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Crisis cambiaria y dolarización: el caso de Ecuador
Se eliminó el riesgo de emitir dinero inorgánico y la influencia política en el manejo monetario
En circunstancias de graves desequilibrios macroeconómicos con sus connotaciones de crisis cambiaria, inflación, desabastecimiento y otros problemas, como es el caso de Venezuela, algunos países de América Latina han recurrido a la dolarización como política para estabilizar sus economías. Así lo hizo Panamá, país que desde 1904 reconoce el dólar americano como moneda de curso legal, mientras que El Salvador dolarizó su moneda en 2001. 

Pero el caso más emblemático y que amerita detallado análisis como referencia para las medidas económicas que tiene que asumir el gobierno venezolano, antes de que la crisis se le haga inmanejable, lo representa la dolarización que aplicó, en enero de 2000, el gobierno de Jamil Mahuad y Gustavo Novoa en Ecuador para enfrentar la crisis económica, social y política que venía arrastrando ese país, con graves repercusiones financieras, cambiarias, quiebra de bancos y una inflación cercana a 60%. 

Esa crisis acentuó la desconfianza en la gestión gubernamental, generó un grave deterioro del valor del sucre, la moneda nacional de entonces que durante el año previo a la dolarización se había devaluado respecto al dólar en más de 300%. A todo ello se agregaba el impacto fiscal negativo generado por la caída de los precios del petróleo y los efectos económicos ocasionados por el fenómeno de El Niño entre 1998 y 1999. 

Todo lo cual afectó severamente el riesgo país y, por consiguiente, dificultaba el acceso al crédito externo para mejorar las endebles finanzas públicas internas. La dolarización se decretó con el objetivo fundamental de reducir los costos de transacción para flujos internacionales de capital, lograr tasas de intereses similares a los valores internacionales, y, sobre todo, para abatir la inflación que amenazaba con convertirse en hiperinflación y para promover un ambiente favorable a la inversión extranjera.

Los indicadores económicos reflejan, en general, resultados muy positivos desde que Ecuador asumió el dólar como su moneda oficial. Aparte de la influencia negativa producto de la crisis financiera internacional de 2009, todas las variables macroeconómicas han mejorado sensiblemente. El crecimiento del PIB estimado en 0% para el año 2000 (cuando se inició la dolarización) terminó ese mismo año en 4,14%, y se mantuvo por encima de 3,5% en la mayoría de los años posteriores. Este indicador llegó a alcanzar 7,78% en 2011 para ubicarse en los años siguientes por encima de 4,0%. El ingreso per cápita, que para 2000 era de $1.462, ha tenido un continuo crecimiento, alcanzando la cifra de $5.943 en 2013. 

La inflación que, a la entrada en vigencia de la dolarización se había disparado a 91,01%, al año siguiente cayó a 20%, llegando a solo el 2,7% en 2013. El desempleo ha caído de 10,8% en 2000 a 4,86% en 2013. La reactivación de la inversión productiva también se ha cumplido, ya que no llegaba a $3.500 millones en el año 2000 y, en un proceso continuo de crecimiento, la cifra superaba los $7.200 millones para 2010. Ello explica, en parte, el notable crecimiento de las exportaciones no petroleras del país que de $2.484 millones, para 2011 estaban por encima de $9.300 millones.

En el informe 2014 del Pnud, Ecuador calificó como país que ha consolidado un alto desarrollo humano por el notable progreso logrado en las tres variables que configuran el IDH: la esperanza de vida, la educación y el ingreso per cápita. Se señala que estos logros han sido el resultado de políticas complementarias de la dolarización, como la de haber quintuplicado el gasto social en inversión en salud y educación, lo cual se refleja en la mejora sustancial de la calidad de vida de la gente. Estas medidas han sido tomadas durante los gobiernos de Rafael Correa, quien -aunque se dice partidario del llamado Socialismo del Siglo XXI- gracias a su formación económica se ha deslastrado de complejos ideológicos, y en ningún momento ha considerado revertir la histórica decisión que hace 15 años convirtió al dólar americano en la moneda oficial de su país.

En Ecuador la dolarización en sus inicios tuvo muchas críticas por la manera drástica y por la falta de controles adecuados en la forma como se impulsó el proceso. Eso facilitó, a quienes se habían endeudado en sucres para comprar dólares, la obtención de grandes ganancias, ya que la tasa de cambio para la dolarización fue muy superior a la vigente cuando se hicieron esas compras previas. Además, como el gobierno había dispuesto la congelación de los ahorros depositados en los bancos en sucres, los ahorristas vieron drásticamente disminuidos sus recursos cuando se hizo la conversión al dólar. Este hecho, y otras circunstancias irregulares, agravaron la diatriba política al extremo de ocasionar la salida intempestiva del presidente Jamil Mahuad. 

Lo cierto es que la dolarización conjuró la crisis cambiaria y de balanza de pagos que tenía el país, y logró reducir la inflación contribuyendo a la estabilización de la economía. Se eliminó el riesgo de emitir dinero inorgánico y la influencia política en el manejo monetario y fiscal del país -resabios típicos de la macroeconomía populista- lo cual ha permitido la credibilidad en el sistema monetario, facilitando la entrada de capitales y una mayor integración del país en los mercados internacionales.

Sobre este tema y su pertinencia en las actuales circunstancias económicas que vive Venezuela, el Centro de Estudios Latinoamericano Arturo Uslar Pietri (Celaup) de la Universidad Metropolitana realizará un foro el próximo miércoles 28 de enero, con la participación de los economistas Marco Naranjo execonomista jefe del Banco Central de Ecuador, y Pedro Palma, profesor y miembro de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela.

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