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La ética otra vez: el caso Volkswagen
El escándalo se produjo cuando el presidente de la VW reconoció esa trampa ambiental
El fraude ecológico cometido recientemente por los ejecutivos del consorcio automotriz Volkswagen, icono de la ingeniería alemana y la más importante empresa en ventas de automóviles a nivel mundial, nos vuelve a plantear el tema del déficit de ética en los negocios y en el proceso de la globalización contemporánea. 

En efecto, este escándalo empresarial, tal y como sucedió en los casos de Enrom, Worldcom, Parmalat y la crisis  bursátil de Wall Street, a finales de los años 80, refleja-de nuevo- los peligros de una acentuada visión economicista y crematística de los negocios en donde privan  los criterios extremos de competitividad y conquista de los mercados globales, por encima de los principios éticos y otras consideraciones morales que deben ser prioritarias para darle sentido humano al progreso, y lograr una globalización compartida y una economía deslastrada  de los vicios del fundamentalismo del mercado y para que el desarrollo humano avance en armonía con la preservación del medio ambiente.

Obviamente esos principios éticos, valores morales y ambientales que deben ser guía de una empresa responsable y con visión global, no estuvieron presentes en los ejecutivos y técnicos de VW, la gran corporación automotriz alemana -también dueña de Audi y Porsche- que,  ya para mediados de este año, había superado a la gigante japonesa Toyota en el liderazgo mundial de ventas de automóviles, con 5,04 millones de vehículos vendidos, mientras que Toyota vendió 5,02. Y es que en el caso Volkswagen no es la primera vez que esta empresa es señalada por malas prácticas en el manejo del negocio. Creada en 1937, durante el régimen Nazi, la Volkswagen tuvo un oscuro desarrollo cuando el mismo fue asignado al llamado “Frente Alemán del Trabajo”, organización laboral promovida por Hitler y sus secuaces para reemplazar las tradicionales organizaciones laborales de la Alemania de la época. El objetivo inicial de la empresa fue la producción de un vehículo popular -de allí viene su nombre de Volkswagen que traduce en español como automóvil del pueblo- para competir con la producción de un vehículo similar que estaba produciendo Ford y Mercedes Benz. En plena guerra mundial, el régimen Nazi impulsó la producción masiva del conocido escarabajo que llego a ser un pequeño vehículo emblemático del siglo pasado, pero en cuya fabricación se utilizo mano de obra sometida a terribles condiciones laborales que en ocasión llegaron a ocasionar la muerte de trabajadores, la mayoría de los cuales eran extranjeros sometidos a un régimen casi esclavizante; lo que posteriormente fue denunciado por sobrevivientes del Holocausto, quienes en 1988 lograron que la empresa estableciera un fondo de ayuda humanitaria para los sobrevivientes de ese régimen genocida.

Como señalaron algunos medios, en 2005 la Volkswagen protagonizó en Alemania un gran escándalo de corrupción con ribetes sexuales, al descubrirse que importantes ejecutivos de la misma, quienes además desempeñaban cargos públicos, pagaron ilegalmente a miembros del Consejo Federal por el apoyo para realizar cambios laborales y despidos de trabajadores, con el agravante que esos sobornos se financiaron con servicios de prostitutas cancelados con dinero de la empresa. Pero, el caso que se desarrolla en la actualidad ha provocado la renuncia del presidente del consorcio VW y las repercusiones del mismo están siendo globales, pues se trata de un fraude que se venía cometiendo desde hace más de un año, a fin de evadir las normas de control de la contaminación ambiental que generan los vehículo con motores de combustión a diesel. 

El fraude consistía en la instalación de un dispositivo software colocado dentro de estos motores para disimular los niveles contaminantes de las emisiones de los gases de escape, cuando el vehículo está siendo sometido por las autoridades ambientales a la medición de dichas emisiones, pero el cuál se desactiva cuándo el vehículo entra en plena marcha en carreteras y genera niveles reales y mayores de gases contaminantes. Al descubrirse recientemente la trampa por una organización ecologista que hizo mediciones en condiciones reales de circulación de estos vehículos, con el apoyo de la Universidad de West Virginia, se pudo constatar que los modelo Volkswagen Jetta y el Passatt generan emisiones contaminantes de dióxido de carbono que superan entre 10 y 40 veces las normas ambientales establecidas por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.

El escándalo -que se hizo público el 22 de septiembre- se produjo cuando el presidente de la VW reconoció que esa trampa ambiental se había colocado en 11 millones de vehículos del consorcio con motores diesel, de los cuales , además de los VW Jetta y Pasatt, incluyen 3,5 millones de  Audi A1, A3, A4, A5, A6, TT, Q3 y Q5 y varios modelos de Skoda y Seat. Todo lo cual ha provocado que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos haya iniciado un juicio contra la empresa, que podría alcanzar penas pecuniarias cercanas a 18 millones de dólares, además de otras demandas que están surgiendo en otros países, lo que está teniendo un fuerte impacto negativo sobre sus cotizaciones bursátiles, convirtiéndose esta en la peor crisis de una empresa alemana que ha sido emblemática de la ingeniería automotriz de ese país. Por lo anterior ya el gobierno alemán, en resguardo del prestigio del emblema “Hecho en Alemania” y de su reconocido modelo de economía social y ecológica de mercado, ha procedido ha iniciar las acciones legales y de política para superar las graves consecuencias del manejo antiético y negligente de una de las empresas líderes de la economía global.

José Ignacio Moreno León
Faces-Celaup
Universidad Metropolitana


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