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Petróleo y elecciones en Brasil
El próximo 5 de octubre se celebra la primera vuelta de las elecciones de Brasil
Brasil. La cita viene marcada por una importante transformación del escenario electoral brasileño. A principios de 2013, se daba por descontada la reelección de la presidenta Dilma Rousseff; pero a partir de junio el país se sumió en una fuerte ola de protestas contra la corrupción, por mejores servicios públicos y contra el volumen de gastos para albergar la Copa Mundial de Fútbol de 2014. Esto, aunado a un deslucido desempeño de la selección brasileña, empañó una Copa que se suponía sería la vitrina global de los logros de los gobiernos Lula-Rousseff. A pesar de todo, el candidato del principal partido opositor Psdb, Aécio Neves, no despegaba en las encuestas. Empero, un accidente aéreo a mediados de agosto de 2014, llevó a la muerte al candidato del también partido opositor PSB, Eduardo Campos, ubicado en ese momento en tercer lugar. Así, Marina Silva volvió a acceder a una candidatura presidencial -quedó en tercer puesto en las elecciones de 2010-, y se posicionó rápidamente en el segundo lugar. Hoy por hoy, se da por sentado que Dilma y Marina se enfrentarán en ballotage (segunda vuelta) el 2 de noviembre, donde las encuestas muestran incluso un empate técnico.

En este contexto, se produjeron las explosivas declaraciones del Ex-Director de Refinación y Abastecimiento de la empresa petrolera nacional Petrobras, Paulo Roberto Costa, encarcelado en marzo pasado debido a una operación multimillonaria de lavado de dinero, quien señaló presuntos sobornos pagados desde Petrobras a más de 50 legisladores -en su mayoría del oficialista PT-, al Ministro de Energía, Edison Lobão, e incluso a cinco ex-gobernadores donde estaría incluido el finado Eduardo Campos; lo que ha tocado un nervio muy sensible en una población hastiada de la corrupción y que considera a la empresa petrolera un símbolo nacional desde que fue fundada por Getulio Vargas en 1953. Esto ha sido aprovechado por la oposición para señalar que Petrobras fue “asaltada por el PT”, el cual se ha visto envuelto en sus doce años en el poder, en varios casos de corrupción como el célebre caso mensalão en 2005.

Todo esto ha puesto en aprietos a la campaña electoral de Dilma. Cada vez que el PT sentía a un rival acercarse en una carrera electoral, utilizaba la bandera de la defensa de Petrobras como lo hizo Lula contra Geraldo Alckmin en 2006, a quien acusó de quererla privatizar. Lo mismo hizo Dilma contra José Serra en 2010, además de aprovechar el gran tirón mediático que tuvo la empresa con el descubrimiento de reservas en las áreas pre-sal -yacimientos ubicados a 320 kilómetros del litoral con una profundidad de 5 a 7 mil metros del lecho marino- en 2007 y la creación de un fondo para dedicar el grueso de las nuevas regalías a inversión en educación y salud. En esta ocasión, Dilma trató de aprovechar la poca claridad en el programa electoral de Marina respecto al petróleo, sus posiciones ambientalistas y una frase pronunciada en un debate respecto a que tendría otras prioridades más allá del petróleo -quiere dar un fuerte impulso a las energías renovables-, para pasar al ataque y señalar que la candidata del PSB quiere interrumpir el desarrollo de las áreas pre-sal debido a su sesgo ecologista, lo que implicaría atentar contra el desarrollo brasileño. Marina respondió que la verdadera amenaza al desarrollo de las áreas pre-sal es “la corrupción del PT”.

Por si todo esto fuera poco, ahora una auditoría del Tribunal de Cuentas -organismo auditor del Estado- ha señalado sobreprecios y sobornos en la construcción de la refinería de Pernambuco -en donde en principio se iban a asociar Petrobras y Pdvsa-, lo cual disparó los costos desde un estimado inicial de 2,5 millardos hasta 18,5 millardos de dólares. Además, se encuentra la denuncia realizada por el Ex-Presidente de Petrobras, José Sergio Gabrielli, de la responsabilidad de Dilma y la suya propia, en las pérdidas millonarias que supuso la compra de una refinería en EEUU (Pasadena, Texas) por Petrobras a partir de 2006. Petrobras pagó 1,19 millardos de dólares por el activo, que había sido comprado por la belga Astra Oil en 42,5 millones de dólares en 2005.

Todos estos escándalos, han llevado a Dilma a tratar de sacar a Petrobras del centro de la contienda. Ahora su campaña gira en torno al señalamiento de que todo cambio implica una amenaza a los logros alcanzados y en la presencia en actos electorales del popular Ex-Presidente Lula. No obstante, aunque esto ha logrado frenar el vertiginoso ascenso de Marina, no parece borrar el malestar con la corrupción y la desaceleración económica para dar una clara ventaja a Dilma.

Lo cierto es que la euforia de los inversionistas con Petrobras ha desaparecido debido a los escándalos, la sobre-estimación del potencial de reservas en pre-sal -se hablaba de un potencial de 50 millardos de barriles, pero sólo se han logrado certificar 14-, estancamiento de la producción por demoras en los complejos proyectos en aguas profundas -aunque ya la producción en pre-sal alcanzó 500 mil barriles diarios en 2014-, aumento de su nivel de deuda hasta 114 millardos de dólares -la empresa petrolera más endeudada del Mundo, justificado por su plan de inversiones como único operador en pre-sal por ley- y la intervención gubernamental -que le hace importar gasolina y venderla subsidiada ocasionando pérdidas por 30 millardos de dólares desde 2008. Incluso los pronósticos han sido corregidos, y se estima que Brasil podría elevar su producción desde 2 millones de barriles diarios (Mmb) en 2014 hasta 4,2 Mmb en 2020 -hace cinco años se hablaba de 5,3 Mmbd-, lo que le permitiría exportar 0,8 Mmb en esa fecha.

En realidad, a pesar de todo, el futuro de Petrobras aún luce promisorio; y muchas de las críticas que se hacen actualmente se deben a la vinculación entre petróleo y política en Brasil, y al desproporcionado optimismo de años anteriores.

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