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José Gregorio: La causa de Venezuela
Tal día como ayer, el domingo 29 de junio de 1919, hizo su tránsito a la eternidad y a la gloria José Gregorio Hernández, el Médico de los Pobres. Tenía 55 años y estaba cumpliendo ese día 31 años de haber obtenido su título en la Universidad Central como el más brillante estudiante de medicina de esa casa de estudios superiores.
Fue en un trágico accidente automovilístico acontecido en Caracas, en la esquina de Amadores, en La Pastora, cuando salía de la farmacia del lugar a llevar una medicina que había adquirido para una de sus humildes pacientes. Un día antes había dictado lo que sería su última clase en la Escuela de Medicina de su Alma Mater, y en la cual se había desempeñado durante más de 23 años como excelente académico e investigador y titular de las cátedras de Histología, Fisiología, Bacteriología y Parasitología.

Tal y como lo señala el doctor Miguel Yaber -uno de sus más calificados biógrafos- en el ámbito académico y científico, el doctor José Gregorio Hernández fue pionero en la transformación de los estudios médicos y en la investigación en la medicina en nuestro país, contribuyendo activamente en el inicio del proceso de la modernización de la medicina venezolana, habiendo sido fundador de varias cátedras de especialización en esos estudios en una Facultad de Medicina de Caracas que, desde su creación en 1827, por José María Vargas y hasta que se incorporó el impulso renovador del doctor Hernández, había tenido poco progreso (1). Fundador de los estudios experimentales de bacteriología y de fisiología, de la primera cátedra de bacteriología establecida en América y promotor de la medicina experimental en nuestro país. Sus importantes aportes académicos y científicos los compartió con otros notables colegas de la Escuela de Medicina como lo fueron Luis Razetti, Francisco A. Riqueza y Santos Dominici. Entre los alumnos más destacados que se beneficiaron de sus enseñanzas figuran nombres de excelentes profesionales que recoge la historia de la medicina venezolana, como lo fueron, entre otros, los doctores Domingo Luciani, Pastor Oropeza, Franz Conde Jahn, Pedro del Corral y Martín Vegas. En su pionera labor como impulsor de la medicina moderna en nuestro país, Hernández fue igualmente académico co-fundador de la Academia Nacional de Medicina, decretada en abril de 1904.

Pero la trayectoria profesional de José Gregorio Hernández no se limitó a sus estudios y ejercicio como médico en Venezuela, ya que recién graduado y por sus cualidades morales y excelentes calificaciones fue becado por el gobierno de entonces para realizar estudios de especialización durante dos años en Francia, Alemania y España, habiéndose destacado con sólo 25 años, como brillante alumno bajo la tutela de eminentes científicos como lo fueron Mathias Duval, el profesor Isidore Strauss, el profesor Charles Richet y en Madrid, según relata el doctor Yaber, asistió a lecciones del reconocido científico español, padre de la Histología moderna, Santiago Ramón y Cajal. Durante esos estudios de especialización recibió importantes reconocimientos de sus famosos tutores, entre ellos la medalla de honor como el mejor médico alumno de la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina de París, impuesta por el jefe de dicha cátedra Isidore Strauss.

José Gregorio Hernández se destacó además por notables aportes en el campo filosófico, estético y literario, reflejados en su ensayo Elementos de Filosofía de 1912 y cinco obras sobre temas religiosos, bellas artes, biografías y de cuentos breves. Pero por sobre todo fue un profesional universitario de profundos principios cristianos y valores éticos que, en permanente búsqueda de perfección cristiana, trató en tres ocasiones de seguir la carrera sacerdotal, lo que no pudo concretar por impedimentos de salud. Un humilde venezolano que a través de su apostolado y responsabilidad social en el ejercicio de la medicina enseñó cómo ayudar a los pobres sin manipular la pobreza.

Su muerte constituyó una de las más sentidas y numerosas manifestaciones de duelo nacional, por ello, recordando el paso de la multitud de caraqueños de todas las representaciones que lo llevaron en hombros desde la Catedral Metropolitana hasta el Cementerio General del Sur, el entonces joven escritor Rómulo Gallegos escribió un sentido artículo que fue publicado en un periódico caraqueño y en el cual expresaba “...no era un muerto a quién se llevaba a enterrar, era un ideal humano que pasaba en triunfo, electrizándonos los corazones; puede asegurarse que en pos del féretro del doctor Hernández todos experimentábamos el deseo de ser buenos...”.

La vocación universitaria del doctor Hernández la supo interpretar a cabalidad el ex - presidente Rafael Caldera al referirse en uno de sus discursos a la trayectoria profesional de José Gregorio Hernández, señalando que: “...su universidad fue podríamos decirlo con frase actualizada, pero encendida en la más noble de las acepciones: La Universidad al servicio del Pueblo”. 

Por haber vivido su compromiso cristiano y practicado las virtudes en grado heroico, José Gregorio Hernández fue declarado en enero de 1986 por el Papa Juan Pablo II, Venerable y está firmemente en marcha su proceso de beatificación para convertirse en el primer santo venezolano. Este noble médico trujillano está sembrado en el corazón del pueblo y la causa de su beatificación se está convirtiendo en La causa de Venezuela, en tiempos en que nuestra patria tanto requiere de exaltar la obra y trayectoria de sus ciudadanos ejemplares y de fortalecer sus valores y principios para lograr el concurso comunitario de todos a fin de construir un mejor destino para nuestro país, en un entorno de sólidos principios éticos, de justicia y paz social.



(1) Miguel Yaber, José Gregorio Hernández, Ediciones Opsu, Caracas, 26 octubre 2004.

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