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diccionario de economía
 


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Gasto público
El gasto público, es un indicador elemental para la evaluación de la administración, gestión y dirección de las políticas públicas de una nación.
En el caso de Venezuela, es necesaria examinar la incidencia y trayectoria de éste indicador, debido a que en los últimos años ha alcanzado niveles máximos en su historia fiscal.

La tradición venezolana indica que gran porción del gasto público proviene del ingreso fiscal petrolero, y éste a su vez se destina a cubrir en su mayoría al gasto corriente (sueldos y salarios, subsidios y transferencias, pagos de interés, entre otros), acentuándose esa práctica hoy (ver leyes de presupuesto fiscal últimos años). 

Para nadie es un secreto que es terriblemente penoso, emplear el ingreso petrolero para financiar gasto corriente, porque se estaría incurriendo en una utilización no reproductiva de estos ingresos, y de igual modo, se estaría desaprovechando la renta económica de la explotación de un recurso no renovable para dedicarlos correctamente a impulsar la diversificación productiva, lograr reducir la pobreza, alcanzar una mejor redistribución del ingreso y favorecer un crecimiento sostenible e inclusivo.

En los últimos años, la propensión al gasto se ha incrementado exponencialmente, sin embargo (dolorosamente) éste no se ha orientado a la ampliación de nuestras capacidades económicas productivas, creación de fuentes de empleo en nuevas industrias dirigidas a la exportación, acrecentamiento de la infraestructura (salvo excepciones) y al desarrollo productivo e innovación tecnológica (ver Informe Panorama Social, Cepal). 

Esta propensión al gasto desaforada, que la economía no puede absorber por su desmesura, sólo ocasiona irremediablemente aumento de liquidez y presión a los precios.

Es importante visualizar el comportamiento del gasto público en nuestro país, porque actualmente es uno de los soportes del crecimiento económico que reporta las estadísticas del BCV, y si éste dejara de fluir (por condiciones internas y externas) en magnitudes sustanciales, inevitablemente el crecimiento económico sufriría de igual forma un reajuste o retroceso. 

Es evidente nuestra vulnerabilidad si continuamos considerando la aplicación del gasto público como venerable y único factor de crecimiento.

El desafío apremiante de décadas es transformar el gasto público en inversiones productivas, emplearlo con respeto a las normas y reglas fiscales, optimizar la calidad del mismo, aplicar la eficiencia y eficacia en la gestión de estos recursos, acatar el mandato de la Constitución en su artículo 311, para no incurrir año tras año (a pesar de observarse una bonanza petrolera y recaudación tributaria notable) en el reprobable déficit fiscal.

¿Ardua tarea? No lo dudo. Pero echemos un vistazo a las bondades que ha generado la disciplina fiscal en los países nórdicos, para convencernos definitivamente que vale la pena el esfuerzo.

oscar_0708@hotmail.com