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diccionario de economía
 


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Lo que están diciendo las encuestas
La guerra de encuestas comenzó pronto. Todos esperaban los primeros sondeos de opinión con el fin de medir el inicio del año electoral y sus eventos de partida, a saber, la recaída de la salud del Presidente y el resultado de la elección primaria de la oposición.
Pues bien, ya sabemos cómo recibió la opinión pública este primer trimestre de 2012.

La sorpresa, puede que para todos, fue que la cosa no cambió mucho. El gobierno no esperaba que continuara la peligrosa estabilización de sus electores en torno a un piso de 44% y un techo de 53%, así como puede que la oposición no se esperaba que el electorado indeciso, semi-leal, no alineado o "ni-ni", no terminara de inclinarse a su favor. 

Cifras más, cifras menos, las condiciones que permitieron el triunfo ajustado de los partidos de la coalición no gubernamental en las elecciones para la Asamblea se mantienen.

Tenemos al menos cinco tipos de electores, cuyas preferencias se articulan de manera y por razones distintas por una u otra opción, lo cual complejiza el análisis de las encuestas e imposibilita dar por sentado el resultado de las elecciones, incluso si fueran este domingo. Esta situación de incertidumbre hace que algunos encuestólogos de renombre (porque se han acercado a los resultados finales, independientemente de quien pague la encuesta que hicieron) den cuenta de que estemos en presencia de un "empate técnico".

Antes de referirnos a los cinco tipos de votantes, segmentación que, a mi juicio, define el análisis y la proyección de lo que pueda pasar el próximo 7 de octubre, es evidente que las encuestas no solo son un instrumento de medición, sino que además forman parte de la propia campaña política. 

Esto lo entiende muy bien el sector gubernamental y por ello su práctica de invitar encuestadores (unos menos conocidos que otros, cuando no empresas de ex funcionarios del propio gobierno) a los programas de opinión de las estaciones estatales, para que estos expongan la ventaja de la que goza el gobierno en los sondeos realizados.

Cuando encuestadores y analistas presentan los resultado de modo interesado, es decir halando hacia el lado que se pretende promocionar, obviamente muestran el lado más favorable de sus cifras. ¿Mienten? Quizás en muchos casos el calificativo es un poco fuerte, digamos que exageran los puntos fuertes, con la intención de dar un resultado que no es definitivo a como si en verdad lo fuera. 

Por lo tanto, se trata más bien de una argumentación falaz, porque ignora deliberadamente los puntos fuertes del contrario.

Así por ejemplo en el caso de los comentaristas u analistas pro-gubernamentales estos se basan en el dato cierto, según el cual, aquellos que dicen que van a votar a favor del Presidente son más, que los que (hasta ahora) manifiestan que van a votar por el candidato de la oposición. Esto se debe a que el miedo esta jugando un papel que enrarece la lectura de las encuestas.

Por ejemplo, en la encuesta realizada por Datanálisis en marzo pasado, la cual le da al gobierno una ventaja de 13 puntos al registrar una intención manifiesta de 44% a favor del Presidente y 31% a favor de Henrique Capriles, se puede decir que el Presidente va ganando. Esto es cierto, pero también lo es que un crucial 25% no da a conocer su preferencia argumentando indecisión o duda.

El 25% de indecisos no es despreciable, ni puede asumirse que este se distribuye de forma similar a como lo hacen los decididos. De allí la importancia de pasearnos por los cinco tipos de votantes de los que parece estar hablando las encuestas.

1 Pro-gobierno duros: representan 12% del total del electorado y están conformados por ciudadanos que vienen de una militancia política radical, alimentada por minorías extremistas recientes, y que pueden calificarse como aquellos cuya adhesión al proceso es claramente ideológica.

2 Pro-gobierno moderados: son la mayoría del apoyo gubernamental. Podrían ser hasta 30% de todo el electorado y está conformado por una amalgama de razones políticas que van desde el clientelismo, pasando por la dependencia económica o cultural, hasta aquellos que se reconocen como víctimas de los gobiernos anteriores, con razón o sin ella, eso no importa.

3 Semi-leales pro-gubernamentales: se trata de individuos que se consideran maltratados por la lógica del mercado o temen a competir por saberse o creerse (nuevamente ello no importa) débiles frente a los demás. Para estos, la necesidad de protección es importante y el gobierno se las ofrece, aunque no con la eficiencia que desearían. Las víctimas del mercado serían 11% del electorado. Tienden a abstenerse cuando el gobierno muestra su cara más radical, dado que le resulta difícil votar por la oposición. Probablemente su no asistencia a las urnas le ha conferido las derrotas electorales al gobierno, a escala nacional o regional, y lo sabe.

4 Semi-leales pro-oposición: para este grupo el descontento con el gobierno es manifiesto. Rechaza el discurso confrontacional y violento. Temen la incertidumbre frente al cambio, pero cada vez le temen más al radicalismo gubernamental. Como el anterior, este grupo o bien tiende a votar a favor de la oposición, si la oferta lo cautiva, o de lo contrario se abstiene. Este grupo de descontentos con el gobierno es de 17%.

5 Opositores moderados o duros: por la relativa poca importancia de la oposición radical, 30% restante puede calificarse como un sólo grupo que esta a favor de un cambio democrático y constituye el piso de la candidatura de Capriles.

Con esta tipología y estos tamaños resulta comprensible que las encuestas den para tantos resultados como analistas los lean. Si usted quiere poner a ganar al gobierno ignore a los semi-leales (ni-ni) y quédese con los "votos duros" y le darán los resultados de la prensa oficial. Por el contrario, adicione los indecisos según su tendencia (pro unos u otros) y le dará un resultado muy parejo, el cual con el margen de error correspondiente estará en presencia del famoso empate técnico.

Cada lector puede hacer sus propias apuestas según la hipótesis que utilice de abstención. Incluso, podría darle un margen relativamente holgado a favor de la oposición si considera que los semi-leales del gobierno se abstendrán en su mayoría. Pero todas esas cuentas se las dejamos a los interesados que gustan de manejar escenarios y probabilidades.

Lo cierto es que las encuestas están mostrando una realidad, a tiempos interesada según quién la exponga que, en modo alguno, se compadece con la sorna de triunfalismo que busca la desmoralización de un contrario que, por ahora, luce con más que chance para imponerse en las elecciones presidenciales.

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