, que además de dejarle como herencia a Chile una gran crisis económica con elevada inflación, dio pie para que se estableciera por 17 años la férrea dictadura militar de Pinochet, que logró la reactivación de la economía chilena sobre bases de mercado, pero a costa de la represión y violación de derechos humanos, propias de las dictaduras militares.

En el caso del gobierno que llegó al poder en Nicaragua con el triunfo de la Revolución Sandinista en julio de 1979 y la caída de la dictadura de la familia Somoza, se inició en ese país un conflictivo proceso político que, al final, permitió a los sandinistas el control del Poder con una Junta de Reconstrucción Nacional presidida por Daniel Ortega quien, luego de las elecciones de noviembre de 1984 asumió como presidente iniciando un autoritario régimen socialista, con las consabidas políticas de estatización de la propiedad privada, la injerencia directa del Estado en los procesos productivos, la planificación centralizada de la economía y un férreo control político a través del partido Sandinista, el ejército revolucionario y grupos populares organizados en el llamado Frente Sandinista que interferían  en los colegios y violaban la autonomía universitaria. Todo con un discurso nacionalista y antiimperialista pero bajo la tutela del régimen cubano y de la Unión Soviética. 

El gasto militar se elevó a más de 60% de los ingresos públicos. Se cometieron tradicionales errores de macroeconomía populista,  lo que generó una grave crisis económica, con devaluación monetaria, y una tasa anual de inflación que, para finales de 1988 supero 30 mil porciento, contribuyendo a que ese régimen perdiera el poder en las elecciones generales de febrero de 1990, frente a la candidatura de Violeta Chamorro. Para ese entonces más de 500 mil nicaragüenses habían abandonado el país como exiliados y refugiados  y el Sandinismo dejaba como herencia una explosiva marginalidad.

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