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Líderes resilientes
En una investigación realizada este año por la Dra. Carmelina Lawton Smith, profesora de la Oxford Brookes University, se abordó la resiliencia desde la narrativa integrada de los líderes
En una investigación realizada este año por la Dra. Carmelina Lawton Smith, profesora de la Oxford Brookes University, se abordó la resiliencia desde la narrativa integrada de los líderes. Los resultados van más allá de las definiciones convencionales para mostrarnos tres áreas clave que se complementan e integran en la experiencia.

La primera indica que la resiliencia es algo más que una capacidad para rebotar ante situaciones adversas. Los testimonios indican que un líder resiliente es alguien que sigue levantándose, tratando de seguir peleando, cuando está noqueado. Alguien que es persistente en la consecución de sus objetivos, aunque tenga que enfrentarse a la adversidad. Alguien que no se echa atrás, aunque caiga una y mil veces. Se cae, se levanta y sigue adelante. En esta primera dimensión los líderes describieron la importancia de reaccionar "positivamente" a los desafíos o acontecimientos inesperados, tratando de asumir que toda experiencia, incluso las más rudas forman parte de los “procesos de aprendizaje” que pueden y deben ser aprovechados por quienes los experimentan. En eso consiste la flexibilidad, en un punto de vista sobre la propia vida cuyo saldo es la resistencia. En estos casos el pasado permite su replanteamiento y la creación de nuevos significados sobre experiencias que en cualquier otro caso hubieran pasado por ser irrelevantes. Pero no solo eso, hacia el futuro permite tomar el control y avanzar.

La segunda demuestra un uso del lenguaje metafórico y analógico que consistentemente hace referencia a términos asociados al imaginario “recurso renovable” tales como "energía", "reservas", “combustible” y “batería”. En este caso la resiliencia es comparada con un vehículo de alto rendimiento que necesita mantenimiento periódico y períodos de reposo. Líderes entrevistados describieron en que períodos de cambios drásticos que se mantienen por demasiado tiempo son tan exigentes que pueden llegar a desgastar su capacidad para afrontarlos. No es que no tengan las habilidades, sino que les falta energía para resistir tanta turbulencia. Cuando eso ocurre, los afectados prefieren retirarse y experimentar un período de desconexión del trabajo, de los demás y de las emociones involucradas. Esta conducta no es otra cosa que un mecanismo de supervivencia para proteger al individuo y facilitar el tiempo de recuperación que se necesita.

La tercera dimensión clave son los valores del individuo. Los líderes sienten que se pueden encarar mejor las dificultades y desafíos en una cultura y con unos valores donde se privilegie respuestas positivas y constructivas. Supone tener frente a cualquier evento una perspectiva pedagógica que ayude a la gente a crecer. En caso contrario, cuando el ambiente es fatalista las tensiones se van acumulando y la gente va perdiendo ánimo. Las organizaciones tienen que mantenerse alertas para procesar la turbulencia sin perder el optimismo. Deben sacar moralejas de todas las situaciones, dar razones y mantener el espíritu de lucha sin dejar de lado los principios en los que se creen.

La raíz de la resiliencia está en los valores y principios personales. Muchas de las actitudes y habilidades requeridas para enfrentar productivamente los desafíos, eventos inesperados y presiones de trabajo están presentes en la ética de las personas. Por eso mismo los problemas más difíciles de resolver son aquellos que exigen una reevaluación fundamental de las creencias y valores. Cuando eso ocurre los líderes experimentan presiones que son incapaces de resolver mediante las técnicas y enfoques convencionales. Bajo estas circunstancias la resiliencia puede resquebrajarse.

Lo interesante de la investigación es que muestra la resiliencia como algo más que una receta teórica. Es, por el contrario, fortaleza, actitud, valores y la presencia o no de un entorno que te dé las señales apropiadas para que intentes superarlo. El pasado es una referencia, la ética es un ancla, y el poder visualizar el futuro es un aliciente. Saber cuidarse, poder replegarse hasta recuperar la fuerza, y tener la posibilidad de procesar positivamente la circunstancia adversa terminan acumulando anticuerpos contra el quiebre. En suma, ligeros de equipaje y sabiendo que todo pasa, incluso los peores momentos.

Víctor Maldonado
@vjmc


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