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La historia como testigo: el fascismo / I
Surgen regímenes tiránicos y caudillos cuyas nefastas experiencias tienden a repetirse
Se afirma que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces como la misma piedra. La historia ha sido testigo del surgimiento de regímenes tiránicos y caudillos mesiánicos, cuyas nefastas experiencias en ocasiones tienden a repetirse, por lo que se requiere de genuinos liderazgos y movimientos democráticos para impedir la repetición de esos males que mucho daño le han hecho a los pueblos que los han sufrido.  En esta primera entrega, nos vamos a referir al fascismo como autoritarismo derechista cuyas secuelas dejaron profunda huella en la Italia de la posguerra y, en el 16/05/2016, en este mismo espacio, comentaremos el caso de Velasco Alvarado, el caudillo militarista que lideró otro movimiento autoritario en el Perú, con rasgos similares al fascismo pero con una acentuada ideología marxista.

El fascismo surgió en Italia como consecuencia de la crisis económica y política que se generó en ese país, luego de la Primera Guerra Mundial y frente a la creciente amenaza comunista, aunque sus métodos de acción política y su carácter estatista, militarista y totalitario guardaron una estrecha similitud con los regímenes marxistas de  entonces.

Pero hablar del fascismo, es hablar de Benito Mussolini -Il Duce-, caudillo de este movimiento, desde sus orígenes, para quien la doctrina fascista tenía como fin impulsar la grandeza moral  y material del pueblo italiano mediante la reorganización nacional y política de una nación en profunda crisis. Mussolini promueve en Milán, en 1919 los Fasci Italiani di Combatimento, agrupaciones armadas que fueron el germen de Partido Nacional Fascista en 1920. Electo diputado en 1921 con el apoyo de esa organización, impulso la llamada “Marcha sobre Roma” el 28 de octubre de 1922, lo que forzó al Rey Víctor Manuel a formar un nuevo gobierno encabezado por Mussolini como Primer Ministro. Luego en 1926, fue autorizado a gobernar por decreto y mediante la llamada “La Ley Rocco”, en ese mismo año suprimió los partidos y organizaciones sindicales, dejando solo los de carácter fascista. Prohibió el derecho a huelga; estableció el salario mínimo y congeló alquileres. Estableció el asociacionismo como instrumento de control social. Creó grupos paramilitares para afiliar y adoctrinar a jóvenes y niños. Estableció el control del estado sobre la educación, incluyendo sobre los docentes con la obligación de promover los principios fascistas, al servicio de los cuales fueron sometidos todos los medios de comunicación y el sistema cultural italiano.

“Si estás conmigo eres un patriota, sino, eres un traidor y vende patria”. Con esta consigna Il Duce pretendió forzar la absoluta lealtad de todos los italianos. Pero igualmente en su régimen autoritario propició el ultranacionalismo y la supremacía castrense, insuflándole a lo militar la connotación épica y dándoles a los militares injerencia determinante en la gestión pública y como sostén del Estado, por encima de los ciudadanos. Por ello, en ese régimen -absolutamente militarista- los militares fueron beneficiados con montos desproporcionados de recursos y exagerados privilegios, fomentando en estos cuerpos castrenses la permisividad y discrecionalidad en su administración, que los llevó a tener un poder desproporcionado en el Estado Italiano, ya que Mussolini los utilizó, comprando su lealtad, como el arma más eficiente de su régimen para asegurar el control social. El régimen promovió el amiguismo y el compadrazgo para ganar lealtad incondicional en la función de gobierno, lo que generó una gestión pública con grandes escándalos de corrupción. Mussolini concebía a la sociedad italiana como una organización militar en la que no habría posibilidades de discrepancias ni disidencias, por lo que imponía la disciplina mediante la violencia y la fuerza, por medio de los grupos paramilitares de choque, los tristemente célebres “Camisas negras”, encargados de anular los movimientos y personas hostiles al régimen, incluyendo a socialistas, comunistas, anarquistas y demócratas.

En lo económico, Mussolini impulsó un Estado corporativo disolviendo las organizaciones empresariales y los sindicatos obreros, bajo la premisa de luchar contra el libre mercado y contra el colectivismo soviético. Se impulsó un fuerte control del Estado sobre el sector empresarial y una marcada intervención estatal en empresas públicas, dando prioridad a las grandes corporaciones y a la industria pesada. Se impulsaron campañas mediáticas para promover programas económicos y sociales, con connotaciones bélicas, tales como “la batalla del trigo” para impulsar ese cultivo; “la batalla de los nacimientos” para el crecimiento poblacional y “la batalla de la Lira” en defensa del valor de la moneda nacional.

El Estado fascista que se inició formalmente en 1922, se extinguió dos décadas más tarde, con la derrota de Italia al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el último refugio de la República Socialista de Italia -un mini estado títere de la Alemania Nazi- fue tomada por los aliados y Il Duce capturado y fusilado con su esposa por grupos de partisanos comunistas, en Villa Belmonte el 28 de abril de 1945. Sus cuerpos brutalmente maltratados, fueron colgados boca abajo al día siguiente, frente a una gasolinera en la plaza di Loreto en Milán. A siete décadas del ajusticiamiento de Mussolini y del colapso del fascismo y de la crisis social y política provocada por ese régimen, es prudente recordar que Italia pudo iniciar un exitoso proceso de reconstrucción nacional y de implantación democrática, con el apoyo de las fuerzas aliadas y la firme conducción del líder democratacristiano Alcides De Gasperi.

José Ignacio Moreno
jmoreno@unimet.edu.ve
Director general del Celaup
Universidad Metropolitana
http://www.unimet.edu.ve/celaup
Twitter: @caratula2000
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