diccionario de economía
 


Compartir en Facebook


|
Rusia y la Opep: una difícil coordinación
La diplomacia se esforzó en materializar una coordinación entre Rusia y Opep
Rusia enfrenta una nueva crisis asociada al mercado petrolero. En 1986, el desplome de los precios tras el abandono de Arabia Saudita de su rol como productor de equilibrio -swing producer- condujo a la caída de la Unión Soviética (URSS). El hundimiento de los precios debido a la Crisis Asiática y la guerra entre productores -entre ellos Venezuela y Arabia Saudita-, produjo una fuerte recesión económica y el impago de la deuda -el llamado “Efecto Vodka”- en 1998, lo cual llevó a renunciar a un enfermo Boris Yeltsin y trajo a un desconocido Vladimir Putin al poder. Posteriormente, Rusia se vio brevemente afectada por la corta caída de precios a raíz de la crisis financiera de 2008. Y, finalmente, la caída de los precios de este último año debido a la débil demanda petrolera y la guerra de jeques contra esquistos, aunado al efecto de las sanciones impuestas por el conflicto de Ucrania, han generado pérdidas de alrededor de 160 millardos de dólares, una dura recesión económica -el FMI estima una contracción del PIB de 3,8% en 2015 y 1,1% en 2016- y un escollo para las ambiciones globales de Putin.

La diplomacia petrolera venezolana se esforzó en los últimos meses en materializar una coordinación entre Rusia y la Opep para realizar recortes conjuntos y apuntalar los precios. Esto se tradujo en tres visitas del Presidente Maduro a Moscú, y cuatro del ministro de Petróleo, Asdrúbal Chávez, desde diciembre de 2014. Sin embargo, en lugar de recortes, la producción petrolera rusa ha aumentado en 200 mil barriles diarios (MBD) respecto a 2014, hasta alcanzar 10,7 millones de barriles diarios (MMBD) en junio de 2015 -récord de la era pos-soviética. Existen varias razones que explican esta posición de Rusia.

En primer lugar, el rol de las ideas. Cuando los precios empezaron a caer, la incertidumbre era creciente y Venezuela iniciaba contactos para eventuales recortes coordinados; el ministro de Energía ruso, Alexander Novak, contrató un estudio del centro de pensamiento -think tank- Instituto Skolkovo liderado por el experto Grigory Vygon. Dicho informe concluyó que la Opep no cooperaría debido a la posición saudita de expulsar del mercado a los productores menos eficientes; agregando que, si Rusia decidía recortar, Arabia Saudita y Libia tomarían su cuota de mercado en Europa. Además, esto agravaría los problemas presupuestarios de Rusia. Por ello, el ministro Novak y el presidente de Rosneft, Igor Sechin, optaron por no acordar recortes en una reunión a puerta cerrada en el Hotel Grand Hyatt de Viena, donde acudieron el excanciller Rafael Ramírez; el ministro saudita Alí Al-Naimi, y el ministro de Energía de México, Pedro Joaquín Coldwell, días antes de la 166° Reunión Ministerial de la Opep, el 25 de noviembre de 2014. 

En segundo lugar, la desconfianza entre Moscú y Riad. Putin considera que el finado Rey Fahd ayudó a Ronald Reagan a destruir la URSS inundando el mercado en 1986, y años después lanzó una guerra de precios para frenar la recuperación de su industria petrolera rusa ocasionando el “Efecto Vodka”. Tomando en cuenta estos antecedentes, Putin entendió que “hay un elemento político” en la caída de precios. Es decir, la posición saudita de no defender los precios también buscaba castigar a Rusia por apoyar a Irán y Assad en Siria, y ayudar a su aliado Barack Obama en el pulso con Putin por Ucrania. Por su parte, Riad considera que Moscú jamás ha colaborado con la Opep, e incluso cuando ha acordado hacer recortes conjuntos como en 1999 y 2008, realmente no los ha materializado y ha aprovechado para tomar la cuota de mercado del grupo. 

En tercer lugar, consideraciones técnicas y económicas. 85% de la producción proviene de campos maduros en zonas con un clima hostil. No resulta fácil para Rusia realizar recortes y luego recuperar producción. Por lo tanto, Moscú ha estimado conveniente dejar caer el rublo en 50%, disminuir los impuestos petroleros y aumentar la producción. Adicionalmente, de su participación en el 6° Seminario Internacional de la Opep realizado el 3 de junio de 2015, el ministro Novak extrajo un potente argumento: Los precios se han estabilizado en 60 $/Bl y se recuperarán en los próximos dos o tres años; ergo, Rusia tiene reservas financieras suficientes -398,9 millardos de dólares- para capear el temporal. 

