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Ser foodie en un mundo global
Más que un gourmet, que simplemente quiere comer lo mejor, solo pretendo comunicar, tanto lo mejor como lo común; esa será mi intención en esta página

Soy un amateurs  que me dejo llevar  por mi entusiasmo gastronómico
Soy un amateurs que me dejo llevar por mi entusiasmo gastronómico (Créditos: Archivo)

21-09-2016 02:10:35 p.m. | Aquilino José Mata .-
A partir de hoy, estaré todos los miércoles en esta página sobre el mundo de la gastronomía, que tanto me maravilla. Y lo haré, no desde la mirada de un experto gourmet, porque no lo soy, sino a través de lo que hace ya bastante tiempo se ha acuñado con la denominación, de origen británico, de foodie, con la cual me siento totalmente identificado.

Como bien lo destaca la Wikipedia, usualmente atinada a la hora de resumir conceptos, “los gourmets simplemente quieren comer la mejor comida, mientras que los foodies desean aprender todo lo posible acerca de ella, tanto lo mejor como lo común, así como de la ciencia, industria y personajes que la rodean”.

Y añade algo que alude a lo que será el objetivo que me propongo en este espacio, que abordo con la humildad de quien se dispone a continuar aprendiendo entusiastamente, a medida que lo vaya desarrollando para ustedes, estimados lectores, razón de ser de este encuentro semanal: “La principal característica de un foodie es que no se deja llevar simplemente por los ‘restaurantes premiados’ o los más elegantes, sino por los lugares que tienen la calidad e innovación como primer objetivo”. 

Pero no solamente esto, sino también, para mí, lo más importante: “Los típicos intereses y actividades de los foodies incluyen la industria de la comida”, abarcando las degustaciones de platos y bebidas, inauguraciones y, por supuesto, cierres de restaurantes, sus causas y motivaciones; las modas gastronómicas, las noticias que mueven el sector, sus nuevos productos, industriales o artesanales; esos rincones poco conocidos que por ser secretos bien guardados merece la pena destacar; o por lo contrario, aquellos magnificados por hábiles campañas publicitarias y, sobre todo, de relaciones públicas, que son todo lo contrario a lo que pretenden, o dicen ser; sin pasar por alto las tendencias culinarias que llegan de otros lares, etc.

Un estilo de vida

La palabra fue creada en 1984 por el periodista británico Paul Levy, junto con Anna Barr y Mat Sloan, para su libro The Official Foodie Handbook. Para Levy, “hay una actitud estética hacia lo que un foodie cocina y come, no utilizan expresiones como ‘comida de alto standing’ o ‘ comida como experiencia’. Para ellos, utilizar dichas palabras frente a alguien es símbolo de pedantería y mala educación. Los foodies reales tienen tan buen sentido del humor como gusto por la comida. Identifican nuevos e insospechados lugares y restaurantes -uno de sus juegos favoritos- y siempre comen aquello que se adapta a su presupuesto y circunstancias”. Nada más y nada menos.

Ser foodie, por lo tanto, va más allá de estar incluido en una simple tribu urbana o en una nueva tendencia gastronómica. Esta figura hace de su propia pasión un estilo de vida, cuyos ingredientes indispensables son experimentar y reinventar. Este movimiento propició, durante los años 80 y 90, la aparición del canal estadounidense Food Network y de programas especializados en comida como Iron Chef, de la televisión japonesa Fuji TV, así como un renacimiento de libros de cocina, revistas especializadas como Cook’s Illustrated, un aumento de la popularidad de mercados y tiendas de conocedores, páginas web como la de la guía estadounidense Zagat, y blogs como foodieworld.

Apasionante aventura

Es decir, que estoy lejos de ser un sibarita; léase, “una persona de gustos refinados e inclinada al lujo”, por lo menos en cuanto a comida y asuntos colaterales se refiere. En este sentido, estoy más identificado con los mortales comunes y silvestres. Soy un amateur que simplemente me dejo llevar por mi entusiasmo gastronómico. Esa será la línea de acción de esta página, que a partir de hoy, y todos los miércoles, servirá de vehículo de comunicación con los amables lectores que comparten la misma afición por el buen comer y beber. Esta declaración de intenciones no pretende más que entusiasmarlos hacia lo que, por lo menos esa es mi intención, será una apasionante aventura.

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