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diccionario de economía
 

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Análisis | Su bolsillo y la nueva Ley de Costos y Precios Justos
Para comenzar, un análisis juicioso acerca de esta novísima ley. Veamos cuáles son las razones que la traen a la palestra. En su exposición de motivos, se señala: "Las prácticas especulativas producen niveles de inflación exacerbados, que terminan erosionando no solo el poder adquisitivo de la población, sino el potencial de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) y el comercio minorista, impide el desarrollo económico de alternativas productivas y de mayor número de iniciativas empresariales.

Análisis | Su bolsillo y la nueva Ley de Costos y Precios Justos
La inflación no es producto de la especulación como algunos quieren hacer creer (Creditos: Archivo)

29/09/2011 05:02:11 p.m.|Boris Ackerman Vaisman.- “La existencia de precios altos en el mercado de insumos y en los servicios, reduce la rentabilidad mínima necesaria y resta capacidad para financiar nuevas inversiones". Esta presentación de motivos nos deja varias dudas, a saber: ¿Es la inflación una consecuencia de la especulación? Según el "brillante" razonamiento de la ley, hasta la década pasada, Perú, Argentina y Brasil debían haber sido países con niveles de especulación gigantescos por tener inflaciones de más de 10% mensual y seguramente controlaron su inflación gracias a alguna modalidad de mutación genética en sus empresarios y comerciantes "especuladores".

Milagrosamente, en esos países hermanos, se redujo la inflación a niveles nulos o mínimos. ¿Será que repentinamente los "pillos" dejaron de ser especuladores por efecto de alguna repentina modificación en su ADN? Lamentamos decirle que eso es imposible y que más bien las inflaciones en dichos países cedieron gracias a profundos cambios en sus políticas monetarias y fiscales. Amigos, la inflación no es producto de la especulación como algunos personajes inefables quieren hacer creer.

¿Pretende la ley proteger a las pequeñas y medianas empresas y al comercio minorista? De ser cierto, las labores de supervisión ejecutadas por la nueva Superintendencia de Costos y Precios se limitarían a controlar a las grandes empresas y a los monopolios, sin embargo, la supervisión llegará no solamente a las Pymes, sino hasta las personas naturales a las cuales se les obliga a registrarse y a solicitar regulaciones en sus precios y, claro está, hasta las personas naturales estarán sometidas a considerables penalidades, en caso de fijar precios en forma unilateral o de cobrar más que lo debido, vaya forma de protegerlas.

Por último, y no menos importante: ¿la existencia de precios altos en el mercado de insumos y en los servicios reduce la rentabilidad mínima necesaria y resta capacidad para financiar nuevas inversiones? Es decir, hay que hacer que las empresas vendan barato y con eso aumentarán su rentabilidad y con esa ganancia harán nuevas inversiones. 

La gran pregunta es ¿si no hay margen de utilidad, o si se lleva ese margen a un mínimo, de dónde va a salir la tan esperada rentabilidad que supuestamente conducirá a las nuevas inversiones?

Los consumidores y la ley

Ahora analicemos el beneficio o perjuicio de la ley desde el punto de vista del consumidor, y para eso, plantearemos dos posibles escenarios respecto a los niveles de regulación de precios.

1.- El precio de un bien se regula por debajo de su valor de mercado en libre competencia:
Para este escenario, los consumidores tenderán a demandar más productos de los que demandarían en condiciones normales, y eso no es del todo malo, lo malo es que probablemente los productores tenderán a vender menos cantidad que en condiciones normales. ¿Por qué? Porque simplemente para algunos comerciantes o fabricantes, la reducción de precios los hará desistir de continuar en el mercado (con la consecuente pérdida de fuentes de trabajo y el empobrecimiento de muchos), es así como habrá más demanda y menos oferta, o demanda insatisfecha.

¿Y qué pasa con la demanda que no se satisface? Sencillamente la demanda insatisfecha será suplida por el mercado negro, surgirán nuevos intermediarios que tendrán acceso a los bienes y servicios y los terminarán vendiendo más caros por vías informales. Eso ya se observa en mercancías como el azúcar y la leche en polvo. Dichos rubros no se consiguen en los supermercados o abastos, pero se venden a nivel de buhoneros a precios excesivos y quien termina pagando los platos rotos es el consumidor, que en realidad se hace mucho más pobre gracias a las regulaciones. El crimen organizado entonces se enriquece de manera espectacular, tal y como ocurrió en la finada Unión Soviética, en donde las mafias terminaron por apoderarse del país.

2.- Los precios se regulan por encima del valor de mercado.
Si ocurre eso, habrá abundancia de los bienes objeto de este tipo de regulaciones, lo malo es que los consumidores al tener el precio de referencia más alto, estarán probablemente mentalizados a pagar más caro, beneficiando a unos cuantos comerciantes más allá de lo que sería su ganancia en condiciones normales. Y claro está, concentrando cada vez más la distribución de la riqueza en pocas manos.

¿Y qué hacer? La respuesta es sencilla, estar bien informado y si siente que algún bien podría estar escaso porque se regula por debajo de su valor de mercado, cómprelo en cantidades equivalentes a las que necesitará por un período más o menos largo de tiempo. Así les restará oportunidades de enriquecimiento a los ladrones del mercado informal. Por otra parte, le tocará defenderse de los productos vendidos por encima del precio de mercado, la recomendación es comparar los precios de productos en existencia con los precios internacionales de estos y si los ve más caros, absténgase de consumirlos. Nuestra recomendación es la de formar grupos de consumidores y la de ejecutar boicots en los casos que lo ameriten.

Sobre la capacidad de la autoridad y de la ley para defender al consumidor, los antecedentes que conocemos en los casos de productos regulados nos indican que los resultados serán de mayor escasez, mercados negros y precios especulativos, de ahí que la respuesta de la ciudadanía a la nueva ley debe ser la de: "No me defiendas compadre".
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