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Crisis eléctrica y crisis de gestión

En síntesis, la tragedia del sector eléctrico, al igual que acontece con la industria petrolera nacional, responde no a la manida excusa de sabotajes, sino a una profunda crisis de gestión e  ineficiencia operativa

Emen.- La calidad de vida es componente fundamental del desarrollo humano sustentable, concepto  formulado en 1987, en el llamado Informe Brundtland elaborado para la ONU, bajo la coordinación de la ex Primer Ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland. Según ese criterio se entiende que el desarrollo debe ser capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer las posibilidades de que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas. Se señala que el propósito del desarrollo no debe ser solo tener más bienes, sino lograr mejor calidad de vida, lo cual incluye buena educación, justicia confiable para todos, seguridad personal, paz y equidad social y buenos servicios públicos, entre los cuales el servicio eléctrico, como soporte del quehacer cotidiano, desempeña un papel fundamental para asegurar la calidad de vida.

Y es que sin un servicio confiable de electricidad, no solo no se puede aprovechar a cabalidad el goce de bienes producto de la revolución tecnológica sino, lo que es más importante, se afectan procesos industriales básicos, actividades comerciales, el suministro adecuado de agua potable y la conservación de alimentos perecederos. Y es este el riesgo que amenaza a la sociedad venezolana por las continuas fallas del suministro del servicio eléctrico. En efecto el servicio eléctrico de nuestro país, en todas las etapas del sistema, incluyendo producción y generación de electricidad, trasmisión y distribución y comercialización y servicio al cliente presenta numerosas fallas que se expresan en frecuentes y prolongados cortes y apagones con graves consecuencias para la industria, el comercio y, especialmente para la ciudadanía en general, y con poca capacidad de respuesta para resolver las fallas.

En el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Metropolitana (CELAUP) promovemos una serie de foros y conferencias, con apoyo de COENER para analizar aspectos resaltantes de la crisis nacional y formular posibles soluciones. Como resultado de esas actividades señalamos en artículo anterior las circunstancias que revelan el casi  colapso de PDVSA. En esta entrega queremos resaltar aspectos reveladores de la profunda crisis que impera en el servicio eléctrico nacional, en base a al foro que promovimos con la participación del ingeniero Miguel Lara de gran experiencia en el sector y miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y el Hábitat.  Se señala que el crecimiento de la demanda de energía eléctrica se ha desacelerado durante las dos décadas del presente régimen, producto del racionamiento a las industrias de Guayana -que también tienen marcadas fallas operativas- y es igualmente un reflejo de la crisis de la actividad económica interna por lo que la demanda industrial que en 2013 representaba 33% de la demanda eléctrica total, en la actualidad es de solo el 22%. Igual sucede con la demanda comercial que ha caído de 14% en 2013 a 8% en la actualidad. En general el estancamiento de la actividad económica del país se refleja al constatar que la demanda eléctrica total ha caído a niveles de la demanda para el 2004.

Los planes de generación se paralizaron entre 1999 y 2000 y ya para el 2006, a pesar de su caída,  la demanda máxima había superado la capacidad de generación disponible, ocasionando un déficit que explica, en gran medida las frecuentes fallas de suministro del servicio eléctrico. Las fallas en el sistema de trasmisión y distribución son notorias por ineficiente mantenimiento de la infraestructura y la proliferación de conexiones ilegales. Más del 75% de los transformadores de distribución y circuitos de alimentación están operando con sobre carga, lo que causa los frecuentes cortes en el servicio. No hay mantenimiento predictivo, ni inventario actualizado de partes y piezas de repuesto. La atención a las fallas se dificulta por la falta de herramientas y medios de transporte y porque los talleres de reparación carecen de condiciones operativas, ello explica las deficiencias en el alumbrado eléctrico público y en la atención a los reclamos de los usuarios. La comercialización y atención al usuario revela la misma caótica situación, con una cobranza efectiva inferior al 70% del servicio facturado –los organismos públicos son morosos o no pagan el servicio-. Las  conexiones ilegales superan el 40% de la energía generada. Todo lo cual, aunado a la opacidad y corrupción en el manejo de los recursos, explica la precaria situación financiera y pesada carga de pasivos del sector.

En síntesis, la tragedia del sector eléctrico, al igual que acontece con la industria petrolera nacional, responde no a la manida excusa de sabotajes, sino a una profunda crisis de gestión e  ineficiencia operativa .Todo ello consecuencia de un capital humano desmotivado y una  excesiva e inexperta burocracia, incapaz  de ofrecer eficientemente un servicio público fundamental para asegurar la calidad de vida del venezolano.

 

José Ignacio Moreno León

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