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Debilidades de una propuesta
A Leopoldo López
Entre octubre y diciembre de 2013, el dirigente político Leopoldo López ha publicado varios artículos en el diario El Nacional titulados “Venezuela y el petróleo”, donde ha expuesto su visión sobre una política petrolera alternativa: 1 “Plantearnos ser el principal productor y exportador de petróleo del Mundo”. Para ello, propone en primer lugar la meta de “duplicar nuestra producción petrolera en un plazo de seis años. Con ello podríamos triplicar los ingresos y generar diversificación de la economía”; 2 “Democratizar el negocio petrolero (…) se trata de abrir la industria a la participación de los venezolanos”; 3 Creación del fondo solidario para la atención de la pobreza y la seguridad social; 4 Desarrollo de la industria aguas abajo, la petroquímica y el sector no petrolero; 5 Diversificar fuentes de energía y garantizar un equilibrio con el ambiente. 

Con esta suerte de nuevo “pentágono petrolero”, López ha intentado infructuosamente posicionarse como un político conocedor del petróleo como negocio nacional: un Estadista.

En todos sus artículos destaca su apuesta agresiva por una política petrolera volumétrica, que no toma en cuenta las realidades del panorama del mercado petrolero internacional y la situación petrolera actual de Venezuela. En definitiva, ha presentado una propuesta petrolera poco realista y riesgosa. 

Partiendo de la premisa que Rusia y Arabia Saudita -primeros productores mundiales- mantengan su producción actual invariable en 10,5 millones de barriles diarios (MMBD) y 9,7 MMBD respectivamente, y que Venezuela produce actualmente 2,8 MMBD; lo que nos plantea López es lo siguiente: alcanzar 6 MMBD en 2019 -objetivo idéntico al Plan Siembra Petrolera- y 11 MMBD en 2025. 

Si tomamos en cuenta el panorama del mercado petrolero siguiendo el último informe de perspectivas petroleras mundiales que publica anualmente la Opep, la demanda del crudo del grupo descenderá desde 30 MMBD en 2013 hasta 29,2 MMBD en 2015; para luego recuperarse muy lentamente hasta alcanzar 29,9 MMBD en 2020 y 32,3 MMBD en 2025. La primera pregunta para López sería: ¿cómo llegar a los niveles que plantea si Venezuela tiene una cuota de producción Opep de 3,01 MMBD? Es decir, los pronósticos de mercado indican que Venezuela tendría una cuota similar a la actual en 2019 y sólo podría aumentarla hasta alrededor de 3,3 MMBD en 2025. Por consiguiente, hoy por hoy, ni siquiera existe espacio para el actual plan de producción de Pdvsa centrado en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) -donde se encuentran nuestras mayores reservas-, mucho menos para las desproporcionadas metas de López.

Otra posibilidad sería incumplir la cuota Opep: ¿Acaso propone esto López? En este sentido, Venezuela se convertiría en parte del problema de cohesión que se está planteando dentro del grupo, habida cuenta de los deseos de Irak e Irán de elevar su producción, la rivalidad geopolítica entre Irán y Arabia Saudita y un eventual retorno de Libia a los niveles anteriores a la guerra civil de 2011. En consecuencia, la política planteada por López podría hundir los precios. Dicho de otro modo, un aumento de la producción en el actual contexto en modo alguno “triplicaría los ingresos”. Esto ya sucedió en los años noventa, cuando se violaron las cuotas Opep en plena Crisis Asiática, y el precio del barril llegó a 7 dólares. Al requerir Venezuela $90 por barril para lograr equilibrio fiscal, una caída de precios por debajo de este nivel generaría dificultades para impulsar la industrialización y financiar programas sociales como propone López en sus otros objetivos. 

Por otra parte, cabe destacar que para hacer rentable un nuevo proyecto de crudos extrapesados de la FPO, se requieren precios del barril de $50. Es decir, si aumentamos producción ignorando el mercado, implicaría gozar de la flor de un día, ya que tendrían que cerrarse proyectos en la FPO al retroceder los precios.

Además, cada nuevo mejorador en la FPO requiere una inversión de $12.000 millones y seis años de construcción, para agregar 400 mil barriles diarios de capacidad que podría duplicarse con dilución. Es decir, se requerirían nueve mejoradores y esfuerzo en áreas tradicionales para alcanzar una meta tan lejana como 11 MMBD. Esto es sencillamente inmanejable para Pdvsa ni siquiera en 12 años, y generaría inflación, mayor dependencia del petróleo -no diversificación-, así como recalentamiento por una inyección tan masiva de inversiones. Todo esto sin tomar en cuenta el grave daño ecológico que podría ocasionarse en el Orinoco, lo cual colidiría con el último objetivo de López.

Por último, debemos tener en cuenta que Pdvsa continúa con debilidades en materia de recursos humanos y gestión de proyectos después del paro petrolero. ¿Cómo aumentar producción tan rápidamente sin tomar en cuenta esta realidad? Ni siquiera haciendo necesarias reformas al actual modelo de empresas mixtas para alentar las inversiones, sería suficiente. ¿Acaso plantea López una nueva apertura petrolera detrás de la frase “democratizar el petróleo”? No sería una política atinada, ya que la historia nos muestra que la industria petrolera presenta altos costos fijos y bajos costos variables, lo que favorece las economías de escala -en lugar de la competencia-, y por ello pasamos del dominio de las Siete Hermanas al rol determinante de la Opep y las empresas nacionales. 

En definitiva, López requiere mejores asesores en materia petrolera. Lo correcto es impulsar una política petrolera equilibrada que preserve la Opep como una organización al servicio de los intereses nacionales; que fomente el diálogo y cooperación entre productores y consumidores; que aumente nuestra producción gradualmente sin afectar la estabilidad de los precios para valorizar nuestros recursos no renovables; que fomente la producción y consumo limpio del petróleo; sin que todo esto deteriore la economía mundial o genere incentivos para una sustitución del petróleo como principal fuente energética. 

La Opep fue fundada por dos socialdemócratas como Betancourt y Pérez Alfonzo, y fue reactivada por dos socialistas como Chávez y Rodríguez Araque, por lo cual su defensa debería gozar de amplio consenso entre todas las fuerzas políticas. Desconocer esto por utopía, esnobismo o simple vanagloria, resulta peligroso.

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