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Abilio Torres: Fue un trabajo muy orgánico, muy natural

Lleva la batuta actoral del monólogo Las Trenzas: o sobre la ausencia

Emen.- “Mi aporte a la obra estuvo en mi imaginario en cada uno de los ensayos y no vi la necesidad de cambiar nada, sobre todo porque mi idea es seguir una línea. Y mi opinión cuando leí por primera vez el texto es que no entendí nada (risas)”, señaló sin pena Abilio Torres, quien se transforma en un ser contradictorio en Las Trenzas: o sobre la ausencia, texto original de Daniel Dannery, quien también la dirige.

Luego de su exitosa temporada en el el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, estará desde el 28 de abril y hasta el domingo seis de mayo, sábados y domingos a las once de la mañana en el el Gapón 17 del Centro Cultural Los Galpones en Caracas.

El joven actor Abilio Torres participó el año pasado en el montaje “1984”. Es egresado de la agrupación Rajatabla, y ha estado a la orden de directores como Orlando Arocha, Elvis Chaveinte y Moíses Rivas: “Decidí navegar en esa mar de leva y dejar conducirme. Este proceso fue muy humilde porque podía preguntarle a Daniel cuantas veces me daba la gana, quien gustosamente me daba su opinión acerca de ciertas ideas en ciertas frases y universos que pueden haber en la obra”.

Fue sincero al señalar: “Fue un trabajo muy orgánico, muy natural. Esta obra es un juego, un juego, no hay que tomarla muy en serio. Lo importante es que habla de nosotros como personas”.

El director Dannery viene de ganar la edición XIX de Premio Marco Antonio Ettedgui, creado en 1990 para reconocer, distinguir y estimular el trabajo escénico de los jóvenes creadores menores de 35 años en el país; y que la Fundación Rajatabla desde hace casi tres décadas entrega.

La pieza narra el viaje emocional del propio Dannery, sufrido a partir de la muerte del padre. La ausensia generada a través de ese desprendimiento físico, sumerge al personaje en un delirio, un viaje mental que recapítula su vida a través de la angustia, donde al parecer los deseos han culminado y, solo queda un gran vacío que parece cercar la necesidad de seguir perteneciendo. En clave de terror, de sueño “pesadillezco”, la pieza abre la ventana al director para hablar sobre asuntos muy personales. Entradas a la venta antes de comenzar cada función, a 50 mil estudiantes y cien mil público en general.

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