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Caída de firmas de lutitas no implica baja de sobreoferta
Empresas que operan este tipo de crudo están cerrando

Empresas del sector están en procesos de cierre
Empresas del sector están en procesos de cierre (Créditos: Reuters)

06-04-2015 01:03:19 p.m. | Erika Hidalgo López.-
Que las empresas operadoras de los campos de crudo de lutitas o shale oil estén haciendo reingeniería financiera, desacelerando operaciones o posponiendo proyectos, o incluso bajando la santamaría, no garantiza la reducción de la sobreoferta existente en el mercado de ese tipo de crudo no convencional, indicó el analista y docente del sector petrolero, Carlos Ramón Mendoza Potellá.

A juicio del especialista, las compañías pequeñas y medianas que operan campos de lutitas, que están cerrando y que son absorbidas por las más grandes, “son los actores débiles que pagan los platos rotos de las contiendas propias del capitalismo”.

Sin embargo, este daño colateral no va a significar para el experto el fin de la producción de lutitas o shale oil, sino que sostiene que se trata de un reacomodo típico del neoliberalismo, donde las empresas menos rentables van a colapsar  y van a ser absorbidas por las empresas con más aliento financiero que mantendrán esos desarrollos en pie. 

“Todas esas noticias que han estado saliendo de quiebras, de empresas que ya no pueden pagar sus deudas, y todo ese tipo de cosas, forma parte del día a día del capitalismo, que así funciona y que así se mueve”, precisó.

Mendoza Potallá destacó que en los últimos meses la capitalización de las 20 mayores empresas explotadoras de lutitas (o mal conocidas como esquistos) ha descendido de manera significativa.  Pese a este panorama, el docente es de la opinión que la sobreoferta de crudo en el mercado se mantendrá este año cercana a los 2 millones de barriles por día o más, según han calculado organismos energéticos internacionales.

Recuerda que Irán prepara la artillería para lanzar al mercado “millones de barriles que tiene depositados en tanqueros, sin necesidad de arrancar la producción para comenzar a inundarlo, una vez que las negociaciones nucleares lleguen a buen término según se vaticina”.

Las misma Arabia Saudita, que nueve sus propias pieza en el juego energético, para mantener sus espacios de mercado, ha elevado sus suministros en los últimos meses hasta 10 millones de barriles por día, y ha vendido crudo a descuento a los Estados Unidos, alimentando la tendencia bajista del valor del petróleo.

Inclusive, Mendoza Potellá, indica que las grandes corporaciones están jugando al “contango”, acopiando inventarios y pagando el costo de esas reservas que han adquirido a $40, pensando que a mediados o finales de este año el valor del hidrocarburo esté entre $60 o $70. 

Según datos del departamento de Administración de Energía de los Estados Unidos (EIA por sus siglas en inglés), las reservas en esa nación se encuentran en niveles históricos:  para el 20 de marzo las reservas físicas giraban en torno a 466,7 millones de barriles.

El docente comenta que tras los bajos precios, la construcción o acumulación de stocks están en su nivel máximo a escala mundial, y que los Estados Unidos, en particular, mantiene en los actuales momentos un volumen máximo de hace 80 años.

Como la bola de nieve

Desde que las cotizaciones del crudo iniciaron su carrera descendente, en julio del año pasado, todas las empresas del sector petrolero comenzaron a echar números y a cuantificar las posibilidades financieras reales de sus operaciones, tanto de crudo convencional como no convencional.

Titulares de prensa daban fe, a principios de noviembre de 2014 y enero de este año, de que muchas de las más grandes firmas de servicios petroleros, como Halliburton, Weatherford, Baker Hugues, Schlumberger, entre otras se vieron en la necesidad de recortar las plantillas en 30.000 puestos de trabajo. 

La cifra se estima mucho mayor para estos momentos, cuando las propias transnacionales petroleras de crudos convencionales, también han debido reducir sus costos y sus planes.

Aunque Carlos Mendoza Potellá estima que el volumen de suministro a escala mundial no descenderá al menos por ahora, reconoce que ha habido descenso en perforación de pozos, y la desaceleración de proyectos como los del Presal en Brasil, las arenas bituminosas de Athabasca en Canadá, las aguas profundas en Angola, los crudos ácidos de Kasajastán e, inclusive, en la Faja Petrolífera del Orinoco.

“En la Faja del Orinoco, estoy casi convencido de que además de problemas financieros, hay problemas con los socios que no están dispuestos a incorporarse a una producción muy costosa que no le va a dar los beneficios que ellos quieren. Aunque nuestra producción aguanta hasta $40 y $30 por barril. El costo de la Faja no llega a $20”, indicó.

Por el lado de las lutitas, se tiene que la producción de los principales campos de rápido crecimiento en Estados Unidos, caería en abril por primera vez desde 2013, dijo la EIA en uno de sus más recientes informes.

De acuerdo con un reporte de Reuters, el bombeo de Bakken y Dakota del Norte bajará en 8.000 barriles de petróleo por día (bpd) a 1,32 millones de bpd en abril frente a marzo, la primera caída en la producción desde diciembre de 2013. Mientras, la producción en el campo Eagle Ford del sur de Texas retrocedería 10.000 bpd a 1,72 millones de bpd en abril, su primera baja desde octubre de 2013, según la EIA.

Entre dos aguas

El mundo petrolero pareciera caminar en dos direcciones, apuntaladas, coherente o incoherentemente, por los mismos factores o actores. La primera dirección intenta desplomar precios para sacar del mercado los volúmenes de crudo de lutitas estadounidenses  que, en 7 años, agregaron al mercado 4 millones de bpd, y que han desplazado en esa nación importaciones de destinos tradicionales que han debido buscar nuevos clientes para su excedente de producción.  Lo que sin embargo está claro, es que no solo las lutitas están sintiendo los avatares del desplome de los precios del crudo, sino que todos los proyectos petroleros están llegando a los trastes. 

La otra dirección apunta a que cada quien se cubra hasta donde le alcance la cobija para jugar el juego volumétrico que los saudíes están protagonizando en la escena, y que no garantiza, en lo absoluto, que el valor del hidrocarburo se recupere o estabilice.  

Para Mendoza Potellá, los excedentes de crudo serán parte del panorama petrolero, y considera que no hay posibilidades de que se llegue a acuerdos para reducir producción, toda vez que la idea es competir por la tajada del mercado. A su juicio,  todos los productores van a mantener sus bombeos, o si es posible los elevarán. “Todos están en eso, no están viendo precios, no importa a lo que llegue y esa es la realidad”.

Aunque el especialista no es dado a vaticinar cotizaciones, porque para él, “pronosticar precios en este mercado es tarea de locos”, indica con cierta reticencia ante la insistencia periodística, que para este año podría promediar cerca de $55 el barril. Sustenta que se trata de múltiples fuerzas que determinan diferentes elementos.  “No se trata de un simple juego de oferta y demanda e inventarios o riesgos geopolíticos, sino que es una composición de todo eso junto y depende de muchas variables, que no está claro cómo se comportarán”.

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