diccionario de economía
 


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De líderes y caudillos
Un hombre se convierte en estadista cuando empieza a pensar en las próximas generaciones
En la lengua castellana con frecuencia, aparecen términos que en el argot rutinario se manipulan con significados que confunden o se prestan a connotaciones muy alejadas de lo que realmente significan o representan, cuestión que sucede comúnmente en el hablar político. Tal es el caso de los términos líder y caudillo.

En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, líder se define como el ídolo o persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad, que actúa como modelo a seguir por ser persona honesta que piensa de manera estratégica y con visión futurista. Mientras que, dicho diccionario define caudillo a quien actúa como jefe absoluto de un ejército, o encabeza algún grupo, comunidad o cuerpo; o a un dictador político. También se deriva este término del latín capitellus, traducido como cabecilla.

Además de las definiciones formales de líder y caudillo, la trayectoria histórica de quienes se han hecho acreedores de uno u otro calificativo hacen más profundas las diferencias entre ambos, especialmente si tomamos como apoyo para valorar estos conceptos los principios éticos, la búsqueda del bien común, la conciencia cívica, la honestidad y la visión de futuro, que son atributos del líder; contrastante con la práctica maquiavélica del actuar, la promoción de enfrentamientos, el autoritarismo, la prepotencia, el déficit de valores y principios, defectos característicos en la conducta del caudillo.

La historia señala las cuestionables trayectorias de lúgubres caudillos, asociados a fenómenos políticos y sociales que han dejado triste huella sobre los entornos en donde han actuado. Frecuentemente, han sido seres enfermizos, con delirios de grandeza que se promueven como salvadores de la patria e inclusive, la humanidad; dictadores despóticos vinculados al militarismo y que en funciones de gobierno o poder son autoritarios sin escrúpulos ni valores, violadores de derechos humanos y permisivos frente a la corrupción, entre otras razones para asegurar la lealtad incondicional de sus seguidores. Bajo este patrón resaltan a nivel mundial Mao, Lenin, Hitler, Mussolini y Franco. América Latina es quizás una de las regiones en donde ha florecido más abundante esa plaga, entre cuyos especímenes, se destacan: Somoza (Nicaragua), Stroesner (Paraguay), Perón (Argentina), Trujillo (Rep. Dominicana), Velasco Alvarado (Perú), Plutarco Elías Cárdenas (México), los Castro (Cuba), Noriega (Panamá), Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez (Venezuela).

El líder se puede identificar no solo en la política, sino igualmente por otras actividades del quehacer humano, especialmente en el mundo de los negocios y organizaciones empresariales entre las que se destaca por saber promover el trabajo grupal, el espíritu de cuerpo, la capacidad para delegar y motivar a los miembros de su organización para el logro -desde el esfuerzo compartido- a los fines de la misma. Una característica fundamental del líder en las organizaciones de la nueva economía es la habilidad para mantener actualizadas sus capacidades, competencias y destrezas, en función de la dinámica tan versátil que imponen las nuevas realidades mundiales. Pero es en el campo de la política donde se revelan, de manera  destacada, los contrastes entre el líder y el caudillo. El líder en una organización política es reconocido como jefe que orienta y motiva a su partido por su rectitud moral y virtudes éticas, la capacidad de persuasión, habilidades que le sirven para conducir democráticamente a sus seguidores y así lograr el reconocimiento de sus adversarios y la ciudadanía en general, a quienes motiva con su ejemplo e influencia para el logro compartido de grandes cambios y la búsqueda del bienestar colectivo. El líder político es fundamentalmente un agente de cambio que actúa con transparencia y humildad para ser capaz de reconocer y corregir sus errores, así poder exigir la misma conducta de su equipo y seguidores.

De nuevo, la historia es una buena referencia para identificar personalidades que, por sus ejecutorias, han sido ejemplo de líderes notables. A nivel mundial destacan en esta categoría figuras como George Washington, Mahatma Gandhi, Wiston Churchill, Martín Luther King y Nelson Mandela; y en América Latina Alberto Lleras Camargo (Colombia), Napoleón Duarte (El Salvador), Juan José Arévalo (Guatemala), Juscelino Kubitschek (Brasil), José Joaquín Trejos (Costa Rica).

Dos señalamientos lapidarios se nos ocurre citar para cerrar esta entrega y destacar aún más las características del genuino líder político, a fin de evitar el mal uso del término que, como indicamos al principio, con frecuencia se lo aplican a caudillos cuya trayectoria o ejecutoria dista mucho de lo que representa un auténtico líder. 

Óscar Arias, expresidente de Costa Rica y gran líder emblemático de Latinoamérica, expresó en una sentencia muy precisa, lo que podríamos resumir como la diferencia entre un líder y un caudillo, cuando señalaba que: “Hay una diferencia sensible entre un dictador (caudillo) y un demócrata (líder): Si el demócrata no tiene oposición, su deber es crearla, mientras que el sueño del dictador es eliminar toda oposición.” De otro gran líder mundial, Winston Churchill resalta, en una de sus históricas frases lo que a nuestro juicio ese gran estadista inglés entendía como un verdadero líder, cuando afirmaba: “Un hombre se convierte en estadista (líder político) cuando empieza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Dejamos a juicio de nuestros lectores, según los perfiles que se han señalado, la escogencia de quienes han sido en nuestra historia contemporánea y en la crispada realidad actual, los verdaderos líderes y caudillos del país.

José Ignacio Moreno León
Director General del CELAUP
Universidad Metropolitana
jmoreno@unimet.edu.ve
http://www.unimet.edu.ve/celaup
Twitter: @caratula2000
Facebook.com/celaup

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