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Los No Alineados en Porlamar
Más de un siglo después de la caída del muro de Berlín el Mnoal sigue en pie y alcanza 120 países
Hoy es la inauguración de la 17° Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), en Porlamar. En la reunión se discutirá una amplia gama de temas internacionales e Irán traspasará la presidencia trianual a Venezuela.

El Mnoal es uno de los más antiguos foros internacionales fundado en el apogeo de la Guerra Fría e inicialmente promovido por los estados afroasiáticos, siendo destacables la India de Nehru, el Egipto de Nasser y la Indonesia de Sukarno, los cuales accedían a la escena mundial tras sus luchas anticoloniales. Se reunieron en la mítica Conferencia de Bandung, en 1955, para acordar que el “neutralismo activo” sería el vértice de su inserción internacional. A estos países se suma posteriormente la Yugoslavia de Tito, que quería reafirmar su autonomía frente al puño de Stalin, y juntos decidieron fundar formalmente el Mnoal, en la Cumbre de Belgrado de 1961. El Mnoal permitió crear un tercer bando, equidistante de las superpotencias, EEUU y la URSS, flexibilizando las alianzas y dando una voz al Tercer Mundo. América Latina estuvo ausente en los inicios, salvo la Cuba de Fidel que vio en esta agrupación una alternativa diplomática para contrapesar su suspensión de la OEA en 1962. La presencia posterior de la región fue bastante fragmentada y de bajo perfil. De hecho, sólo Cuba (en 1979 y 2006), Colombia (en 1995) y ahora Venezuela, han ejercido la presidencia de la agrupación.

No obstante, al finalizar la Guerra Fría, la importancia del Mnoal declinó. La descolonización era un hecho consumado, los bloques político-ideológicos habían desaparecido y empezaba a hablarse de un aumento de la interdependencia económica y dividendo de la paz. Ante esta pérdida de su razón de ser inicial y los realineamientos estratégicos, países como Argentina abandonaron el Mnoal. En contracorriente, Venezuela ingresó en 1989, ya que Carlos Andrés Pérez consideró que era necesario fortalecer la autonomía del país frente al Nuevo Orden Mundial pregonado por George Bush (padre) con acento unipolar, aunque gestionado con dosis de realpolitik y multilateralismo.

Más de un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, el Mnoal sigue en pie y ha aumentado sus miembros hasta alcanzar 120 países. Aunque hay cierta unanimidad retórica acerca de la vigencia del movimiento, lo cierto es que existen muchas dudas sobre su relevancia en el siglo XXI. Con George Bush (hijo) y el lanzamiento de la guerra contra el terror tras el ataque del 11-S, parecía abrirse una nueva oportunidad para el Mnoal: la permanencia de la Otan la denuncia de la doctrina de guerra preventiva y los peligros de la unipolaridad. Empero, no hubo relanzamiento. Sin una carta que fortaleciera su funcionamiento con una secretaría, ni unas reglas claras que le permitieran participar en la resolución de conflictos y asumir tareas, el Mnoal ha devenido en una reliquia que se conforma con emitir largas declaraciones. También ha incursionado en la agenda económica donde muchos han querido ver su futuro, pero aquí no ha hecho otra cosa que duplicar esfuerzos que hace mejor el G-77.

El gran ausente

Hoy por hoy, cuando se ha puesto de moda hablar de transición a la multipolaridad, la cuestión es si el Mnoal sigue teniendo sentido. Más allá del discurso idealista sobre la democratización del sistema internacional, el Mnoal ni siquiera tiene la cohesión necesaria para proyectar un liderazgo colectivo, albergando en su seno rivales estratégicos y excluyendo importantes potencias emergentes. Su líder histórico y miembro de mayor peso geopolítico, India, está revisando su política exterior con la llamada “Doctrina Modi”, donde el Mnoal no parece tener cabida. Aunque formalmente la diplomacia india sigue valorando al Mnoal como “legado de Nehru”, Narendra Modi no asistirá a la Cumbre de Porlamar. Esta será la primera ocasión que un Primer Ministro de la India no asista a una Cumbre desde su fundación, a excepción del Primer Ministro interino Charan Singh, en 1979. Modi acaba de firmar un acuerdo de seguridad con EEUU y ha sido designado “socio mayor de defensa” -como Australia, Corea del Sur y Japón- lo cual implica para India acceso a tecnología militar estadounidense y mayor cooperación en materia de defensa. Modi se siente satisfecho, además, con la participación india en nuevos foros globales como el G-20 y los Brics.

Ante un Mnoal tan disminuido y en tiempos tan duros para el pueblo venezolano, la pregunta que cabe hacerse es por qué se ha decidido realizar una Cumbre en Porlamar, a un costo estimado de 150 millones de dólares -a los que debe sumarse los vuelos de Conviasa desde Nueva York con los que se intenta desesperadamente lograr mayor asistencia de mandatarios- cuando la racionalidad indica que no ha debido efectuarse. La respuesta es que estamos ante un acto de diplomacia de supervivencia. El gobierno venezolano pretende lograr cierto oxígeno mediante una foto y una declaración que le respalde, tratando de manipular las percepciones de los asistentes respecto a la aguda crisis interna y ocultar su aislamiento en el Hemisferio, cuya muestra más palpable ha sido su imposibilidad de presidir el Mercosur. Asimismo, resulta evidente que desea una suerte de póliza de seguros en caso de una eventual suspensión de la OEA por obstruir la celebración del Referéndum Revocatorio este año. Empero, 2016 no es 1962, ni Venezuela es Cuba, ni Maduro es Castro.

Desde Porlamar no saldrán soluciones novedosas a problemas globales ni el relanzamiento que requiere el Mnoal si no desea seguir bajando lentamente al sepulcro. 

El gobierno venezolano carece de las capacidades, el liderazgo y visión necesarios. Sólo trata de simular una victoria diplomática. Sin embargo, incluso esto le resultará esquivo ante la ausencia de líderes significativos. Todo muy lejos de esplendores pretéritos. ¿Y usted qué opina?

Kenneth Ramírez 
@kenopina

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