diccionario de economía
 


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El humanismo cristiano y el capitalismo sin frenos
En la ONU puede insistir en la crisis del capitalismo y la necesidad de humanizar la globalización
En  un artículo publicado el mes pasado, bajo el título de ¿Es el Capitalismo la causa de la pobreza?, por Ricardo Haussman, director del Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard, critica el discurso pronunciado por el papa Francisco en Santa Cruz, Bolivia (10/6/2015), en el que clama por un cambio del sistema capitalista actual, y señala que “la lógica de la ganancia a cualquier costo” se ha impuesto “sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza”. 

Haussman indica que la afirmación del Papa es “bien poco acertada”, porque para este académico el sufrimiento de los pobres del mundo “no es consecuencia de un capitalismo desenfrenado, sino de un capitalismo que ha sido frenado de manera equivocada.” Las críticas de Haussman frente a los señalamientos del Papa  sobre los daños del capitalismo desenfrenado -que no solo denuncia en su discurso de Bolivia sino que también refiere en su reciente encíclica Laudato SI (24/5/2015), cuando afirma que el interés económico no puede llegar a prevalecer sobre el bien común- nos motiva a hacer algunas reflexiones al respecto.

La visión de Francisco sobre la crisis contemporánea se fundamenta en los principios del humanismo cristiano, por eso se cuestiona el capitalismo salvaje de muchas de las grandes empresas multinacionales que, al amparo de gobiernos corruptos y permisivos y guiadas solo por las ansias de dinero, sin ningún principio ético, operan como depredadoras del ambiente y del ser humano. Por ello, el Papa denuncia en Bolivia que cuando la avidez por la renta y el dinero “tutela todo el sistema socioeconómico arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavos, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblos contra pueblos y pone en riesgo nuestra casa común, la hermana y madre tierra.” Este planteamiento de Francisco refuerza el de su antecesor Benedicto XVI, quien en su encíclica Caritas in Veritate (29/6/2009), al referirse a la crisis económica mundial señala que la misma “se debe a una economía sin ética y a unas finanzas sin Dios” y reafirma que “ la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino, de una ética amiga de la persona.”

Con los argumentos pontificios referidos y, a la luz de las consecuencias del capitalismo sin control, es difícil entender la crítica de Haussman cuando pareciera no aceptar restricciones al sistema capitalista actual para que los pueblos se puedan desarrollar. 

Precisamente por ese libertinaje del mercado fue que se produjo -en la Meca del capitalismo- la crisis financiera y los fraudes bursátiles millonarios que generaron en 2008 la caída de Wall Street y provocaron la frase lapidaria de Joseph Stiglitz -premio Nobel de Economía 2001- cuando señaló que la caída de Wall Street era para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo. 

Stiglitz fue además en esa ocasión duro crítico de gobiernos complacientes y poco afectos a las regulaciones, a pesar de los abusos y actuaciones poco transparentes de los actores económicos, reconociendo que la intervención del Estado eventualmente puede corregir deficiencias del mercado con medidas que orienten el crecimiento en beneficio de todos. Anteriormente Amitai Etzioni, -el más importante sociólogo contemporáneo- para entonces académico de Harvard, en artículo publicado en agosto 2002, en el Washington Post, critica la nula educación en valores éticos recibida por estudiantes de las escuelas de negocios de prestigiosas universidades de los Estados Unidos, incluyendo Harvard, como reacción frente la quiebra de Enron, que llego a ser la séptima compañía más grande de ese país y colapso en 2001 por un fraude millonario amparada en la ausencia de regulaciones en el sector energético y en el manejo antiético y visión economicista de sus ejecutivos, con la complicidad  de Arthur Anderson, para entonces una de las más importantes firmas de auditoría de ese país; convirtiéndose este caso en un gran escándalo financiero y político. A estos ejemplos  se pueden agregar donde han privado las mismas circunstancias de ruletas de libre mercado o de débiles regulaciones, ausencia de ética en la gerencia y fuerte sesgo crematístico, tales como las quiebras de WorldCom, la segunda telefónica de Estados Unidos para la fecha (2002) y el colapso de Parmalat en 2003, empresa italiana que empleaba 36.000 personas en 29 países y produjo  el gran fraude multimillonario de Europa.

El Papa llega mañana a los Estados Unidos, luego de su visita a Cuba. En su apretada agenda tiene previsto pronunciar importantes discursos ante sesión conjunta del Congreso de ese país y en la Asamblea General de la ONU, en los que es muy probable que insista en señalar la crisis del capitalismo y la necesidad de humanizar la globalización. 

No tenemos duda que Francisco, como otros pontífices que lo presidieron y notables estudiosos del tema están en lo cierto -pese a las reservas de Haussma- cuando señalan la necesidad de ponerle rostro humano al capitalismo, e incorporar los valores éticos en el proceso de globalización para deslastrarlo de los vicios del economicismo y del fundamentalismo de mercado. 

Se trata entonces de promover, como lo señala Hanns Kung (2001) y lo recuerda Francisco en Bolivia, un nuevo sentido de responsabilidad, una responsabilidad política que facilite el difícil equilibrio entre ideales y realidades y una responsabilidad económica que permita combinar la estrategia económica con las convicciones éticas para conformar una economía con sentido humano que asegure el progreso para todos como garante de la sostenibilidad de la globalización, en todas sus facetas.

jmoreno@unimet.edu.ve
Director General del Celaup
Universidad Metropolitana


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