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El Celac y los indignados
A riesgo de parecer repetitivo debo de nuevo retomar el tema de los indignados en este mi último artículo del año, en ocasión de ofrecer a mis lectores algunas reflexiones sobre el pomposo evento realizado en Caracas los días 2 y 3 de este mes que, bajo los auspicios del Gobierno Nacional y con la asistencia de los presidentes de América Latina y el Caribe, se ha promovido como el nacimiento de la Comunidad Económica Latinoamericana y Caribeña (Celac).
Evento que algunos, con el sesgo político correspondiente, han calificado  como un hito histórico en la lucha por la soberanía y el socialismo.  Habría que ver si ese criterio lo comparten el presidente de México, quien instaló el evento y el Jefe de Estado de Chile, elegido como el primer secretario protempore de ese foro; al igual que los presidentes de Perú, Centro América y Colombia, quienes son miembros formales del Tratado de Libre Comercio que incluyen a Estados Unidos y Canadá, países que obviamente están fuera de la Celac.

La Celac debe entenderse como un foro de consulta y concertación de los países de la región, en la búsqueda de una agenda común frente a los problemas del desarrollo y, en especial, a temas como la crisis económica mundial, el deterioro medio ambiental, la crisis moral e institucional y  otros graves males vinculados al sesgo excluyente y economicista de la globalización contemporánea que están generando la ola de movimientos de indignados, iniciada recientemente en Europa, pero que se ha expandido a otras regiones, incluyendo importantes ciudades de los Estados Unidos y hasta a la Universidad de Harvard,  a los que  se le reclama un mayor compromiso frente a la gran crisis financiera y moral de estos tiempos. Recordemos igualmente que han sido indignados también los grupos, fundamentalmente de jóvenes, que deslastrándose del miedo han sabido reclamar con valentía su derecho natural a la libertad y a la democracia y han protagonizado la llamada "Primavera Árabe", derrocando las despóticas y corruptas  dictaduras que en el Norte de Africa mantenían secuestradas la libertad y los derechos humanos en Egipto, Túnez y Libia y que muy pronto y, con una valiente resistencia civil  lograrán destronar la sanguinaria autocracia de Siria.

Intentos de integración y concertación como el que se propone con la Celac no son nuevos en América Latina, ya que prácticamente desde que se constituyeron las repúblicas independientes en la región,  se han propuesto proyectos de integración continental que, por cierto han significado en la mayoría de los casos,  iniciativas  ineficientes que contrastan, especialmente en los últimos tiempos, con la exitosa experiencia de la Unión Europea, pese a los preocupantes problemas económicos y financieros que aquejan a algunos de sus países miembros. Sin embargo, hay que darle la bienvenida al Celac, pero señalando que su agenda no puede estar signada por el intento miope de imponer  doctrinas y modelos políticos pasados y fracasados que, en su empeño por vender una alternativa al capitalismo neoliberal, sólo han servido de instrumento de caudillos autocráticos que han sumido a sus pueblos en la miseria y  pérdida de la libertad y de los derechos humanos.

Los indignados no han aparecido aún en América Latina y el Caribe -aunque no podemos ignorar el pasado de los tupamaros, la guerrilla colombiana en sus orígenes y los zapatistas-; sin embargo, en la región prevalecen innumerables razones para que de globalizarse la crisis económica que afecta a Europa y los Estados Unidos, estos problemas sean el caldo de cultivo de un movimiento de  indignados en una región, cuyo proceso de desarrollo ha estado marcado por tendencias pendulares entre frecuentes dictaduras y cortos períodos democráticos y entre ensayos de estatismo capitalista y regímenes promotores de la macroeconomía populista. Por ello, Latinoamérica se encuentra significativamente rezagada del progreso, con graves indicadores sociales que la identifican con la más profunda disparidad en la distribución del ingreso, notorias ineficiencias en su sistema educativo y tecnológico, pobre desempeño económico, fragilidad institucional y bajo nivel de capital social y valores éticos.

Frente a estas preocupantes realidades, la Celac debe ser el foro adecuado para convocar, no sólo a los Jefes de Estado de la región, sino igualmente a los sectores productivos, a las redes sociales y, en especial, a las universidades, a explorar conjuntamente y sin los perversos complejos tercermundistas,  fórmulas de consenso para una nueva economía que, frente a la crisis del capitalismo y el fracaso de los modelos autoritarios y estatistas del pasado, promuevan un desarrollo que tenga al ser humano como su meta fundamental, preservando su libertad y asegurando la convivencia social, la equidad, la solidaridad y la sustentabilidad ecológica.
Nos despedimos de nuestros lectores con los mejores deseos  para que 2012 sea la antesala de grandes oportunidades de progreso compartido y del reencuentro de todos los que habitamos esta tierra de gracia, en un ambiente de genuina democracia y de paz social.

Director General del Celaup
jmoreno@unimet.edu.ve
www.unimet.edu.ve

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