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Pol Pot: 90 años del nacimiento de un monstruo
“A los niños, separados de sus padres, se les adoctrinaba como espías para que denunciaran”
La historia humana ha estado manchada con la huella macabra dejada   por caudillos genocidas que, con sus complejos, ansias de dominio y nefastas ideologías arrasaron con multitudes de seres humanos. En ese malévolo conjunto de tiranos destacan, entre otros,  Kim II Sung, sátrapa de Korea del Norte, quien durante su dictadura provocó el asesinato de 1.6 millones de north coreanos a quienes consideraba opositores a su régimen; Adolf Hitler, líder del Tercer Reich quién en su loco intento por establecer el nacionalismo socialista provocó la muerte de 6 millones de hebreos, más de 70% de la población judía en Europa; Josef Stanlin, el dictador comunista ruso, auspiciante de la muerte de cerca de 23 millones de personas. Mao Tse-Tung encabeza la lista de los genocidas con su esquizofrénica revolución cultural causante de la muerte de 70 millones de chinos. En este grupo de genocidas no se puede excluir a Saloth Sar, mejor conocido como Pol Pot quien, de no  haber muerto el 15 de abril de 1998, mañana estaría cumpliendo 90 años y quien fuera el sanguinario psicópata que estableció en su país, Camboya, un régimen de horror que, entre 1975 y 1979 diezmó un tercio de la población camboyana.

Pol Pot fue un perverso resentido social, alimentado con las ideas comunistas y maoístas de su época quien, siendo joven y, luego de su fracaso como estudiante becado en París, regreso a Camboya y se incorporó al clandestino partido comunista, profundizando sus conocimientos en las teorías marxistas-leninistas y en las predicas de rechazó a  la propiedad privada, la promoción de la lucha de clases y el odio al capitalismo. Todos estos principios totalitarios los potencio, luego de un viaje a China en 1965, entusiasmado con las ideas de la “revolución cultural” y los demás programas maoístas del llamado “salto adelante” para la construcción del “hombre nuevo”. Fue así como, convencido de que podía aplicar esa ideas en su país, Pol Pot creó un ejército guerrillero de 700.000 milicianos-los Jemeres Rojos- para la toma del poder y como estrategia para, según él, reescribir la historia de su país, desechando todo lo del pasado para empezar su proyecto totalitario por “el año cero”, luego del derrocamiento del gobierno establecido y reconstruir su país sobre esos absurdos principios de ingeniería social. Fue así como Pol Pot, al tomar el poder y usando como brazo armado esos sanguinarios  Jemeres Rojos, llevo a cabo su esquizofrénica tarea de exterminio, emprendiendo un drástico proceso de destrucción de todas las manifestaciones de una ciudad moderna. A la llegada de las tropas rebeldes a Phnom Penh, la capital de Camboya, los Jemeres Rojos procedieron a evacuar por la fuerza la ciudad generando la movilización de 2 millones de personas en un éxodo a pie y en carros de bueyes, incluyendo niños, ancianos y enfermos, algunos de los cuales, al no poder resistir esa marcha forzada quedaron sin vida en los caminos. Había empezado así el horror y la terrible pesadilla que marcó el régimen de Pol Pot, quien proclamó el surgimiento de la Kampuchea Democrática como nuevo nombre de Camboya- es irónico como estos regímenes autoritarios y violadores de los desechos humanos tratan siempre de disimular sus fechorías autoritarias con la etiqueta de democráticos.

Pol Pot igualmente comenzó a eliminar todos los elementos representativos del capitalismo, ordenando la destrucción de vehículos, bibliotecas, todo tipo de fábricas, y llegando a la insania de prohibir el uso de los medicamentos existentes ya que, según él, su régimen, apoyado en la sabiduría popular (?) podía producir las nuevas medicinas para “el hombre nuevo”. A ello agregó la eliminación de altos funcionarios y militares del régimen anterior, de los integrantes de la intelectualidad del país, a quienes considero elementos subversivos y un lastre para la nueva sociedad. Así, con bestiales métodos de tortura y exterminio, asesino a profesores, abogados, médicos, otros profesionales, a quienes hablaban un segundo idioma, e inclusive a quienes portaban anteojos por considerarlo síntoma de veleidad intelectual. Igualmente el régimen emprendió una bestial persecución y exterminio contra los ciudadanos que si no se incorporaban a la guerrilla se obligaban a trabajos forzados en los arrozales en jornadas hasta de 14 horas. Las familias fueron diezmadas y a los niños, separados de sus padres, se les adoctrinaba como espías para que denunciaran a sus mayores por cualquier acción que consideraban que afectaba al régimen. Se extinguió  violentamente la propiedad privada, en grado extremo, y a nadie se le reconocía ningún bien propio, incluyendo la ropa. Todo esto produjo una gran crisis económica por las extremas ineficiencias del gobierno, lo cual causó grandes hambrunas, racionamiento de alimentos y muchas muertes que se acumularon a los más de dos millones de víctimas de esta satrapía comunista y sus milicias durante los 44 meses que se mantuvo Pol Pot en el poder.

A 90 años del nacimiento de este monstruo, pareciera que aún persisten en la sociedad contemporánea amagos de esos caudillos que, con viejas ideas totalitarias pretenden someter a sus pueblos a esos sistemas absolutistas, violadores de derechos humanos que solo generan colapso económico, miseria y muerte en los pueblos que lo sufren. El antídoto contra estas latentes amenazas ha empezado a configurarse en la sociedad global actual gracias a nuevas instituciones internacionales, redes sociales y una mayor educación democrática de los ciudadanos, capaces de construir sólidas barreras frente a esas amenazas totalitarias y genocidas.

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