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Citgo a la luz de las nuevas realidades
En el último mes, se ha establecido un intenso debate sobre la conveniencia o no de la venta de la empresa
Muchos argumentos presentados tienen fuertes tintes políticos, y en buena medida han sido superados por las circunstancias. Veamos.

El viejo debate entre neoliberales y socialistas

La compra de Citgo -entre 1986 y 1990- se realizó siguiendo cinco premisas: 1 Pdvsa debía transformarse en una empresa energética global, lo cual implicaba ir más allá de la producción de petróleo en Venezuela; 2 Pdvsa aumentaría su producción desde 3,5 millones de barriles diarios (Mmbd) hasta 7 Mmbd, sin mayor consideración a la cuota Opep; 3 Las reservas petroleras venezolanas están compuestas mayoritariamente por crudos pesados (83%), con alto contenido de azufre y metales, por lo cual Pdvsa debía adquirir capacidad para procesarlos, en un mercado con pocas refinerías complejas; 4 La adquisición de refinerías en el exterior fortalecía la seguridad energética de Venezuela, garantizando demanda en un mercado rentable y cercano como EEUU, recordando las restricciones a las importaciones de crudo venezolano desde 1959 hasta 1973; 5 Esto convertía en especial a la relación EEUU-Venezuela, proporcionando influencia en Washington.

El actual Gobernador venezolano en la Opep, Bernard Mommer, junto al mexicano Juan Carlos Boué, realizaron críticas a esta política -que posteriormente se denominó “Apertura Petrolera”-, y en especial, a la compra de Citgo: 1 Venta de crudo venezolano con descuentos entre 2 $/Bl y 3 $/Bl; 2 Compra de crudo mexicano y canadiense para satisfacer parte de la dieta de Citgo; 3 Utilización de los activos en el exterior como justificación de una política volumétrica contraria a la Opep; 4 Sustracción de parte de la renta petrolera que era invertida en EEUU fuera del control del Estado venezolano; 5 Citgo no arrojaba dividendos. Mommer y Boué se convirteron en asesores de Alí Rodríguez y el presidente Chávez, quienes apostaron por la Opep para rescatar los precios del petróleo y subrayaron el rol de Pdvsa como empresa petrolera nacional. En este marco, se eliminaron los descuentos a Citgo, se vendieron dos de sus refinerías en 2007 -Paulsboro y Savannah, lo cual se sumó a la venta forzada de 41% en Lyondell por incumplimiento de suministros-, y se culminó la relación con la red de estaciones de servicio 7 Eleven. Además, se ordenó a Citgo arrojar dividendos, por cuyo concepto se han obtenido 9.350 millones de dólares desde 1999.

Nuevas realidades

Hoy por hoy, la dimensión de Citgo ha sido reducida, se han eliminado los descuentos y produce dividendos. De sus tres refinerías, sólo Lemont de 167 mil barriles diarios (MBD), no procesa crudo venezolano. Además, la importancia del mercado estadounidense para nuestras exportaciones ha sido racionalizada, pasando de 58% en 2000 a 35% en 2014 -aumentando Asia a 43% y América Latina a 18%. En consecuencia, el viejo debate en torno a Citgo ha sido superado y su posible venta no luce conveniente a la luz de las nuevas realidades.

En segundo lugar, el Plan Siembra Petrolera plantea aumentar paulatinamente la producción de Pdvsa hasta 6 Mmbd, en concordancia con la Opep. Todo esto apalancado en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, con una estrategia de mejoramiento y dilución que implica transformar el crudo extrapesado (8 °API) en crudos tipo Merey (16 °API) y Leona (22 °API). Para colocar estos crudos en el mercado mundial, se requieren refinerías complejas como las otras dos refinerías de Citgo, Lake Charles y Corpus Christi, que no abundan. En este sentido, Citgo es compatible con la nueva internacionalización diseñada por Pdvsa que busca colocar crudos de manera diversificada, y construir nuevas refinerías en América Latina y Asia -donde destacan Jie Yang, Weihai y Shanghai en China.

En tercer lugar, sería un error perder la participación y el valor de marca de Citgo en un mercado tan incierto como el de EEUU actualmente -con la Revolución de Esquistos, el desarrollo de las arenas bituminosas de Canadá que se puede potenciar con el oleoducto Keystone XL, y la Reforma Energética en México-, lo cual concentraría aún más nuestra apuesta por la carta china.

En cuarto lugar, la venta de Citgo en el mejor de los casos puede proporcionar alrededor de ocho millardos de dólares. Con este dinero no se podría construir un nuevo mejorador de 400 MBD en la Faja, cuyo costo se encuentra en 12 millardos; y si se utiliza para gasto corriente implicaría una pérdida patrimonial para el país.

Finalmente, Citgo como noveno refinador en EEUU -750 MBD- es un punto de apoyo valioso para influir políticamente en la primera potencia mundial. En los momentos más bajos de la relación con EEUU en la Era Bush, el presidente Chávez utilizó Citgo para desplegar un fuerte cabildeo en Washington e inauguró el programa de combustible para la calefacción de hogares pobres junto a Citizens Energy dirigida por Joe Kennedy, lo cual le permitió construir interlocutores en el Partido Demócrata y apalancar el llamado Grupo de Boston -que buscaba rescatar el diálogo y la cooperación bilateral. Incluso Citgo apoyó la difícil campaña de Obama en 2008 -respaldado por el clan Kennedy contra Hillary Clinton-, quien ha desplegado una política de búsqueda de compromiso (engagement policy) hacia Venezuela desde su llegada a la Casa Blanca. Esto puede ser clave para negociar con ConocoPhillips y ExxonMobil que tienen litigios abiertos contra Venezuela, mitigando así riesgos de embargo a Citgo y otros activos de PDV America, Inc. Recordemos que la Administración Obama tiene poder de veto sobre cualquier transacción que involucre Citgo a través de diferentes comisiones regulatorias.

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