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Fernández Morán: el Nobel que pudo ser
Rechazó la oferta al premio por Estados Unidos porque debía renunciar a la nacionalidad venezolana
Humberto Fernández Morán, cuyas cenizas reposan casi abandonadas en Maracaibo, en el viejo y embasurado cementerio de El Cuadrado, representa un ejemplo emblemático de un sabio que pudo haber sido el primer Premio Nobel del país, a pesar de que  pocos venezolanos y muy pocos jóvenes nuestros conocen la brillante trayectoria de este médico zuliano que, por tristes circunstancias políticas del país y la envidia de algunos de sus colegas criollos, se vio forzado a alejarse de Venezuela cuando ya había logrado una sólida formación y experiencia científica de reconocimiento mundial y estaba dispuesto a aportarla al desarrollo nacional.

Graduado summa cum laude en medicina en la Universidad de Múnich, en 1944 y con apenas 20 años de edad, regresa para revalidar su título logrando iguales honores académicos en la Universidad Central de Venezuela (UCV). En 1945, se traslada a Maracaibo, para iniciarse en el ejercicio profesional en el Hospital Psiquiátrico por muy breve tiempo, ya que su naciente pasión por el estudio de las enfermedades del cerebro, lo impulsan a salir de nuevo a realizar estudios de posgrado en Neurología y Neuropatología en la Universidad George Washington, en cuyo hospital llegó a desempeñarse como médico internista. Fue entonces, cuando de visita en la Universidad de Pricenton conoce a Albert Einstein, quien le sugiere continuar en Suecia su especialización en Biofísica, como apoyo a sus ya notables conocimientos de Neurología. Se inicia así una meteórica trayectoria en la profundización de conocimientos científicos y el desarrollo profesional de este venezolano de excepción, quien a finales de 1946 se establece en Estocolmo para especializarse en Neurocirugía  y en Biofísica  y Biología, realizando igualmente investigaciones en el Instituto Nobel de Física Nuclear para graduarse en 1951 como Licenciado en Biofísica, maestría en Ciencias, Biología Celular y Genética, doctorándose un año más tarde en esta especialidad en la Universidad de Estocolmo. Después vendrían sus investigaciones sobre el cerebro y el desarrollo de un importante aporte científico con el bisturí de diamante que le valió el premio John Scott, reconocimiento universal que en Estados Unidos se otorga a eminentes científicos que han hecho significativos aportes a la humanidad, entre los que destacan Madame Curie, Thomas Edison y Alexander Fleming.

Fernández Morán, ademas de un eminente científico, fue un cultor de la excelencia y promotor de la educación para la superación de nuestro pueblo. Ese amor por Venezuela lo impulsó a regresar, al país y en 1953 se incorpora a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y a la UCV como profesor de Biofísica y para organizar ese departamento en la Facultad de Medicina. Ya era entonces un científico de reconocimiento mundial que traía importantes proyectos para impulsar la ciencia nacional, tales como la creación del Instituto Venezolano de Neurología e Investigación (Ivnic) inaugurado en noviembre de 1955 con miras a convertirlo en un centro internacional de investigación científica y formador de investigadores. Centro que se refuerza en 1957 con la instalación de un reactor nuclear que coloca al país en el liderato de los avances nucleares en el continente. Todo ello con el apoyo de Pérez Jiménez que empieza a desmoronarse ese mismo año y en sus estertores el dictador designa el 16 de enero de 1958 al ilustre científico como ministro de Educación, cargo en el que apenas se mantuvo por 12 días al ser derrocada la dictadura aquel 23 de enero, lo que obliga  su exilio y lo convierte en objeto del ensañamiento personal de seguidores de los movimientos que habían combatido la dictadura y de algunos de sus colegas nacionales, al extremo de habérsele endilgado el ofensivo título del “brujo de Pipe”.

Apenas abandonó su patria forzado por las circunstancias referidas, fue llamado  a incorporarse en el servicio de Neurología del Hospital General de Massachusetts en el que organizó el Microscopio Electrónico y durante varios años se desempeñó como investigador en MIT, e investigador asociado de Neurología en la Universidad de Harvard. En 1962 se desempeña como profesor de Biofísica en la Universidad de Chicago donde concibe el desarrollo del Ultramicrotóno y es designado director de la División de Ciencias Biológicas de la Escuela de Medicina de esa universidad, además trabajo durante cerca de 10 años en el Programa Espacial Apolo de la Nasa. Regresa, ya jubilado de Chicago, a Estocolmo con su esposa, y en septiembre de 1988 sufre una hemorragia cerebro vascular que le generó serias limitaciones para caminar y escribir y que, al final la recurrencia de ese mal, producto de una anomalía vascular congénita, le ocasionó su fallecimiento el 17 de marzo de 1999, sin haber podido lograr su deseo póstumo de regresar a su querida Venezuela.

Fueron muchas las condecoraciones y reconocimientos internacionales que recibió el doctor Fernández Morán por sus relevantes aportes científicos. A la medalla y diploma de la Nasa (1979), se agregan, entre otras, la Copa de Plata Segamore  de MIT (1979), la Medalla Conmemorativa del Bicentenario de los Estados Unidos por servicios a la humanidad (1978), Collar de la Estrella Polar, otorgada por el Rey de Suecia (1952), el Premio John Scott (1967). 

Cabe resaltar que en Estados Unidos se le propuso su candidatura al Premio Nobel por ese país, oferta que rechazó porque debía previamente renunciar a la nacionalidad venezolana, lo que nunca estuvo dispuesto a hacer. Humberto Fernández Morán fue un prócer de la ciencia moderna, un marabino del mundo que por su valioso aporte a la medicina y a la ciencia merece que se le rinda el reconocimiento y el homenaje que Venezuela le adeuda.

José Ignacio Moreno León 
jmoreno@unimet.edu.ve
Director General del Celaup
Universidad Metropolitana
http://www.unimet.edu.ve/celaup
@caratula2000



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