diccionario de economía
 


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La justicia social y el desarrollo
“El concepto de justicia social ha sido manipulado para vender sistemas populistas”
En este mes se cumplen ocho años de la decisión de la Asamblea General de la ONU la cual, el 20 de febrero de 2007, proclamó el Día Mundial de la Justicia Social, como un llamado a los países miembros para erradicar la pobreza, promover el pleno empleo y trabajo decente, igualdad entre los sexos y acceso al bienestar social. Todos estos, programas orientados a impulsar el desarrollo con objetivos de Justicia Social. Para este organismo internacional, la Justicia Social se concibe como un principio fundamental para la convivencia pacífica y la prosperidad, dentro y entre las naciones, todo ello teniendo como meta la promoción del desarrollo y la dignidad humana para lograr una globalización equitativa. El 10 de junio de 2008, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), planteó igualmente el tema de la Justicia Social y la necesidad de promover la equidad en el proceso de globalización contemporánea, fundamentada en el trabajo decente y reafirmando la justicia social y el desarrollo social como condiciones indispensables para lograr la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, en un marco de respeto a los derechos humanos y de garantía de las libertades fundamentales. Para la Unesco, la promoción y el establecimiento de la justicia social está estrechamente vinculado con el desarrollo de la educación para el desarrollo sustentable, basado en los principios de justicia, equidad, participación y transparencia.

El concepto de justicia social, siempre ha estado arraigado en principios de la doctrina cristiana; y el origen del término se remonta a 1843 en un escrito del sacerdote de origen italiano, filósofo y teólogo Luigi Taparelli D’ Azeglio (1793-1862). Igualmente en las encíclicas y otros escritos de notables pontífices de la Iglesia Católica estos principios han sido tema recurrente. Así, el Papa Pío XI (1922.1939), llamado el “Papa de la Justicia Social” en su encíclica Quadragesimo Anno (1931) propone el tema de la reconstrucción del Orden Social, señalando que la libre competencia y el poder político sobre la economía no son capaces solos para dirigir la sociedad hacia el bien común, ambos -dice el Papa- necesitan de la Justicia Social como “principio rector”. Clama igualmente el Sumo Pontífice, por la dignidad humana de los trabajadores y el carácter social de la actividad económica, como principios de la justicia social, incluyendo la idea de la Justicia Social Internacional, como norma reguladora y humanizadora del proceso económico, haciendo referencia a la ganancia justa y a la justa distribución de la riqueza como medio para alcanzar el bien común. Pablo VI (1897-1978), el Papa Beato, acuñó la idea de que las relaciones entre los países ricos y los países pobres tienen que solventarse a través de la justicia social internacional y en su encíclica Populorum Progressia (26/3/1967) plantea la necesidad de promover el desarrollo solidario de la humanidad y el diálogo de las naciones, entendiendo que el camino de la paz pasa por el desarrollo pero sustentado en una economía puesta al servicio del hombre.

Para el Papa Francisco, la justicia social constituye el componente medular de una economía y de un desarrollo sostenible y con sentido humano. Pero aclara que, en ocasiones, el concepto de justicia social ha sido manipulado políticamente para vender sistemas populistas, que al final, convergen en regímenes autoritarios, violadores de los derechos humanos y manipuladores de la pobreza como forma de conservar el poder. En América Latina, el ejemplo más relevante lo constituyó el régimen justicialista de Juan Domingo Perón, de cuyas secuelas aún padece la Argentina actual. Quizás por esa experiencia, es que este Papa argentino, plantea un concepto renovado de la justicia social que se separa del criterio tradicional de redistribución de la riqueza para acentuar la idea de la construcción de un orden social eficiente en la reducción de la pobreza que combata la corrupción, respete la propiedad privada y elimine los vicios del liberalismo económico. Por ello, Bergoglio señala que la justicia social debe promoverse sin caer en “la tentación del paternalismo protector de los pobres que en última instancia no los deja crecer” y genera los vicios del populismo, y señala que la Iglesia no solo está en contra del comunismo, sino también en contra del liberalismo económico salvaje.

En su primera Exhortación Apostólica, “La Alegría del Evangelio” (26/11/2013), Francisco hace duras críticas al individualismo y al consumismo como vicios de la sociedad contemporánea y denuncia la desigualdad y la exclusión social como generadoras de violencia. Critica además a quienes viven de la idolatría del dinero y la corrupción; además clama por una reforma financiera global que no ignore la ética. Al señalar en ese notable documento, de gran actualidad, que la inequidad es la raíz de los males sociales, este Papa latinoamericano rechaza la economía de la exclusión y la inequidad; para él “esa economía mata”. Por eso, advierte mientras que no se resuelvan las causas estructurales de la inequidad, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera, no se resolverán los problemas del mundo.

No hay dudas que la justicia social debe ser objetivo fundamental del desarrollo para que éste tenga sentido humano. Por ello, en la crítica coyuntura que vive Venezuela, frente al colapso de un modelo socio económico populista y rentista, los criterios papales y en especial del Papa Francisco, representan un valioso marco conceptual para la construcción del nuevo modelo de desarrollo que el país requiere -con urgencia- para alcanzar el progreso con genuino sentido humano.

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