No obstante, estos cálculos parecen estar minusvalorando algunos elementos. Los productores de esquistos de EEUU están siendo mucho más resistentes de lo esperado y algunos informes señalan que sin recortes los precios apenas se recuperarán desde el nivel actual para alcanzar los 75 $/Bl en 2025. Con precios deprimidos y sanciones, la industria petrolera rusa no va a ser capaz de repetir el “milagro de Siberia Occidental” que siguió a 1998. Se han agotado los campos baratos. Las reservas por explotar están en zonas remotas de Siberia Oriental, en aguas del Ártico, o son yacimientos de esquistos, que requieren tecnología que ha sido objeto de sanciones. Además, el clima de inversión se ha deteriorado con el arresto de Vladimir Yevtushenkov y la toma de su empresa Bashneft -sexto productor ruso con 320 MBD- en 2014, lo cual recordó el caso de Mikhail Khodorkovsky y la nacionalización de los activos de Yukos en 2004 -que consolidó a Rosneft como empresa petrolera nacional con 40% de la producción rusa. En consecuencia, la Agencia Internacional de Energía ha señalado una caída de producción de 560 MBD en 2020. Antes pronosticaba que alcanzaría 11 MMBD en 2019, cerca del récord de la URSS de 11,4 MMBD en 1988. 

Esta crisis debería estimular a Rusia a introducir reformas para disminuir su dependencia de los hidrocarburos -68% de sus ingresos por exportaciones-, cerrar el capítulo de Ucrania a través de los acuerdos de Minsk y coordinarse con la Opep para rescatar los precios del petróleo -siendo positiva la reciente visita del Príncipe heredero Mohamed bin Salman a San Petersburgo. ¿Y usted qué opina?

Otros artículos

10 años del Plan Siembra Petrolera

Agenda 2030: energía y Venezuela

Brasil en fase menguante

Brexit como “caja de Pandora”

Citgo a la luz de las nuevas realidades

Daño colateral: Venezuela y la guerra de Naimi

Debilidades de una propuesta

De diálogos, maniobras y realidades

Descifrando a Trump

Diálogos de Argel

Doble derrota en la Opep

Dos años del califato del terror

El acuerdo de Doha

El acuerdo de París

El acuerdo nuclear con Irán

El acuerdo provisional de Argel

El consejo de Lula

El desafío de las empresas petroleras transnacionales

El factor Irán

El fracaso de Doha

El frenazo de las arenas bituminosas de Canadá

El gambito petrolero saudita

El legado petrolero del Rey Abdullah

El regreso de la Opep

El revés de Evo

El trilema energético de China

Energía y petróleo en las primarias de EEUU

Esequibo: una nueva y delicada etapa

Geopolítica petrolera cambiante

Impacto petrolero del “nuevo” Canal de Suez

India: un elefante sediento de petróleo

Irak, otra vez: Intriga, petróleo y guerra

Israel-Hamás: La Guerra de los Siete Años

La batalla por Ucrania: Geopolítica y gas natural

La embestida guyanesa

La incógnita petrolera libia

La política energética de Trump

La "Visión Saudita 2030"

Los hermanos Castro y el arte de gobernar

Los No Alineados en Porlamar

Navegando cuesta abajo

Obama y Maduro en El Caribe

Opep, Unasur y Venezuela

Opep: un Fénix de 55 años

Petróleo en 2016: tocando fondo

Petróleo y elecciones en Brasil

Petróleo y Mercosur en las elecciones de Argentina

Petróleo y sucesión saudita

Putin, petróleo y el “efecto Pigmalión”

Quincuagésimo aniversario del Acuerdo de Ginebra

Reunión Opep: parte de guerra

Rusia y la Opep: una difícil coordinación

Shale 2.0

Todas las miradas puestas en Viena

Trump, petróleo y Venezuela

Unasur acéfala

Unidad nacional frente a Guyana

Venezuela en las elecciones de EEUU

Venezuela y el XXV aniversario del Mercosur

Yemen en clave petrolera