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Universidades de excelencia y el rezago latinoamericano
El ranking de Shanghai que evalúa anualmente las universidades a nivel mundial, acaba de hacer público los resultados de la medición de excelencia educativa para el presente año.
 Esta institución reconocida como la precursora y más confiable de las dedicadas a medir la calidad de las universidades, ha venido realizando esta tarea desde hace 10 años a través del Center for World - Class Universities de la Shanghai Jiao Tong University, para distinguir a las 500 universidades de mayor prestigio a nivel global. Dicha clasificación se fundamenta en la evaluación del desempeño académico per capita, considerando la calidad de la educación impartida por la institución, la calidad de su cuerpo académico y el valor de la actividad de investigación medido por patentes registradas y publicaciones acreditadas por el Science Citation Idex-Expanded (Scie) y el Social Science Citation Index (Ssci). En estos criterios de selección son muy importantes los académicos con premios Nobel, los investigadores de prestigio y el nivel de inversión en programas de ciencia y tecnología de que disponga cada institución.

Las estadísticas del ranking de Shanghai 2013 ubican en la clasificación general a cuatro universidades de los Estados Unidos como las más reconocidas a nivel mundial: Harvard, Stanford, Berkeley y MIT. Igualmente señalan que entre las 20 más prestigiosas, 17 son de ese país y entre las 500 del ranking 149 son también de los Estados Unidos. Inglaterra que aparece con la Universidad de Cambridge como la quinta más prestigiosa del ranking y la de Oxford en el puesto 10, tiene 37 de sus instituciones de educación superior entre las 500 del ranking. Alemania tiene 38 universidades en ese grupo, cuatro están entre las primeras 100 y 14 entre las primeras 200. El otro país en América con importantes universidades de prestigio es Canadá con cuatro entre las primeras 100, con siete entre las mejores 200 y 23 entre las 500 del ranking.

Entre los países asiáticos de gran nivel de desarrollo, alcanzado especialmente en las últimas décadas, destacan China con siete universidades en el grupo de las primeras 200, y 42 entre las 500 de esta clasificación. Japón tiene tres universidades entre las primeras 100, con nueve en el grupo de las 200 y 20 entre las 500 mejores. Corea del Sur tiene una de sus universidades entre las 200 mejores y 11 en el grupo de las 500. Por su parte Singapur, el joven y pequeño país asiático, emporio científico y tecnológico de extraordinario desarrollo en las últimas cinco décadas, tiene, con apenas cinco millones de habitantes, una universidad en el ranking de las 200 más importantes y dos en el grupo de las 500 de más prestigio global.

Frente a este listado anual de las 500 instituciones universitarias de mayor prestigio en el mundo, la gran mayoría de ellas en países de gran desarrollo y elevados niveles de calidad de vida, en el ranking no aparece ninguna universidad de América Latina entre las 100 mejores y la región registra sólo tres universidades entre las 200 de mayor prestigio y apenas 10 en el grupo de las 500, distribuidas así: Brasil una entre las 200, y seis entre las 500, México y Argentina con sólo una cada país entre las 200 y Chile con apenas dos entre las 500 mejores. Estos pobres resultados frente a las demandas de la Sociedad de la Información y el Conocimiento que caracteriza los tiempos que estamos viviendo, en los que nuevos conocimientos y los avances tecnológicos son los factores claves para impulsar el desarrollo, representan un gran reto de cambios para la región, ya que el ineficiente desempeño de la gran mayoría de sus instituciones universitarias, víctimas del populismo y de erróneas políticas educativas, es coincidente con el notorio rezago en el proceso de desarrollo de estos países, lo que contrasta, como lo hemos señalado en escritos anteriores, con los grandes avances de otras naciones que en los últimos tiempos se han empeñado en promover sistemas educativos de excelencia, con énfasis en la educación superior como palanca fundamental de sus exitosos procesos de desarrollo, esos son los casos -entre otros- de los países asiáticos ya referidos: China, Japón, Corea del Sur y Singapur.

El ranking de Shanghai 2013 nos debe servir de referencia en el análisis de la crisis que viven las universidades venezolanas como consecuencia de las erráticas políticas educativas que, como hemos señalado, son reflejo de lo que acontece en otros países latinoamericanos, cuyos gobiernos no terminan de entender que, frente a las nuevas realidades globales que están surgiendo al ritmo de la revolución científica y tecnológica más profunda de todos los tiempos, no es posible alcanzar el progreso sostenido y no rentista, sin una educación de excelencia y sin un esfuerzo decidido para apoyar con los recursos adecuados y como lo han hecho los países exitosos, la investigación, el desarrollo tecnológico y el emprendimiento, como programas prioritarios de las instituciones universitarias.

jmoreno@unimet.edu.ve

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