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El legado petrolero del Rey Abdullah
No deben esperarse grandes cambios en la política petrolera con el nuevo Rey Salman
El pasado 23 de enero, falleció el sexto monarca de la historia de Arabia Saudita, Abdullah bin Abdulaziz Al-Saud. Su legado petrolero comprende una larga y bien gestionada bonanza petrolera, que tomó en cuenta la naturaleza de la industria y el comportamiento cíclico de los precios del petróleo.

El Rey Abdullah tomó el poder efectivo en 1995, cuando su medio hermano el Rey Fahd quedó incapacitado por un accidente cerebrovascular, aunque su reinado comenzó oficialmente en 2005. Los precios del petróleo habían estado bajos durante una década, en buena parte porque Arabia Saudita se había cansado de defenderlos sin ayuda de sus socios Opep y decidió proteger su cuota de mercado en un contexto de debilidad de la demanda petrolera mundial y aumento de producción en el Mar del Norte. En diciembre de 1998, en el marco de la Crisis Asiática y una fuerte descoordinación de la Opep, el precio del crudo marcador Brent cayó aún más, cotizándose en un récord bajo puntual de 9,17 $/Bl. La deuda pública saudita alcanzó 130 millardos dólares en 1999, es decir, 120% de su PIB.

En agosto de 1995, el Ministro de Petróleo, Hisham Nazer -hombre del Rey Fahd-, fue reemplazado por el astuto Alí Al-Naimi, quien desde 1998 trabajó con el nuevo gobierno venezolano encabezado por Hugo Chávez, para recortar la producción de la Opep y rescatar los precios. En la II Cumbre de la Opep celebrada en Caracas en septiembre de 2000, tuve la oportunidad de ver por primera vez al entonces Príncipe heredero Abdullah con su túnica blanca con ribetes de oro, su ghutra tradicional rojiblanca, y sus espesos bigotes y barba de perilla teñidos. Allí, explicó los principios de su política petrolera “moderada y equilibrada”, que buscaba niveles de precios que hicieran rentable la industria petrolera, pero teniendo en cuenta el crecimiento de la economía mundial, la competencia de los productores No-Opep y la rentabilidad de las energías renovables. Es decir, le interesaba obtener buenos ingresos petroleros pero evitando una destrucción de demanda o propiciar una situación que dejara a Riad y la Opep sin una adecuada cuota de mercado; o en el peor de los casos, alentar una transición energética.

A partir de 2004, los precios del petróleo se dispararon debido al fuerte aumento de la demanda petrolera china, interrupciones de suministro y el impacto de la invasión de Irak. No obstante, el Rey Abdullah siempre insistió en la necesidad de estabilizar el mercado y apuntar a un precio objetivo razonable. En julio de 2008, cuando el precio del Brent se cotizó en un récord alto puntual de 147,5 $/Bl, el Rey Abdullah convocó una Reunión Ministerial de Países Productores y Consumidores en Jeddah. Allí le ví por segunda vez, en el cénit de su poder, impulsando el diálogo para abatir la volatilidad en el mercado petrolero. De hecho, esta reunión marcó el inicio de las negociaciones para el fortalecimiento del Foro Internacional de Energía, donde tuve el honor de representar a Venezuela; y el lanzamiento de su propuesta “Iniciativa de Energía para los Pobres”, a la cual proporcionó 500 millones de dólares para proyectos energéticos en países en desarrollo. 

Durante los 20 años que el Rey Abdullah lideró efectivamente a Arabia Saudita, las ganancias petroleras ajustadas por inflación ascendieron a 3,6 billones de dólares -2,7 billones desde 2005-, más que los 3 billones recibidos por todos los monarcas desde la fundación del Reino en 1932. Esto facilitó el despliegue de múltiples iniciativas reales -desde el apoyo a los aliados en Medio Oriente como Egipto, Bahréin y Yemen para frenar la Primavera Árabe; hasta el ingreso saudita en el G-20, la creación del Centro Internacional Rey Abdullah para el Diálogo Interreligioso e Intercultural (Kaiciid) en Viena, y la ampliación de los programas sociales para la población saudita. Por otra parte, impulsó el modelo de diversificación económica dirigida por el Estado, teniendo como mejor ejemplo la Ciudad Económica Rey Abdullah ubicada a orillas del Mar Rojo, con una inversión de 86 millardos de dólares. Además de todo esto, logró pagar la deuda pública y acumuló alrededor de 700 millardos de dólares en reservas internacionales.

Los últimos meses del Rey Abdullah fueron una repetición de sus inicios, con el petróleo cayendo y déficit en las cuentas públicas sauditas. Sin embargo, dejó una Arabia Saudita mejor preparada para enfrentar un período de precios moderados que puede durar dos o tres años. De hecho, la confianza de Riad en sus vastas reservas financieras le ha llevado a proseguir su política de defensa de cuota de mercado en lugar de niveles de precios, pudiendo soportar hasta ocho años la presente situación, mucho más que cualquier otro país petrolero.

Aunque el octogenario Alí Al-Naimi ha hablado de jubilación desde 2010, no hay razón para esperar grandes cambios en la política petrolera con el nuevo Rey Salman. Su hijo, el Príncipe Abdulaziz bin Salman, ha sido asistente del ministro Naimi desde 2005; y por tanto, entiende que aceptar precios moderados es una política acertada -aunque pueda resultar una dura medicina- frente al reto planteado por los esquistos y una débil demanda petrolera mundial. Después de caer hasta 60% desde junio de 2014 hasta enero de 2015, y tocar piso en 45 $/Bl, el Brent ha repuntado hasta estabilizarse alrededor de 60 $/Bl; ya que han surgido señales de que los rivales de la Opep, incluyendo los productores de esquistos en EEUU, tendrán que recortar. El ministro Naimi ha dicho recientemente que se encuentra satisfecho con esta evolución del mercado según su estrategia trazada, resistiendo los últimos llamados a una Reunión Ministerial Extraordinaria de la Opep realizados por funcionarios de Nigeria, Ecuador, Argelia y Venezuela. 

Sin duda, el legado petrolero del Rey Abdullah nos habla de prudencia, templanza y administración, siendo posible extraer del mismo enseñanzas para Venezuela.

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